“Yo a ese lugar regresaría, una y mil veces más, por sé que siempre hay algo nuevo que ver"
¡QUE LA MADUREZ NUNCA LE QUITE LO LÚDICO A
LA VIDA!
Solangel Méndez Ruiz
Cuando
era más joven, unos 22 ó 23 tal vez, tuve a bien poder hacer mi servicio social
en un gran lugar, un lugar mágico e inigualable, una cosa monstruosamente magistral
dirían los historiadores amantes de las epopeyas, yo diría que es una forma
inigualable de albergar temáticas de algo que, socialmente hablando, es y será
irrepetible.
No
tenía yo como muchas expectativas del lugar ya que el "maps" deja
mucho a desear (tome nota de cada detalle porque el hilvanado de la historia no
pasará por un proceso de corrección, irá a cómo la escritora recuerde). El
lugar lo encontré en las hojas que daban información sobre los lugares donde
había vinculación ya establecida para el servicio social (o en su defecto se
hacía).
El maps
no lo ubicaba lejos de mi departamento, entonces fui en trolebús, me bajé en la
estación Dr. Aceves. Y caminé, llegué a la calle Dr. Olvera, una calle donde
desde la esquina lo miré, ese lugar, un poco sin color, más bien con rastro de
cómo la humedad le ha fragilizado esa capa y se está cayendo, no era lo único
que parecía un poco caído, también las figuras y sus suspensiones. Doble en la
farmacia, caminé a mitad de la cuadra, me puse frente al pie de una puerta que
abría paso a un pasillo que "subía", a mi lado izquierdo estaba un
poste lleno de stickers, habían encimados unos de otros, es más el poste en sí
no se miraba, hasta como 2 metros y medio de alto después.
Entonces
lo miré no muy segura de que tenía que hacerlo dónde fuera sí o sí atravesé ese
pasillo / escalera que se extendía a lo largo de una especie de oscuridad semi
alumbrada por el final de ello, y en el final, tampoco se miraba completamente
la luz o que se filtrara claramente, pues unas cajas apiladas les estorbaban a
las ventanas....
Entonces,
mientras subía escalón tras escalón, a mis costados había letreros, flyers de
eventos, a los cuales, alguna vez ya había asistido, bueno, no precisamente más
bien de las personas colaboradoras de dichas actividades, entonces pensé:
"Ah!
Este es el lugar"
Hubo un
evento que jamás di con el inmueble, organizado por el MUJAM, a eso me refería.
Prosigo.
Entonces,
había un bonito letrero, de madera, de estilo cirquero que tenía una mano
apuntando a un específico interruptor, el timbre.
"Toque
una sola vez por favor"
O algo
así creo que decía, pero si invitaba a no persistir en el timbre, alguien
atendería pronto. Entonces espere,
detrás de esos barrotes amarillos por reja/puerta con el que contaba. Y ahí
apareció, una persona que me pasó y me invitó a sentarme, tuve mi entrevista
con, en ese momento, quien sería mi jefa inmediata Tirsa.
Me dijo
que podía darme un roll, como para asegurarme de que quería estar ahí, y
entonces lo miré bien.... Un trompo gigante de madera en la entrada que
semejaba sostener la puerta, miles de juguetes que jamás mis ojos habían visto,
los pasillos cuál zigzag, se extendían a lo largo de mi mirada, una vitrina
sobre otra, con decenas de juguetes dentro, te trasladaban de una historia a
otra de la infancia, mirando las figurillas en las vitrinas supe que era el
lugar indicado, era un lugar en el que me sentí cómoda a pesar de la frialdad,
de la poca luz, del "cúmulo" de cosas (dirían en el maps).
Me
aceptaron, no tarde mucho en hacer amistades en ese lugar, chicos con los que
compartía mesa, a los del servicio nos tenían en una mesa central en medio de
la oficina y las personas de "base" por denominarle así, tenían su
propio espacio en escritorio. El espacio
es de estilo privado, la colección le pertenece al Arquitecto Roberto Shimizu,
una gran familia de japoneses. El sr.
