¿Entre lo peor siendo lo mejor? O… ¿Acaso soy lo peor de lo mejor? Y … ¿realmente en donde y con quienes comparto ahora son lo mejor? ¿Pero… entre quienes son lo mejor?”


 


 

LA MURCIÉLAGA TIKA

Solangel Méndez Ruiz

 

Para todas las personas que aún no saben qué estudiar, pregúntate: ¿Qué te acongoja?

 

Ésta es la historia de Tika, una murcielaguita muy diferente a lo visto normalmente, su pelaje es blanco, sedoso y sus membranas son traslúcidas, mas no transparentes, como que de un color rosa que la hace ver siempre tan brillante. Su pelaje era tan brilloso, Tika se imaginaba que cuando aleteaba era glitter lo que disgregaba, tanto brilloso que podía habitar al sol, pues su pelaje producía el mismo resplandor.

Tika, nació en tierras bajas, a diferencia de los otros tipos de murciélagos que solían estar en cuevas o entre miles de familiares compartiendo el mismo techo, Tika no se acostumbró a hacer eso. Tika siempre se rodeó de actividades que no eran “ajustadas” para una murcielaguita, además, ella quería conocer el mundo, le gustaba estudiar, sólo que Tika jamás fue buena estudiante.

No fue de 10, todas las tareas se le pasaban, en ocasiones se sentía bien segura de sus exámenes, pero las materias las reprobaba y los quebrados aun le atormentaban, pues en sus tiempos libres era repostera, ¡ah! ¡Eso sí! Ninguna puntuación se le escapaba, pues leía, aquí y por allá, los espectaculares, los anuncios y comerciales, todo lo que encontraba en el camino lo leía y en ocasiones, Tika entenderlos pretendía.

Fue a raíz de esto que, decidió que Comunicación y Periodismo sería su profesión. Y así fue como intento tener un lugar, primero en su natal lugar, pero no era suficiente, ella quería estar entre la historia y los palacios, sabía que debía existir un lugar, donde estaba la gente que viajaba y tenía muchas historias que contar, tan fantásticas, así como las de ella, las que sabía que un día tendría, de contarlas, la oportunidad.

Fue así que como con mentiras a sus papás, se atrevió a irse a la gran ciudad, porque: “siempre había algo que hacer”, les explicó después.

Ella volaba tanto y tan alto, le gustaba viajar, recorría toda la vertiente del Pacífico,  para bañarse en la bonita Sayulita, en Jalisco con sus amigos polinizadores de agave disfrutaba, su viaje continuaba hacia Pochutla, ir a Chacagua, pues le gustaba nadar a luz de la bioluminiscencia, ver el atardecer en Punta Cometa, en Mazunte hospedarse, para después ir a Zipol a broncearse, por último dirección al Golfo, hasta llegar a la península de Yucatán, unos días pasar y de vuelta para atrás, ya que sus alas brillaban tanto, este tipo de murcielaguitos se les facilita adaptarse y vivir en la playita, aunque a Tika casi no podía comer coquito por sus creencias y preferiría un insectito, ella se siempre se adaptaba a las coyunturas.

Conoció mucha gente, unos venían de Panamá, otros habían cruzado desde Europa, algunos de Japón y como olvidar a los Doctores de Nueva York, ahí conocío a un mentado Conacyt, pues este tipo a todos ellos mantenía, y a ella le intereso eso de mantenerse por estar estudiando nomas. Ella quería más esa otra vida… La que el estudio, perdón, no no no, la que la investigación ofrecía.

Así fue como Nuestra murciélaga Tika supero sus expectativas, estudiando hasta una maestría. Pero, estudiaba también porque sus papás le dijeron que debía hacerlo para tener más oportunidades, aunque en realidad no sabía ya cómo hacerle, pues en la gran ciudad no solo había millones de murciélagos peleando el mismo puesto, tampoco tenía la orientación de sus docentes para saber de mínimo como conocer al tal Conacyt, además ya no le alcanzó pa la renta, ni dejando de viajar ni dejando de fiestiar.

La murcielaguita estaba fastidiada, ya no quería nada, pues vivía ya toda apagada, compartiendo, además, vida con una persona que no le sumaba ni restaba, pero como todo el tiempo estuvo acompañada, no sabía cómo alejar a ese parásito que la vida en verdad que se la retrasaba.

Conforme pasaban los años, Tika tenía metas más grandes, quería un estudio levantar, pero tenía una renta que pagar, una vida que solventar y, además, por si fuera poco, con un corazón roto y una mente fragmentada por sanar.

En sus últimos intentos por salir de toda esa depresión, su mamá murciélaga unos miles le mandó, tomo el dinero y lo guardó, no quería que nadie supiera, pues la vida había dado tantas vueltas.

