"Y detrás de cada poema queda algo sencillo: la gratitud de haber coincidido, aunque haya sido solamente por un tramo del camino vivido"




 

Cinco poemas de identidad y una reflexión agradecida

 

—Celso Gilberto Guzmán Félix


6 de Abril

Hay hombres que se marchan dejando la puerta abierta,
aunque su sombra se pierda detrás de la puerta.
Se llevan consigo palabras que nunca dijeron,
y dejan preguntas que jamás respondieron.

No todos saben quedarse cuando llega el invierno,
ni todos comprenden lo que vale un recuerdo.
Hay quienes aman tarde,
quienes comprenden tarde,
quienes dejan un vacío
sin saber cuánto arde.

No fue un hombre perfecto,
ni lo sería aunque quisiera,
pues también tuvo sus errores
y sus propias maneras.

Pero hay nombres que resisten al paso de los años,
que sobreviven al silencio, a las dudas y a los daños.
Porque incluso quien parte, incluso quien se aleja,
puede dejar una historia que el tiempo no refleja.

Y aunque la distancia construya su muralla,
hay vínculos que persisten aunque nadie los proclama.
Porque algunas historias no terminan al partir:
simplemente cambian de forma para poder existir.

 

16 de Septiembre

Hay mujeres que caminan con historias en las manos,
con recuerdos antiguos y consejos tempranos.
Han visto tantos días llegar y después marcharse,
que aprendieron que vivir también significa equivocarse.

Saben que la vida no es siempre una enseñanza,
que a veces llega el miedo disfrazado de esperanza.
Que también hay heridas debajo de la alegría
y que ningún corazón permanece igual cada día.

Tiene defectos, como todos los mortales,
pequeñas imperfecciones, momentos desiguales.
Puede equivocarse, puede perder la razón,
puede guardar silencio cuando pide explicación.

Pero detrás de sus años existe una sabiduría,
una forma de mirar que nació de la vida.
No de libros perfectos ni de frases memorables,
sino de días difíciles y momentos inolvidables.

Y quizá eso sea saber:
no tener siempre la respuesta,
sino aprender de la caída
y levantarse con más fuerza.

 

18 de Septiembre

Hay quien camina buscando su propio sendero,
sin saber si al final encontrará lo que espero.
A veces mira al cielo buscando una señal,
y otras simplemente continúa, sin saber dónde irá.

No tiene una vida escrita con tinta dorada,
ni una historia perfecta, ni una ruta asegurada.
Hay días en que tropieza, días en que vuelve a andar,
días en que solamente quiere descansar.

Ha conocido la duda, la tristeza y el temor,
pero también la risa, la esperanza y el amor.
Y aunque algunas veces no comprenda su camino,
sigue escribiendo páginas sobre el mismo destino.

Porque vivir no significa nunca fracasar,
ni tener todas las respuestas antes de comenzar.
Quizá vivir consista, después de tropezar,
en recoger los pedazos y volverlos a juntar.

No hay historia perfecta,
ni destino sin heridas;
hay personas aprendiendo
a querer sus propias vidas.

 

15 de Octubre

Hay mujeres que sostienen el mundo sin hacer ruido,
que esconden el cansancio después de haberlo vivido.
Que cuando llega la noche y el cuerpo está agotado,
todavía encuentran fuerzas para cuidar lo amado.

No siempre tienen respuestas,
ni conocen la solución,
pero siguen caminando
con cansancio y decisión.

Han dado lo que pudieron,
han luchado cuanto alcanzaron,
y en más de una ocasión
sus propias fuerzas faltaron.

Pero siguieron.

Con las manos cansadas,
con las noches pesadas,
con preocupaciones guardadas
y esperanzas renovadas.

No fueron heroínas de cuentos ni leyendas,
no necesitaron coronas, espadas ni ofrendas.
Su batalla fue sencilla y también silenciosa:
mantener viva la esperanza cuando la vida era otra cosa.

