“Miraba a mi alrededor, tratando de encontrar una salida a todo aquello que sentía, pero el ambiente se volvía cada vez más vacío, más silencioso y más oscuro"


 



EL SENTIMIENTO TAMBIÉN LO DICE TODO


Kimberly Nataly Escobar Almodóvar

Hoy no era un día normal. No era uno de esos días llenos de felicidad, de risas, de compañía y de momentos familiares. Era uno de esos días en los que simplemente estás tú, tus pensamientos y un montón de preguntas que parecen no tener respuesta.

Me encontraba pensando en cada actitud, en cada palabra y en cada pequeño detalle de las personas que me rodeaban. Intentaba comprender el porqué de las cosas, buscando una explicación que me permitiera encontrar un poco de tranquilidad entre tantos pensamientos. Miraba a mi alrededor, tratando de encontrar una salida a todo aquello que sentía, pero el ambiente se volvía cada vez más vacío, más silencioso y más oscuro.

Lo más difícil no era estar sola, sino sentir que aquellas personas que consideraba cercanas estaban presentes, pero su atención nunca llegaba. Y entonces comencé a preguntarme cuántas veces había necesitado que alguien me escuchara de verdad, sin tener que explicar demasiado, sin tener que pedir atención y sin tener que demostrar que algo me estaba pasando.

Pero simplemente no sucedía.

Fue entonces cuando entendí que no siempre tienes que decir todo lo que sientes. A veces, las actitudes hablan más fuerte que las palabras, y hay silencios que terminan revelando cosas que una conversación jamás podría explicar. Por eso preferí quedarme callada, observar y guardar todo aquello que tenía ganas de decir.

Me tragué las palabras, contuve las lágrimas y guardé preguntas que probablemente nunca tendrían respuesta. No porque no me doliera, ni porque no tuviera el valor de hablar, sino porque me estaba cansando de buscar explicaciones, de intentar comprenderlo todo y de esperar algo que simplemente no llegaba.

Sin embargo, también comprendí que el silencio no siempre es bueno. A veces, guardar demasiado lo que sientes puede lastimarte más de lo que imaginas. Hay palabras que necesitan salir, sentimientos que merecen ser expresados y emociones que no deberían quedarse atrapadas dentro de ti. Pero también hay momentos en los que callar te permite observar con más claridad, reconocer ciertas actitudes y entender quién realmente está dispuesto a escucharte.

Porque no siempre se trata de dejar de hablar, sino de aprender cuándo hacerlo, con quién y por qué.

Aquel día entendí que no podía obligar a nadie a comprender mis sentimientos, así como tampoco podía esperar que todos notaran lo que me sucedía. A veces, las personas están tan concentradas en sus propias vidas que no se dan cuenta de lo que ocurre a su alrededor. Y aunque eso no siempre significa que no les importes, también es válido reconocer cuando necesitas algo que no estás recibiendo.

Desde entonces, comencé a comprender que observar también es una manera de aprender, que quedarse en silencio puede ayudarte a ordenar tus pensamientos y que no todas las preguntas necesitan una respuesta inmediata.

Porque hay momentos en los que simplemente miras, sientes, piensas y entiendes. No dices nada, pero dentro de ti algo cambia. Tal vez no encuentras todas las respuestas, pero comienzas a hacer las paces con aquello que no puedes controlar.

Y al final, comprendí que el silencio no siempre significa que no tienes nada que decir; a veces, significa que estás intentando comprender todo aquello que las palabras no han podido explicarte.

Porque hay sentimientos que no necesitan hacer ruido para existir, decepciones que no necesitan una discusión para hacerse evidentes y momentos que, aunque parezcan silenciosos, terminan enseñándote mucho más de lo que imaginabas.

 

Comentarios

Hola Kimberly, cómo bien ya lo dices, a veces es muy difícil saber con quién puedes desahogarte y con quién no, porque si necesitamos hacerlo en algún punto, sino, la mente simplemente explota y se ve afectado en todo, nuestra conducta, nuestro cuerpo y es ahí donde solemos ser “impulsivos”, herimos a otras personas y demás, cada uno tenemos distintos métodos de desahogo, uno muy bueno, es la escritura, tal vez para nosotros mismos si es muy personal o puedes publicarlo y permitir apoyo de alguna comunidad, lo importante es sacarlo y no quedarnos con nada que nos lastime, incomode o incluso algo que nos haga feliz. Tú lo expones muy claro, se nota el sentimiento en las palabras, sigue así.

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