Un día, caminando entre construcciones porfiristas, ventanales grandes y barrotes interminables, se acordó de lo que se papá murciélago le dijo:

“Y mira Tika, puedes ser la peor, pero que sea entre los mejores, busca siempre eso y no, ser la Mejor entre los peores y, cuando te des cuenta que tú eres la mejor, es momento de avanzar, busca no ser siempre la mejor.”

¿Ahora, después de tanto, entre quienes estoy? – Se decía a sus adentros Tika.

¿Entre lo peor siendo lo mejor? O… ¿Acaso soy lo peor de lo mejor? Y … ¿realmente en donde y con quienes comparto ahora son lo mejor? ¿Pero… entre quienes son lo mejor?

Tuvo tantas dudas ese día, Tika camino sin rumbo, sin tener meta fija, caminó y caminó tanto, que a su departamento en el Ajusco llegó, un espacio que más bien eran dos cuartos, como de de 6 * 6, tenía ventana a la calle, lo cual era lo máximo pues en esa gran ciudad, pocos depas tienen ventilación ya.

En el primer cuarto había una salita de estar, dos silloncitos, una mesa cuadrada, una cocina con una barra, la estufa y el tanque de gas… ¿Cómo por? ¡Dirás!

¡¡¡No debería tener dentro de su casa el tanque de gas!!!

Pero, ya se lo habían robado cuando lo tenía afuera, incluso con cadena en la vecindad, fue tan triste porque acababa de comprar.

-      “Míralos que listos, hasta eso pensaron y les salió más barato”. – Exclamó

Tika en aquella ocasión.

Pero sigamos, unas cortinas grises y elegantes que colgaban desde el techo hasta el suelo en forma de escuadra, haciendo “un cuartito” aparte, y, si te asomabas encontrabas tapizado de arte, pinceles y botes, latas de aerosol por aquí y allá, cuadros hechos con cartón de cereal, una silla gamer de esas que te permiten subir los pies y hasta recostarte a jugar, una pantalla de 80 pulgadas, ni hablar, ni hablar ya del cuarto personal… Su vida era un lujo, para su veinteañera edad, pero seguía dudando:

-      “¿Éste es verdaderamente mi lugar?” …

 Habían pasado ya 5 años desde sus últimas clases en la universidad, y unos 6 de su último empleo formal, pues con su “mejor amiga” encontró una forma de subsistir en la informalidad, y empezó con ella a construir una vida de libertad.

A veces, Tika se recostaba en el piso de su sala y ella llegaba, con su torbellino, aleteando las alas, poniendo todo de cabeza, agarrando las cosas, achatando la punta de los plumones porque le “ayudaba” a terminar sus cuadernos de ilustración, aquello era nada más y nada menos que un murcielaguito del cielo de 4 años, llamado Enki, a Tika le fascinaba, pues esta criaturita a veces le sorprendía, más le decía a Tika “mamá”, unas palabras que no sabía si eran calificativo para ella, pues se creía tan ruda, que una maternidad era algo muy frágil y poco retador para ella.

Tika, veía al niño desarrollarse (conocía a su mamá desde antes de su concepción así que fue mucho el tiempo que lo observó) y a veces, como mantra se quedaba hipnotizada viéndolo interactuar y pensaba:

 “¿Esto es lo que le deparará? Una vida en la ciudad con tan pocas oportunidades, donde la renta no alcanza ni a su mama, una familia donde el abuelo estira para mantenerlos a ellos. ¡Ay María!, mi niño va a crecer entre smock y la calle”.

Y para ese punto de su vida, Tika después de esos pensamientos le daba un trago a su brebaje con sus manos pintadas de aerosol.

Pues el ambiente en el que desarrollaban estas murcielaguitas gracias a su ultimo oficio de Tika, lo urbano, vivía entre aerosoles, drinks and draws, juvias y pastes ups, jalando siempre a la mamá de Enki en su intento por revivirla, que hiciera las cosas que le gustaba y de lo que se mantenía.

-      “Pero … ¿Realmente este es un ambiente para él? “

 Se inquiría Tika cuando los problemas surgían. Y es que, a veces, por más que le explicaban, le enseñaban y convivía con otros niños que, estaban todos en el mismo contexto, en el mismo ambiente, Enki siempre terminaba la fiesta igual, entonces Tika comprendió que, realmente todos son diferentes, y que si algo podía hacer por su futuro era tomar ese dinero y seguirse preparando.

De aquel día que recorrió el centro sin rumbo, infinidad de flyers había recogido, entre ellos uno de barbería había visto. Recordó que en sus tiempos de chiquita y adolescente ella se cortaba y teñía su cabello. Motivada por su mamá, Tika termino tomando clases de barbería, en la zona de la Meche, ¡Ay, Tika! Y es que ésta, es una zona conocida por su alta labor informal de todo tipo, hasta se dice que es la cuna de la prostitución, con sus calles viejas como Sullivan, pero ni hablar de que al lado la Morelos, Tepito, Lagunilla y Moctezuma le rodeaban.