Y quizá el amor verdadero
no siempre sabe hablar,
a veces simplemente permanece
cuando todo invita a marchar.

 

12 de Noviembre

Hay una pequeña vida que comienza a florecer,
un mundo todavía enorme que queda por conocer.
Sus ojos miran todo con curiosidad y sorpresa,
como si cada mañana escondiera una nueva promesa.

Todavía no conoce la tristeza de partir,
ni las preguntas difíciles que algún día habrá de sentir.
No sabe cuánto pesa a veces el corazón,
ni conoce las derrotas que trae la estación.

Por ahora existen juegos, risas y colores,
historias inventadas, pequeños temores.
Hay palabras que descubre, canciones por cantar
y un universo completo que todavía ha de explorar.

Quizá algún día conozca la tristeza y el dolor,
pero también encontrará amistad, sueños y amor.
Tendrá sus propias dudas, sus maneras de pensar,
sus propias cicatrices y razones para luchar.

Que crezca sin prisa,
que aprenda sin temor,
que conserve en sus ojos
la belleza del asombro y el color.

Porque hay vidas que llegan cuando otras ya han pasado,
como una nueva primavera después del invierno helado.
Y quizá su historia, todavía pequeña y sincera,
sea la primera página de una vida entera.

 

Una reflexión agradecida

La poesía tiene una extraña manera de quedarse,
de convertir lo vivido en algo que puede recordarse.
Toma una fecha, una mirada, una pequeña historia
y consigue transformarla lentamente en memoria.

Tal vez por eso la poesía ha caminado junto a la vida.
Ha estado en la tristeza, en la esperanza compartida,
en las despedidas, en los encuentros,
en las palabras dichas y en los sentimientos inciertos.

Porque escribir no siempre significa explicar.

A veces significa mirar.

Mirar a alguien y descubrir que no es solamente un nombre,
que detrás de cada rostro existe un mundo que se esconde.
Que todos cargamos defectos, recuerdos y heridas,
y que nadie atraviesa completamente intacto por la vida.

La poesía permite guardar aquello que el tiempo desgasta,
rescatar una pequeña voz cuando el recuerdo se gasta.
No cambia lo ocurrido, ni corrige lo pasado,
pero puede hacer que algo no quede completamente olvidado.

Y quizá ahí se encuentre su mayor belleza:

en que no necesita convertir a nadie en perfecto
para encontrar algo digno de ser contado.

Un hombre puede equivocarse
y aun así formar parte de una historia.

Una mujer puede tener defectos
y aun así guardar sabiduría.

Otra puede cansarse, caer y continuar,
haciendo todo cuanto puede sin dejar de luchar.

Y una vida que apenas comienza
puede recordarnos que todavía existe primavera.

Tal vez la identidad no sea una sola palabra,
ni una fotografía quieta, ni una historia terminada.
Tal vez sea un conjunto de voces y momentos,
de pequeñas cicatrices y grandes sentimientos.

Cinco fechas.

Cinco nombres que no necesitan ser pronunciados.

Cinco vidas distintas,
cinco caminos,
cinco maneras de existir.

Y detrás de cada poema queda algo sencillo:

la gratitud de haber coincidido,
aunque haya sido solamente por un tramo del camino vivido.

Porque quizá eso sea también la poesía:

una forma de decirle al tiempo que puede llevarse los días,
puede borrar las huellas, cambiar las fotografías,
puede cerrar algunas puertas y llevarse ciertas voces,

pero mientras exista una palabra que recuerde,
una página que conserve
y alguien dispuesto a volver a leer,

nada se pierde completamente.

Y así, entre versos, fechas y memorias,
la vida continúa escribiendo sus propias historias.

Sin saber cómo termina.

Sin conocer la última rima.

Pero avanzando, página tras página,
hacia aquello que todavía no ha sido escrito.

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