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“Me duele ver tu mirada y saber que no eres siempre honesto” LA VERDAD QUE ME ENSEÑASTE SIN QUERER   Manuel Montes   Me duele ver tu mirada y saber que no eres siempre honesto.   ¿Cómo podrías serlo, si desde un principio fuiste un cobarde, convenciéndote a ti mismo de que eras valiente ante la decisión que tomaste?   Pobre del hombre que miente a su mujer; caen en desgracia cuando creen estar ajenos a la tentación.   La tentación de cometer algo ilícito, algo irreal. pues qué idea más seductora que la de estar con alguien más.   ¿De dónde nace ese anhelo?   ¿Podrías explicar?   Son mis propios ojos los que te ven engañar a mamá.   ¿Cómo podrías enseñarme de responsabilidad, papá?   Si cada vez que intento ser un buen hombre, tú, con tus “actos”, ya lo eres tres veces más.   No sufro de resentimiento ni de odio.   Me da igual.   Pero todo lo que aprendí me confunde en la soledad. ...
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“Vuelve a tus sentidos, vuelve a ser la bella poeta Lidia de antes y entonces, sólo entonces, leeré tu poemario de nuevo…”              EL POEMARIO DE LIDIA   Marité Ibarra   ¡Lidia, oh hermosa Lidia! Deja de escaparte en otoño, deja de visitar la arboleda. Ya no escuches más, ya no escribas más sobre tus delirios disfrazados. No me gusta leerte, aunque me agrada verte pensar y soñar, cuando te pintas tus labios color escarlata, cuando maquillas tu cara con polvo de arroz. No logro entender lo que escribes, no quiero verte más entre árboles saltando enredada entre serpientes, a ellas les gustas y por eso te hablan como a Eva, la cual halló su desgracia por escucharlas. Te he visto en el camino hacia el pequeño bosque, entre rayos de luz que escapan de las copas de los árboles. Ya no Lidia, ya no te vayas a escribir en las profundidades de tus pensamientos o más bien en los pensamientos de las serpientes con las que siempre est...
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“El que lee mucho y anda mucho, ve mucho /  Y sabe mucho… MCS” ¡Señor mío! Hoy es el Día y no leí ni escribí   María Luisa Álvarez Piña   Cómo fue posible entretenerme en otras cosas Y olvidarme sin querer queriendo En este día tan especial, tan histórico Tan humano, tan bello, tan acogedor Tan sublime adentrando al contexto del autor   Tan solo tengo estas poquitas palabras pa´ recordarme que hoy es el Día Internacional de Libro y derecho de autor Que sin William Shakespeare con Romeo:   Pero, ¡silencio!, ¿qué resplandor se abre paso a través de aquella ventana?     ¡Es el Oriente y Julieta, el sol! ¡Surge esplendente sol y mata a la envidiosa luna, lánguida y pálida de sentimiento porque   tú, su doncella, eres más hermosa que ella!   ¡Sí! Reniego sola y culpo a la   Distracción que ocupo mi mente en asuntos Sin sentido, alejada del olor de cada página. Que sin Miguel de Cervantes n...
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"Armando Fuentes Aguirre Catón expresó:” Yo he estado en cinco universidades, en las universidades poco se aprende, se aprende más en los libros que uno lee por placer y no por obligación” LOS TÍTULOS Y EL HOMBRE DE LIBROS Adán Lorenzo Apodaca Félix A propósito del día mundial del libro, celebración que la UNESCO decretó el 23 de abril de 1995, en este escrito, quiero sumarme a los festejos con una reflexión y una declaración: la primera, la reflexión, es referida a los títulos de los libros. La segunda, así como los hombres se declaran hombres de fe, yo me declaro hombre de libros y trato de justificar esa declaración con algunos argumentos que pueden ayudar a la reflexión. Con los libros se pueden hacer muchas cosas, hasta el amor, sostuvo en alguna ocasión Mario Vargas Llosa, yo solo deseo destacar que una persona que disfruta de los libros debe sumarse a los festejos por este importante acontecimiento. En las circunstancias actuales, con conflictos de distinta naturaleza...
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“Oh Lomita bella, cumbre de la ciudad /  con tus candados guardando promesas /  eres refugio de paz y libertad /  donde el tiempo se olvida y el alma regresa”   ¡OH, QUERIDA LOMITA!   Manuel Montes   Y míralos allí, como hormigas obreras, entregados al pulso veloz del día, siempre corriendo entre calles y aceras, sin notar que la vida también es poesía.   Tan fresco el viento rozando mi pelo, me invita a soñar, a saltar y volar, mis miedos se alejan, ligeros en vuelo, y el mundo allá abajo se empieza a calmar.   Oh Lomita bella, cumbre de la ciudad, con tus candados guardando promesas, eres refugio de paz y libertad, donde el tiempo se olvida y el alma regresa.   Los culichis te llevan muy dentro del pecho, como un secreto que no han de soltar, y desde tu cima, tan cerca del cielo, el mundo es pequeño… y yo puedo volar.    
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“Nosotros no teníamos nombres, vivíamos entre las sombras proyectadas en las paredes viejas. Sin reclamar, irreales, atrapados como espectros”   LA CASA DE LOS HUESOS   Yazmín Lares Salazar   Mi casa era un cascarón vacío, cuatro paredes que delimitaban un espacio, moldeándose para cerrarse en nosotros y atraparnos dentro. Mi padre, un nahuali que cambiaba de forma, estiraba su piel hasta cubrir la plenitud del espacio. Sentíamos su presencia, silenciosa y juzgadora, respirando en nuestras nucas como si se tratase de un león a punto de devorar a su presa. Sus colmillos se clavaban sobre mí, transfiriendo el veneno que entraba a mi sistema e infectaba todo lo bueno que pudiese haber germinado en mi interior. Mi madre era un huracán que se movía por la casa, destruyendo cosas a su paso con pasividad y desapego. Sus lágrimas caían sobre el duro suelo, agitando a los ancestros y ahogándonos. Dentro de la sala nos reuníamos cada noche como una parodia de la familia normal, sen...
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"Y en medio de aquel silencio que sólo yo podía escuchar, lo entendí"   ME QUEBRANTÉ A MÍ MISMO   Manuel Montes   Esforzándome por ver, el único ojo que podía mantener abierto me hacía sentir que pronto se me desprendería de la cuenca. Mi casco estaba demasiado apretado, y el hueco por donde miraba parecía encogerse cada vez más. Un espeso líquido escurría por mi frente; no sabía si era sudor o sangre. Mis piernas apenas me sostenían. Una ola de miedo, coraje, dolor e impotencia me invadía. Volví en mí, consciente de la situación. Gritos de dolor y batalla resonaban por todo el campo, casi opacando el chillido constante en el lado izquierdo de mi cabeza. El ambiente era asfixiante. La tierra se agitaba por todas partes. El olor a óxido, sangre y desechos de los caballos me revolvía el estómago, y la repentina neblina me hacía querer desgarrarme por dentro. La espada —como si fuera parte de mi cuerpo— seguía en mi mano. Era lo único que me daba seguridad....