Shimizu (grande, más adelante explicaré) me enseñó demasiadas cosas, a pesar de
que dijeran en el maps que siempre trata mal a sus empleados, es un señor
que.... Me recuerda al dueño del blog, con ese humor raro y difícil de descifrar,
con esa cabeza ni blanca ni oscura, sino un tono gris aseo, con un porte
formal, zapatos y pantalón de vestir, camiseta siempre bien planchada... Hasta
la misma inquietud de provocar el pensamiento y que se muevan los engranajes.
Sin
embargo Shimizu tenía unos gustos que la verdad, me parecían muy propios, fascinantes
pero lo mejor es que, yo los compartía. Recuerdo con mucho cariño es el hecho
de cómo intentaba crear en nosotros el sentido de pertenencia (claro esto de la
teoría z de organización, cosas de japoneses" digo yo) y pues realmente me
parecía curioso ver un japonés tratando y empeñándose en recuperar legado
mexicano cultural: Los Juguetes.
Tal vez era porque quería que su museo fuera patrimonio cultura, quizás era un pretexto para tener sus recuerdos de la infancia (que desde la perspectiva infante es algo que cuesta: des hacerte de tus juguetes), quizás era porque creció en México y tiene un aprecio singular y el juguete es la forma de transmitir no sólo conocimiento sino una forma de contextualizar la época y ya saben, dicen que el pueblo que no conoce su historia esta condenada a repetirla.
Una de
las cosas que más recuerdo es la historia de los juguetes de plástico de
inyección, ya saben estos monitos típicos de lucha libre que tienen la figura
del Santo o el blue demon, esos que tienen una rebabita al rededor porque son
de molde, solían fabricarse en masa para poder saciar dos cosas: demanda y
precio bajo. Era así como antes, eso era el juguete de moda (la verdad yo de
muy morrita si hacía distinción (muy grave digo ahora) entre una muñequita del
mercado y una Barbie, yo siempre quería la segunda) y recuerdo la organización
de intervención de los monitos de lucha libre, dicha intervención consistía en
dos monos por artista (creo que fueron como 7 artistas) de estos se “venderían”
a cambio de víveres, el objetivo era recaudar insumos para donar pues en ese
momento el 2017 sorprendió a la zona metropolitana.
De esta
manera, la dinámica fue simple: el artista decidía en precio monetario: ¿cuánto
quería recibir por esa obra? la cual se terminaba traduciendo a (por ejemplo)
un papel de baño de 6 piezas, dos atunes, un paquete de toallas sanitarias, por
decir un ejemplo; ya que la ciudad de México volvió a verse en la crisis del 86,
con un temblor que dejó grandes estragos, y yo, lo viví de primera mano, no
sólo participar en actividades de ayuda, sino que también el temblor (justo me
agarro el temblor en dicho edificio en junta con el Shimizu, pero eso es otro
texto).
Recuerdo
que solía periódicamente haber talleres de cartonería y exhibiciones de ello,
además de que cada espacio alberga un recuerdo para cada época, en algún
momento hubo una búsqueda del juguete, se organizó una tipo lotería y habría
que buscarlos, la verdad que al vivir esa actividad me di cuenta de la magnitud
de recepción de figuras en dicho recinto, debo decir que encontraba siempre
algún juego, juguete o pieza de entretenimiento antigua cada vez que me daba mi
rondín para apagar las luces de las salas (era mi actividad favorita justo por
eso).
Otro de
los eventos que recuerdo es también la exhibición de muñecas Lili Ledy, creo
que haber conocido al coleccionista César y conocer su pasión por tener a estas
piezas, dichas muñecas también son de este plástico, se comercializaron por los
años 60’s 70’s y no sé mucho sobre ello, la verdad les mentiría, sólo sé que
fueron importantes en la industria porque eran cien por ciento mexicanas (el
ensamble y todo el proceso de manufacturación).
Otras
piezas muy imperdibles son las muñecas de porcelana de tamaño grande que se
tienen, recuerdo que a veces iban grupos de primaria enteros y cuando pasaban
por esa zona en específico decían que era la Annabel.
