“Y mientras tengamos preguntas que hacer, páginas que abrir y decisiones que tomar, todavía podremos escribir lo que sigue"
Lo
que queda cuando miramos las estrellas
—Celso
Gilberto Guzmán Félix
Hay
noches en las que el cielo parece estar más cerca. No porque las estrellas
hayan descendido, sino porque nosotros, por un momento, dejamos de mirar el
suelo. Desde hace miles de años, los seres humanos han levantado la mirada y se
han hecho preguntas: ¿de dónde venimos?, ¿por qué estamos aquí?, ¿qué existe
más allá de lo que podemos ver?
Quizá
una de las ideas más hermosas sea ésta: somos polvo de estrellas.
Los elementos que forman nuestro cuerpo alguna vez estuvieron dentro de
estrellas que existieron mucho antes que nosotros. Cuando esas estrellas
murieron, esparcieron por el universo los elementos que algún día formarían
planetas, animales, plantas y personas.
Eso
significa que mirar las estrellas también es mirar nuestro propio origen. Somos
materia que aprendió a caminar, recordar, imaginar y hacerse preguntas. Somos
una pequeña parte de un universo inmenso que, después de miles de millones de
años, consiguió observarse a sí mismo a través de nosotros. Somos el
universo contemplándose a sí mismo.
Tal vez
por eso existe la lectura. Un libro también es una ventana hacia algo que no
podemos alcanzar directamente. Al abrir sus páginas podemos conocer otras
épocas, lugares, pensamientos y vidas. Podemos viajar sin movernos y descubrir
ideas que cambien nuestra manera de ver el mundo.
Pero
leer también nos obliga a detenernos. Una página lleva a otra, una idea conduce
a una pregunta y una pregunta puede llevarnos hacia algo que nunca habíamos
imaginado. Así comienza algo importante: aprender a pensar por nosotros mismos.
Durante
mucho tiempo podemos esperar que las cosas sucedan solas. Esperamos el momento
adecuado, una oportunidad o que alguien nos diga qué hacer. Sin embargo, llega
un momento en la vida en el que comprendemos que lo único que pasa es
aquello que hacemos que suceda.
No
significa que podamos controlar todo. Existen cosas que están fuera de nuestras
manos. Pero nuestras decisiones sí nos pertenecen. Podemos abrir un libro o
dejarlo cerrado, preguntar o permanecer en silencio, intentar algo nuevo o
convencernos de que no vale la pena.
Quizá
leer sea una de esas pequeñas decisiones que pueden cambiar algo. Una frase
puede quedarse en nuestra memoria durante años y regresar cuando más la
necesitamos. Una historia escrita hace siglos puede llegar hasta nosotros y
hacernos pensar.
Mientras
las estrellas continúan naciendo y desapareciendo en lugares que probablemente
nunca conoceremos, nosotros seguimos leyendo, imaginando y creando.
Somos
polvo de estrellas, pero también somos historias. Y mientras tengamos preguntas
que hacer, páginas que abrir y decisiones que tomar, todavía podremos escribir
lo que sigue.

Comentarios
Creo que las estrellas siempre han inspirado a las personas a escribir, así como la Luna y el Sol.
Bonito texto.
Saludos!!!