“La literatura, como la naturaleza y el primer amor, no exige experiencia, sino miradas, olores, colores, sentimientos y sentidos excitados"


 



MOTIVOS PARA AMARTE

 

Marité Ibarra

 

Estudiar la naturaleza es algo fascinante, nunca deja de sorprendernos. Tanto las plantas como los animales nos enseñan grandes lecciones en muchos aspectos. Es una gran maestra silenciosa que nos instruye sobre el arte de la vida, sobre lo hermoso de la transformación y la exquisita armonía que existe; nos recuerda quiénes somos, nos ubica en el universo y nos dice que tenemos una esencia que despedimos individualmente, un aroma propio de cada ser. ¿A roble? ¿A cedro? ¿A fresa? ¿A llovizna fresca? Cada quien tiene una fragancia peculiar que nos distingue…

La literatura, como la naturaleza y el primer amor, no exige experiencia, sino miradas, olores, colores, sentimientos y sentidos excitados; miradas ávidas, deseosas, anhelantes, capaces de ver luz entre copas de árboles, eso que brilla como las constelaciones y estrellas parpadeantes. Sí, hay una cantidad apropiada entre tranquilidad y equilibrio, un balance perfecto que se nos brinda. Universo, tierra, madre todo conjunto, es armar el mejor rompecabezas y comprender nuestra constitución humana.

Artesanos y orfebres nacen tras haber observado los árboles, los pájaros, los mares y la vida que se guarda dentro de ellos; las cosas inamovibles que están allí, en silencio, dentro de un mismo rango radiante y esplendoroso, como parte de una casa infinita que guarda grandes tesoros, algunos inaccesibles y otros que brotan para ser tomados. Es como un museo lleno de musas, y ser parte de él es un gran privilegio.

Alcornoques centellean, se mueven seductoramente como altivas mujeres que tintinean con cascabeles en sus tobillos, esos adornos de media luna que se ponen las doncellas cuando bailan. La luz se ha desvanecido debido a las nubes, pero no hay contenciones para la belleza. Me gusta ser testigo de tu lado arrogante cuando el viento sopla tus hojas.

Así tendrás un paisaje para tu nombre, un lugar propio de ti, donde hay miradas contemplativas que se sienten en el ambiente. Esa forma en que el mundo sabe del cambio de estaciones, así como, a veces, la lluvia es solo el llanto de un día triste. Y de pronto aparece un príncipe del atardecer, como vasallo dorado, montando un tenue caballo entre tiernas piruetas de algodón.

Así como la escritura es una disciplina, la naturaleza se rige por leyes y principios de supervivencia. Es un anfiteatro natural y los valles parecen pinturas reales, un accidente geográfico fascinante entre la perfección e imperfección; eso los hace aún más bellos.

El agua de la lluvia es como leche materna para la tierra; la mama sin descanso, siempre anhelante de sus diminutas partículas. Todo se conecta en un ciclo infinito, todo proviene de ella y a ella regresa. Podemos fusionarnos y disfrutar nuestra soledad, esta nos hace conscientes de nuestra propia mortalidad y fragilidad en esta vida, nos recuerda que todo es transitorio.

La vida es inmensamente preciosa y hay poesía pastoral entre el canto de las aves y el campo. Automáticamente nos conectamos con algo más grande que nosotros, así como un océano es la suma de muchas gotas de agua, y cada gota es igualmente importante.

Tengo muchas razones para amarte, madre. Una maestra increíblemente sabia, y decir que eres hermosa es poco. Siempre eres el mejor resultado posible y nos da lo mejor que posees.

 

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