Semana Nacional de Juegos Tradicionales Mexicanos
“Fue un día de salir a jugar con las amigas de la cuadra y que la mamá de una de ellas nos invitara a comer, ese viernes me acordé de cómo era ser niña otra vez"
¿A
qué jugamos ahora?
Mariana López Díaz
El viernes llegue a la universidad como siempre, cargada de
libretas, la laptop y el estrés de estar haciendo una tesis que parece que
durará la vida entera, pero cuando salimos al receso algo cambió, el tiempo
dejó de hacerle caso al calendario y me vi de 8 años otra vez, en el patio de
la primaria, se me olvido que tenia que exponer, el estrés de la casa, si
cambiar o no mi tema de investigación y esa indecisión se volvió un ¿qué juego
primero? mientras unas saltaban la cuerda yo me puse a dibujar un stop
en el suelo, yo planeaba hacerlo de países, una batalla geográfica, pero me
dijeron, que mejor de frutas, -yo kiwi, yo fresa, yo pera- se escuchaba y
después note que 12 lugares no eran suficientes pues a todas nos emociona y
llenaba de adrenalina el momento de escuchar el esperado “declaró la guerra en
contra de mi peor enemigo que es…” ese momento es eterno, sentía que mi corazón
se detendría y tenía que poner toda mi atención pues en un momento debes
brincar al centro y gritar stop o salir disparada en sentido contrario
por ser la que llega más lejos y que no puedan medir con cuantos pasos llegar a
ti.
Después de
mucho correr cambiamos de juego, hicimos dos equipos y el primero se puso el
elástico en los tobillos, el segundo equipo tenía que brincar en sincronía
evitado estar del mismo lado, pues todos saben que eso es sinónimo de
descalificación y si eso no era suficiente presión tenías que cuidarte de los
que jugaban quemados, mi nariz todavía se acuerda de ese golpe que me dejo
llorando horas después de recibir una pelota directa a mi cara, entonces
teníamos que estar alerta.
Cuando nuestras
energías bajaron, el sudor llenaba nuestras frentes y el aire faltaba,
transformamos el juego de patio por el juego por excelencia de toda fiesta
mexicana, -la escalera, el bandolon, la estrella-, mi mala suerte me jugo en mi
contra a penas logre hacer cuatro esquinas cuando escuché gritar -¡buenas!- al
otro lado de la mesa, pero por suerte no había dinero en juego, solo las risas,
que se vieron coronadas con la llegada de la directora Mayra quien nos vio y
nos dijo que para que juguemos a gusto nos invitaban a todas a comer, el profe
Frías se picho las cocas y las carcajadas se volvieron solo sonrisas
concentradas en la cochinita de las tortas.
A la hora de la salida no pensamos en que fue un día de clases, fue un día de salir a jugar con las amigas de la cuadra y que la mamá de una de ellas nos invitara a comer, ese viernes me acordé de cómo era ser niña otra vez.

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