“A lo largo de nuestras vidas, los jóvenes pasamos por diferentes etapas, dudas o cosas que nos gustaría descubrir. La mía fue mi cuerpo"
“A SU PROPIO RITMO”
Renata Alcaraz Quiroz
A lo largo de nuestras vidas, los jóvenes pasamos por diferentes etapas, dudas o cosas que nos gustaría descubrir. La mía fue mi cuerpo.
Desde niña he sido una persona gorda; he vivido con el complejo de mi cuerpo, el querer tener o vivir en otros cuerpos “perfectos”, pero lo curioso es que nunca hice algo para cambiarlo; vivía en una jaula donde me atormentaba cada día, victimizándome y justificando mis malos hábitos. Hasta me dolía si me hablaban con la realidad, vivía cansada, me mareaba rápido, no podía ni estar en el sol porque ya me estaba desmayando. En ese tiempo, para salir de mi realidad, utilizaba los videojuegos; me quedaba sentada (sin mentir) más de 5 u 8 horas jugando, ya que el hecho de solo salir no me gustaba porque sentía que la gente me iba a juzgar por mi aspecto. Únicamente me sentía bien cuando salía con una amiga. Con ella sentía la seguridad de poder salir y que no me importara mi aspecto físico.
Lo que fue de primaria a secundaria fueron momentos de enojo y frustración: mirarme en un espejo y ver que la ropa cada vez no me quedara, tener que comprar ropa más grande; solo con el hecho de ir a comprar ropa era lo peor. ¡No me gustaba! Pero ¿por qué? Porque vivía con el miedo de verme al espejo y sentirme mal. La pregunta es: ¿cómo llegué a salir de la negación? Salir de la negación no fue fácil; fue un proceso difícil y ese momento llegó en la prepa. Me estaba dando cuenta de que algo estaba mal con mi cuerpo cuando tuvimos que ir al ginecólogo porque tuve un desbalance con la regla. Fue en ese preciso momento, en esa consulta, cuando todo cobró sentido: ¡Necesitas hacer ejercicio! Me dijo el médico. Fue un golpe de realidad tan fuerte que hasta me dieron ganas de llorar, escuchar cómo te dicen las verdades que tú misma intentabas ocultar y cómo llegaste a tal punto de estar mal. Después de asimilar mi realidad, empecé a cambiar poco a poco mis hábitos. ¿Cómo lo logré? Empezando por mi alimentación, entendí cómo debía comer, qué debía comer y cómo balancear mis comidas.
Empecé a conocer un mundo nuevo: el gimnasio.
Recuerdo la pandemia muy bien, porque ahí fue cuando empecé a hacer deporte. Es un mundo muy bonito; llegas a conocer a muchas personas que han entrenado durante años y todavía sienten que les falta mucho camino por recorrer. Tengo muy presente cuando entré al gym, duré un año y bajé 9 kilos; estaba tan contenta que ya no podía dejarlo. Pero empecé a aburrirme y me pregunté: ¿Qué más puedo intentar? Entonces, fue cuando conocí el pole dance, aros y telas. Gracias a mi hermana fue que descubrí ese nuevo mundo, pero duré 3 meses; no fue lo mío, ya que fue una actividad muy aburrida; sentía que no encajaba en ese mundo. Entonces volví al gimnasio, gracias a una amiga que me invitó a entrenar con ella y me sentía bien por no dejarlo, hasta que llegó el momento en que tuvieron que cerrarlo por la narco pandemia que estábamos viviendo en Culiacán. Me sentía agüitada porque ya no sabía qué hacer. Lo que me salvó fue la universidad. Cuando estaba en derecho, nos comentaron que había deportes; recuerdo muy bien cuando fui a preguntar de qué trataba cada uno. Primero fui a box y pregunté por las clases y qué se hacía; asimismo, pasó con el karate. Fue entonces cuando decidí conocer el mundo del kárate. Es un lugar muy impresionante porque te enseñan muchas cosas y lo mejor de todo es que adquieres habilidades para tener más elasticidad, mejor condición física y mental. Me gustó mucho, pero lo tuve que dejar porque me salí de la carrera. Ya que me quedaba a una hora de la universidad y se complicaba llegar por los tiempos y el trabajo.
Al salir de derecho, pensaba: ¿Qué más puedo hacer? Entonces volví al lugar donde inició todo, el primer gimnasio que conocí. Regresé al lugar donde perdí el miedo a hacer nuevas cosas, en donde quité mi mayor inseguridad: mi cuerpo. Actualmente llevo un año haciendo ejercicio; he aprendido cómo es mi cuerpo y cómo puedo mejorarlo de una manera sana.
A veces nos da miedo hacer algo nuevo, por temor a sentirnos juzgados o discriminados, pero no, no es así. Me siento muy feliz por todo este proceso que he vivido. Tal vez me falta mucho camino por recorrer, pero me siento contenta de poder mirarme al espejo y sentirme bien conmigo misma. Y lo mejor de todo es querer conocer nuevos mundos y seguir explorando, sin dejar de valorar ni soltar lo que ya estoy construyendo.

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