Tika, era la joven más adulta entre todos, aprendió tan bien, que a veces el salón le encargaba o a los alumnos nuevos le asignaban y entre convivencias fuera de la Barber, conocía más a estos chicos que “por ser problema” y sus mamas “ya no sabían qué hacer con ellos” a la Barber los inscribían.

Pero Tika se cuestionaba:

-       ¿Cómo puedo yo impactar de forma positiva? Les gusta mi imagen y mi libertad, pero ¿Cómo les hago entender que ya hay mucha historia detrás, historias que no me gustaría que vivieran, pero, si entendieran el aprendizaje que tuve por los zapatos que yo misma y solita me puse, serían igual?

Mientras todo esto descifraba, un seminario de Body Piercing tomaba, con una figura reconocida de la escena “El Lobo Pérez”. Ahí su mente explotó:

-      ¡¡¡¿Queeeeeeeé?!!  ¿El profeeeee?!!!!! ¡¡¡¡¿Pedagogía?!!!!”

Se preguntaba cada día de aquella travesía, observaba como El lobo le enseñaba, no sólo a ella, observó cada una de las maneras en que abordó a cada alumno que tuvo.

¡Si se puede! – Se decía entre estos recuerdos y, sus respuestas en su diario fundía; cuando Geiko le enseño a tatuar, cuando hizo las primeras pintas de puras mujeres en el MUJAM, y aunque se encontraba en una actualidad donde apenas se apostaba por lo que ejercía, y que quienes lo hacían era porque tuvieron el privilegio del recurso económico para formarse, y se preguntaba:

-      ¿Cómo le va a ser esa mamá, si Enki hace unas grandes y preciosas esculturas, nunca había visto eso, ni en las artesanías de Oaxaca, ni la precisión de un niño con su “plasti” a tan corta edad, ¿cómo le vamos a hacer?...

Tika se incluía en su desarrollo, y aunque por rabietas y entre acciones infantes, su mamá de Enki se alejó y se lo llevó, nuestra murcielaguita tuvo otra partida de corazón, pero ahora, Tika se dio unas palmaditas en la espalda mientras se afirmaba:

-      “¿Qué ibas a hacer Tika!, con tantas preguntas tuyas y encima las del nene?” 

Teniendo nada que perder y todo que ganar Tika reflexionó toda una llamada que tuvo con su mamá, tomó su inversión y junto con su modelo de Barbería empezó una nueva historia. Un murciélago de esos guapos, con una barba que Tika le encantaba, porque podía practicar cada dos o tres días la navaja, su nombre Xólotl, un murciélago todo tatuado, bien guapo, que la terminó frecuentando por su mano ligera, por sus herramientas de diamante negro, y cómo no, por aceptarle las salidas después de su “trabajo” altruista en la barbería, pero esos, son otros cuentos.

Entonces decidió irse y Xólotl le siguió, y aunque a Tika a veces le sacaba la vuelta a eso del amor, al final se des doblegó físicamente de todas aquellas traiciones que el pasado le brindó, ya que Xólotl le proporcionó seguridad de una forma muy natural, cuestionándola.

-      “¿por qué no lo haces tú? ¿Y qué te lo que falta para que lo hagas? Y la más típica de las chilangas ¿Y luego, ¿qué falló?

Fue así como Tika tomo decisiones trascendentes para su vida y su corazón, regaló todo lo que tenía entre lágrimas, pues todo eso le había costado cada centavo: su lavadora de burbujas, su estufa, su horno, su refri, su barra, sus bancos altos con los que tanto había soñado, su tele, su cama, pero lo que más le dolían eran sus pinturitas; pero Tika tenía una meta ya definida, ese sería el último viaje para cerrar aquella etapa en su vida y aunque le dolía cada día tener que despedirse de aquella vida que construyo a partir de su coraje, la impertinencia y la adolescencia de ser 20 añera, era fuerte, pues Xólotl una vez le enseñó que:  

-      “Entre lo que Dios te quita y te da, te dará más de lo que te va a quitar, sólo tienes que primero en ti confiar”.

Y así fue, como nuestra murcielaguita empezó su camino en la docencia, con muchas preguntas y pocas respuestas, con miedo de una ciudad que siempre cuando visitaba a sus Pas “de pasadita” la veía igual de polvorienta, con gente que la miraba mal, con taxistas nocturnos que le cuestionaban porque se vinieron hasta acá si esta mejor allá…

Entonces, de esas noches para acá, siempre cuando se acurruca entre aquellas alas cafés, se pregunta sin hablar:

-      ¿Un mejor lugar allá, acaso si han ido?, mm bueno, quizás sólo han ido a vacacionar.

“Aaaaah” – Suspira antes de volver a pronunciar: “nada” después de la pregunta

-       ¿Qué pacha Tiki?

En su mente siempre la contesta:

 “Como cambia todo con la perspectiva”.

 

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