“Es frustrante ver cómo los demás hablan, participan y se desenvuelven con tanta facilidad, mientras yo sigo callada"
MI SILENCIO
Gabriela
Díaz Díaz
Desde chiquita, siempre
me han dicho o han notado que no me gusta hablar.
Casi siempre cuando alguien
me hacía una pregunta, simplemente movía la cabeza
para decir sí o no, o
me quedaba mirando a las personas esperando a que alguien más respondiera por
mí.
Muchas veces me preguntaban ¿Eres muda o qué? o ¿No sabes hablar?
Preguntas que siempre ignoré porque no sentía que valiera la pena hacerles
caso. Sin embargo, aunque nunca les di mucha importancia a esos comentarios,
nunca he sabido por qué soy así. Muchas veces no hablo por miedo, otras, porque
siento que mi respuesta no es necesaria, y la mayoría del tiempo solo porque me gusta escuchar
y observar a los demás antes que meterme en una
conversación.
Con el tiempo, me
he dado cuenta de que esto sí ha sido una barrera en mi vida, porque muchas
veces no puedo expresar lo que pienso o hacer algo tan simple como participar
en clase. Es frustrante ver cómo los demás hablan,
participan y se desenvuelven con tanta
facilidad, mientras yo sigo callada.
Es frustrante tener conocimiento sobre un tema,
saber que tengo algo que aportar e incluso tener muchas ganas de
compartirlo, pero terminar sin decir nada por miedo.
¿Miedo?
Sí, aunque no es exactamente miedo a lo que los demás
puedan decir de mí. Al final del día, sus opiniones no son algo que me preocupe
demasiado. Es algo diferente, algo que pasa dentro de mí y que muchas veces ni
siquiera puedo explicar. Empiezo a sentirme nerviosa, mi corazón se acelera y,
cuando por fin llega el momento de hablar, mi mente se queda en blanco.
Es como si todas las palabras que tenía preparadas desaparecieran de
repente, dejándome sin saber qué decir.
Algo que me pasa casi todos los días.
A veces me pregunto
cuántas cosas se han quedado en mi mente por no atreverme a decirlas. Cuántas
opiniones me he guardado, cuántas preguntas no he hecho y cuántas veces he
querido participar, pero termino convenciendo de que es mejor quedarme callada.
Lo curioso es que, aunque muchas veces parezca que no tengo nada que decir
dentro de mi cabeza hay demasiados pensamientos. Pienso en lo que podría
responder, en cómo podría
hacerlo y en las palabras que debería usar todo eso para al final, no decir nada.
A veces siento
que mi silencio habla por mí, pero no siempre
dice lo que realmente quiero expresar. Porque una cosa es ser
una persona que prefiere escuchar y otra muy diferente es querer hablar y no
sentirse capaz de hacerlo.
Con todo esto, me pregunto si realmente quiero dejar de ser así o si
simplemente quiero dejar de sentirme limitada por mi propia manera de ser.
Porque no creo que ser una persona callada sea algo malo, sé que no siempre
necesito hablar para sentirme cómoda y tampoco tengo que participar en todas
las conversaciones. Hay momentos en los que disfruto escuchar y observar. El problema comienza
cuando quiero decir algo y no puedo, cuando deseo participar y mis
nervios me frenan, o cuando el silencio deja de ser una elección y se convierte
en algo que no sé cómo romper.
No quiero convertirme en alguien que no
soy, solo quisiera sentirme libre de hablar cuando realmente tengo ganas de hacerlo.
He pasado tantos años acostumbrada a esto que, en ocasiones, me resulta
más fácil quedarme callada que intentar cambiar algo que siempre ha formado
parte de mí.
Y creo que esa es una de las razones por las que decidí escribir esto.
Porque, aunque no soy buena escribiendo
y tampoco sé muy bien cómo hacerlo
de una manera correcta, así
al menos tengo la oportunidad de expresar lo que pienso y de una forma que me
resulta más fácil que hablando.
Con esto busco expresar mis pensamientos sin sentir que hacerlo es algo tan
complicado porque con esto lo puedo
lograr con tranquilidad y ponerme a pensar
detenidamente que es lo que
realmente siento, pienso y lo que quiero decir.
Lo tomo como un paso hacia que poco a poco me puedo animar
a hablar, tal vez por ahora
no usando mi voz, pero sí mis palabras.

Comentarios
Miedo
Algo que me pasa casi todos los días
cuántas cosas se han quedado en mi mente por no atreverme a decirlas
He pasado tantos años acostumbrada a esto
poco a poco me puedo animar a hablar, tal vez por ahora no usando mi voz, pero sí mis palabras.
Gaby, no tienes idea del gusto que siento al leer tu texto; tanto como el que me provoca leer a tus otros compañeros, que se atreven a escribir, muy poco todavía, pero ahí vamos para adelante por muchos alumnos que te lean y otoros que te escucharán cuando se lo leas .
Por ahora te felicito y espero sigas publicando en este Blog que te da la bienvenida
Saludos, Mtro. José Manuel Frías Sarmiento
La líneas que tomé de tu relato, creo que serán identificables