Cómo
olvidar también las colecciones de juguetes de madera, como carritos, baleros,
maracas, muñecos articulados y hasta caleidoscopios gigantes, de hecho hablando
de escalas, recuerdo que tenía de estos juegos mecánicos grandotes, en la
última zona, parece como una feria que aún no abre, claro son viejos los juegos
y al ser de metal pues el paso del tiempo será inevitable notarse, cómo la
chalupita de material como de lata o hojalata que se movía por energía del calor de
una vela, es que, no sé como explicarlo, también la cajita musical alemana que
no era como una caja musical que tu conocieras, era pesada, cuadrada y con
mucho estilo así barroco garigoleado y no tenía una bailarina además la música
era diferente, muchas cosas que conocí que jamás me hubiera imaginado si eso
existía o si era de forma diferente a mi país.
Juguetes que salían en los programas de antes de muchísimo antes, juguetes de otros países que se comercializaron aquí que dan pie a entender qué tipo de personas podían tenerlos, canicas, los famosos Tonka, en fin.
En el
museo del Juguete Antiguo México todas las salas están intervenidas, la
búsqueda para quién intervenía la sala de Lili ledy fue concluida por mí, la
oportunidad la tuvo un grafitero que se hace llamar “Un mexicano ardiente” el
pikos.
La sala
de la barbie (es tooodo un departamento entero que tiene no sé, cientos de
barbies y en serio creo que no exagero, el coleccionista de repente iba y
dejaba y dejaba y dejaba!) también estuvo intervenida por el Maick A.
Hubo
una sala que sinceramente me hubiera gustado que se le hubiera dado más … No sé
si mantenimiento o difusión o cuidado por parte de los artistas, que combinaba
la intervención de reciclado con consolas de videojuegos, y tenían una obra a
la que le adjuntaron este ring donde los muñequitos se golpeaban la barbilla y
salía como que la cabeza hacia arriba como si fuera un super mega upper, unas
intervenciones muy buenas que reflejaban como la nueva era del juego, la sala
de los Arcades.
Art
toys fue creo la primera organización que me dejaron a cargo y ahí descubrí
cuanto puede significar algo hecho a mano, los artistas no querían dejar sus
piezas y pensé en este hecho de cómo se vuelven esas cosas invaluables, o sea,
no me imagino el día de que salga una noticia y digan “el último yoyo del
mundo”, sabes? Esas y mas cosas eran las que pensaba cuando tuve el valor de
andar en bicicleta en la gran Avenida “Eje Central” hasta llegar a la siempre
oscura escalera.
Cuando Frías comentó sobre los juegos tradicionales tuve una serie de flashazos tan rápidos pero demasiados, la vitrina de los mil aviones, el patio con los juegos de la Feria de Chapultepec, los trompos de madera a lo largo de todo el museo, las colecciones de juguetes de bimbo, el arquitecto diciéndonos que la hello Kitty no es coleccionable y las razones por las que no tendrían un lugar fijo en el recinto por lo del marketing que se maneja, ah! y el negro. No bueno, hasta no sólo el piso que es de un vidrio resistente (porque se aprecia desde arriba la sala de abajo) sino todas las veces que las infancias me miraban con sorpresa cuando me paraba en el vidrio al momento de las visitas guiadas y les decía que vieran de frente al negro.
En todo
este momento de redacción es donde me doy cuenta que Shimizu forjó en mí algo
que creo que no había descifrado al cien por ciento, el hecho de cómo es
importante no sólo lo lúdico, sino que la preservación de estas formas que, con
todas las herramientas que en la upes he “recogido”, transmiten mucho más que
sólo un juego con reglas; es sociedad, es historia, es legado.
Quizás
las reseñas del maps son tan malas que sí, los del servicio pensamos en un
momento de “flujo” hacer un roastyourself al mismo museo, en serio que hasta
Tirsa se divertía mucho con nosotros, o eso creo, además puede que del
arquitecto Shimizu se hable de un humor raro pero el hecho de que tuviera un
empeño profundamente constante, me habla de un japonés que también esta
preservando la identidad de México a través de los 4 o 5 pisos de construcción
de dicha colección.
Yo a
ese lugar regresaría, una y mil veces más, por sé que siempre hay algo nuevo
que ver.

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