Las
aventuras de Pepe Pepino…
“Y así fue cómo Pepe Pepino perdió el interés por ir a la iglesia de su colonia, porque ya sin Rafael las cosas nunca volvieron a ser como antes…”
PEPE PEPINO Y LA IGLESIA DEL RISCO
Marité Ibarra
Esta
historia se desarrolla en un escenario en particular, la iglesia llamada
“Nuestra Señora de Guadalupe del Risco”. En esta iglesia oficiaba un sacerdote
muy especial, el gran cura; Rafael. Un hombre alto, gallardo, apuesto y un poco
calvo, pero esto no le quitaba lo atractivo a este clérigo ojiverde, el cual
fue traído a México desde la mismísima ciudad de Cartagena España, era oriundo
español, legítimo, de esos que hablan como todos los españoles, ya saben, con
ese acentito muy particular que tienen, y el cura Rafael orgulloso de su ciudad
natal, hasta exageraba su acento español y a cada rato, en cualquier
conversación exclamaba ¡y olé!
Bueno,
sin más preámbulo, en esta humilde iglesia se realizaban todos los servicios
religiosos comunes y normales como en cualquier otra iglesia católica, por
ejemplo; misas dominicales, XV años, Bodas, fiestas patronales, misas
especiales como las de Comunión, Confirmación y Bautizo, y ésta última
precisamente, era la más esperada para Pepe Pepino y sus amigos vagos de la
colonia, porque ellos esperaban al final de las largas escaleras, algo muy
importante. Sabían que las monedas solitas llegarían a sus manos, cuando el
Padrino aventara el tradicional Bolo.
Esos
eventos Pepe Pepino no se los perdía por nada del mundo, además conocía muy
bien la iglesia, a veces se metía a observar detenidamente a los “Santos”, o a
jugar en las bancas, llegó a tocar algunas veces las grandes campanas tirando
la cuerda, subía las escaleras sin cansarse y se colgaba de las cuerdas sin vergüenza
alguna, no le importaban los regaños del cura Rafael ni el fuerte ruido de las
campanadas.
Regresando
a los bautizos, veces los padrinos eran muy generosos y aventaban buen bolo:
monedas de 100 pesos, 200 pesos, 500 pesos, y hasta de ¡1000 pesos!, que eran
las más codiciadas. Pepe Pepino y los demás niños juntaban buena cantidad de
dinero de cada bolo, y entonces se iban a comprar dulces con doña Rogelia, una
señora muy abusiva y tranza con los niños, pero vendía los mejores chuchulucos
de la colonia, dulces como los selt soda, chicles motitas, chocolates vaquita,
palelocas, brinquitos, miguelitos, bolas de tamarindo con chile, y aunque muy frecuentemente Pepe Pepino y sus amigos
tenían rencillas con los Bebos (los cuales eran “sobrinos” del Cura Rafael,
hijos de su fiel secretaria, otra española que se vino con él después de ser
mandado a México), Pepe Pepino nunca se dejó intimidar por ellos. Estos Bebos
eran niños muy bonitos, blanquitos, güeritos ¡finos los chamacos! con sangre
real española, y con ciertos status porque eran los “sobrinos” del cura de la
iglesia de la colonia, motivo por el cual denigraban a Pepe Pepino y sus amigos
sobre todo por su color de piel, forma de hablar, por ser unos pobretones,
además de vagos.
Repetidamente
se encontraban con los Bebos en la tienda de doña Rogelia y en la escuela,
ellos también iban a comprar dulces muy seguido, pero algo que le llamaba la
atención a Pepe Pepino era que siempre en los bolsillos de sus pantalones,
traían mucha morralla, es decir, monedas de toda denominación. Los Bebos
presumían que tenían dinero y compraban los mejores dulces, Pepe Pepino
sospechaba que tomaban las limosnas de la iglesia o algo turbio pasaba ahí,
además no entendía por qué los Bebos eran idénticos al cura Rafael.
En
fin, aunque los Bebos vivían en la iglesia, no eran nada religiosos, un día el
Bebo mayor retó a Pepe Pepino a un duelo con unos guantes de box en el atrio
trasero de la iglesia, Pepe Pepino le dijo que no quería humillarlo y menos en
frente de tanto público, pero el Bebo insistió y le empezó a decir de cosas
para provocarlo, entonces éste ya no se resistió más y comenzaron a pelear. De
la nada los niños comenzaron a hacer sus apuestas de dulces, la cosa estaba
reñida, la pelea cada vez más se ponía más intensa, los golpes iban y venían.
El público, es decir, los niños vagos de la colonia que estaban mirando,
comenzaron a hacer un gran alboroto, hasta que Pepe Pepino empezó a dominar la
pelea, y en eso estaban cuando, le da un puñetazo en el ojo izquierdo al Bebo y
lo tira, entonces entra Rafael muy enojado a detener el combate y a darle unos
buenos coscorrones a Pepe Pepino, y a correr a todo ese chamaquero metiche y
ocioso, que no debería estar en la iglesia y menos promoviendo peleas
clandestinas con guantes de box. Después, uno de los niños dijo que el cura
Rafael, estaba viendo de lejos la pelea, pero cuando Pepe Pepino le comenzó a
ganar a su “sobrino”, se apresuró para detener la contienda, mientras tanto
estaba muy entretenido viendo el show.
Así
transcurrieron varios años, los niños viviendo todo tipo de aventuras en la
iglesia, dándole vida a ese viejo y solemne edificio, hasta que inesperadamente
corrió la lamentable noticia de que el cura Rafael había muerto repentinamente,
un fulminante ataque al corazón lo había liquidado. Este hecho dejó
conmocionados a todos los feligreses, porque Rafael era muy querido por la
gente de la colonia, había sido todo un gran personaje.
En
el funeral del cura, uno de los Bebos le dijo a Pepe Pepino que pronto dejarían
la iglesia del Risco para irse a vivir a una colonia llamada San Angelín, en
unos departamentos que habían adquirido aquí en México, cerca de donde también
rentaban algunos locales de su propiedad.
La iglesia ya no fue la misma sin Rafael, se perdió la libertad con la que Pepe Pepino y sus amigos podía entrar a ella, ya no podían jugar ahí porque el nuevo cura refunfuñaba mucho, era gordo, feo y muy gruñón, además puso unas rejas grandes hasta que cerró más la iglesia, los niños ahora tenían que pedir permiso para entrar y siempre les era denegado. Tampoco estaban ya los Bebos con quienes peleaban y tenían constante pique, y así fue cómo Pepe Pepino perdió el interés por ir a la iglesia de su colonia, porque ya sin Rafael las cosas nunca volvieron a ser como antes…

Comentarios