“¿para qué vas a la universidad si te vas a quedar en la esquinita? 


               



“FRIAS, SUS ALUMNOS Y LA ESQUINITA DEL PIZARRÓN”

 

María José Leal Pérez

 

Cada día el Maestro Frías se despierta con un solo objetivo, hacer hablar a los universitarios a los que les da clase, él ha sido maestro como por 7 siglos seguidos, le tocó estar en la Revolución Mexicana y toda la cosa, de hecho él estuvo cuando Cristóbal Colón llegó a América, o sea 7 siglos no son cualquier cosa; cómo tiene tanta experiencia y ha visto tantas cosas, pues ha visto a muchas generaciones pasar por sus aulas, las palabras que todos los días dice: “antes los alumnos eran diferentes”. Él se ha dado cuenta que cuanto más pasa el tiempo, parece que a los alumnos se les van acabando las palabras, como si tuvieran un límite de palabras cada día y no quisieran gastárselo.

Como es todo un actualizado futurista, aparte de dar clases presenciales, también lo hace digitalmente, ya sea presencial o virtual, él siempre está pidiendo la opinión de sus alumnos, explica un tema y dice ¿Qué piensan? Pero todos sus alumnos se le quedan viendo nada más, como si pudieran hablar por los ojos sólo le mantienen la mirada, bueno en realidad no todos hacen eso hay algunos que ni siquiera lo miran, incluso, que ni siquiera lo escuchan, están con el celular y con los audífonos, entonces no se dan cuenta de lo que pasa alrededor.

Frías se da cuenta que sus alumnos no quieren hablar, entonces cambia su estrategia y dice “Bien, vamos a cotorrear”, empieza a pedirle a sus alumnos que saquen un tema conversación, pero ni a esa simple expresión pueden responder sus alumnos; entonces Frías se queda con el ojo cuadrado, pero sin cansarse vuelve a intentar y dice “platiquen de lo que sea, de lo que sea chin###”, entonces sus alumnos se ríen y se empiezan a ver unos a otros y diciendo en sus mentes ¿Qué le pasa a éste? Pero no les sale ninguna palabra de la boca y entonces Frías con voz fuerte y con una sonrisa de preocupación y confusión, dice “Hablen pueees”, ya saben con el tonito que siempre carga, pero ni así los alumnos hablan, Frías no sabe qué es lo que falta ¿será que le falta arrodillarse? Y cuando ya no sabe nada más que hacer, una vocecita quedita quedita y muy tímida, que apenas y se escucha, habla, pero ni siquiera se entiende lo que habla, Frías se voltea y dice “¿Quién habló?”, entonces la vocecita se vuelve a escuchar, pero de nuevo no logra identificar de donde viene la mendiga vocecita, y cuando empieza a creer que ya está cayendo en la esquizofrenia y está escuchando voces, otra vez la vocecita vuelve a hablar, ahora sí sabe de dónde viene y, para su desgracia, la vocecita dice “¿puedo ir al baño?”.

Frías no entiende por qué no hablan sus alumnos, algunos sí lo escuchan, otros lo escuchan y reflexionan acerca de lo que habla, pero siempre ante las interrogantes de Frías sus mentes se quedan en blanco y, por más que hacen el esfuerzo de pronunciar una palabra, de formular una opinión, simplemente no pueden; hay alumnos especiales que sí hablan, que diga lo que diga Frías, siempre tienen algo para decir, pero son, si acaso, 2 por salón; entre las opiniones de los alumnos están los que dicen “me deja con más preguntas que respuestas”, o “me duele la cabeza de tanto pensar”, o “ya no sé lo que es pensar”, o “me está haciendo replantearme toda mi existencia”. Y es que es justo esa razón por la que los estudiantes no hablan.

Frías no lo sabe (o quizás sí, porque de una u otra forma, él se termina enterando) pero él tiene este efecto en sus alumnos, tiene el efecto de que con sus interrogantes tan “lógicas” destruye la idea de los alumnos de ser sabiondos, hace que sus alumnos se hagan preguntas reales sobre su vida, es como si por 2 horas los alumnos abrieran los ojos y vieran más allá de la esquinita en la que están; por eso los universitarios no hablan, porque todo lo que tenían que decir se convierte en silencio al contemplar la grandeza que hay afuera de la esquinita. ¡Ayyy, méndiga esquinita, ya me tienes harta! Todos los días llego al salón y te veo ahí pintada, nadie te borra, nadie se atreve a tocarte, de 8am a 1:30pm de lunes a jueves, ahí está la méndiga esquinita pintada en el pizarrón. Cada que me distraigo e intento escapar tan siquiera con mi mente de la clase, mi mirada termina dirigiéndose hacia la esquinita del pizarrón y cuando la veo ¡ayy, como me da coraje, me recuerda que no estoy ahí para estar cómoda, me recuerda que con cada clase a la que no pongo atención es un escalón mal puesto en mi camino. Esa esquinita hace que me duela la cabeza de tanto pensar, esa esquinita es en la que estoy ahorita y de la que quiero salir. No sé si en todos los grupos de Frías el dibujó esa esquinita, pero en mi salón sí y, sinceramente, estoy harta de estar en la esquinita, voy a construir una escalera con libros, curiosidad y disciplina para poder llegar al límite de esa esquinita y salir de una vez por todas y no volver a verla. Frías dice que, al menos, quiere que si no salimos de la esquinita, sepamos que hay algo más afuera de ella, pero yo creo que hemos pasado demasiado tiempo dentro de la esquinita como para quedarnos ahí adentro viendo a toda la gente que está afuera.

Sé que no puedo hacer que todos piensen de la misma manera que yo, reconozco que todos tenemos diferentes metas y diferentes cosas que queremos lograr, pero que alguien me diga ¿PARA QUÉ VAS A LA UNIVERSIDAD SI TE VAS A QUEDAR EN LA ESQUINITA? Se supone que la educación que estás tomando es para que te saque de esa esquinita, para que te abra las puertas al mundo que hay afuera y no quedarnos como estamos. A quien lea esto, ¡POR FAVOR, NO TE QUEDES EN LA ESQUINITA

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