“Sólo están ahí resistiendo, esperando que el sufrimiento acabe para volver a ser las mismas de siempre y volver a alegrar a todos con su presencia"





LAS TUMBERGIAS MORADAS

 

María José Leal Pérez


En mi camino a la universidad, paso por un puente amarillo

Tan amarillo como los dientes de la gente que no se lava los dientes

ese puente está al lado de un baldío

ese baldío está lleno de plantas

entre esas plantas está una enredadera

y en esa enredadera crecen unas tumbergias moradas que están bien atadas al puente

Cada día por la mañana que subo el puente al final de las escaleras me esperan esas florecitas

Con un porte elegante, firmes, alegres y creyéndose las más bonitas, ahí están

Se ríen todas juntas cuando me ven acercarme, es como si se alegrarán tanto como yo al verlas

Se mueven con el viento fresco y su color morado adorna muy bien la maleza que crece

La mañana es fresca, es el inicio de un nuevo día, cosas nuevas esperan, las flores ríen y yo también

Me despido de ellas con la misma sonrisa con la que las saludé y les digo adiós con mis ojos que no se apartan de ellas

Pero pasan las horas

Ya es medio día y tengo que regresar a casa

El sol brilla caliente y ardiente como un sartén en la estufa

El calor hace brotar gotas de sudor que recorren mi rostro

Y las fuerzas se me acaban al cargar con la mochila

Y entonces vuelvo a enfrentarme al puente

Subo el puente despacio, arrastrando los pies porque la vida se siente pesada

Con cara de sufrimiento y dando mi último aliento voy dando pasos pequeños

Y cuando voy a llegar al final de la escalera una esperanza se postra en mí

La esperanza de ver las tumbergias moradas que se ríen conmigo cuando me ven

Esa esperanza me da la fuerza para seguir moviendo los pies y llegar al final

Por fin subí, una sonrisa se dibuja en mi rostro y alzo los ojos para saludar a las flores

Pero cuál es mi sorpresa al llegar

Ellas sí están, pero calor las está matando a ellas también

Tristes, voltean hacia abajo

Luchan por seguir aferradas a la enredadera

Luchan porque su color morado siga igual de vivo que siempre

Pero no alzan su mirada para saludar

No se ríen y tampoco hay viento que las mueva, solo están ahí resistiendo, esperando que el sufrimiento acabe para volver a ser las mismas de siempre y volver a alegrar a todos con su presencia

Saco mi bote de agua y les rocío un poco para que se refresquen

Ellas no reaccionan, están muy cansadas, no dicen gracias ni voltean hacia a mí, pero yo sé que están ahí

La sonrisa en mi rostro ya no está y tengo que irme para alcanzar mi camión, entonces vuelvo a despedirme con mis ojos que no se apartan de ellas y les digo que espero verlas mejor mañana

Es un nuevo día, cosas nuevas esperan, vuelvo a subir el puente rápido para ver cómo están

Y cuando llegó al final de las escaleras ahí están las tumbergias moradas riéndose, dándome alegría y bailando con el viento fresco de la mañana

Porque el calor del medio día no pudo con ellas, ellas se aferran a la enredadera porque saben que el calor no es para siempre, que no estará sobre ellas toda la vida, entonces su perseverancia se da a notar cada mañana con la sonrisa que causan en mi rostro

El sol ardiente no es para siempre, el viento fresco de la mañana pronto llegará y volverás a vestir de morado y alegrar a todos con tu presencia.

Comentarios

Marité Ibarra dijo…
Me gustó mucho tu texto María José!!
Saludos!!!
María Porcella dijo…
María José, me encantó tu texto porque pude imaginarme el trayecto, las flores sonriendo e incluso el sol ardiente del medio día. Es cuestión de leer el primer renglón para seguir leyendo el resto. Es grato leer un texto como este tan sencillo y a la vez tan precioso.

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