"Los maestros no sólo nos enseñaron contenidos o conceptos; también nos enseñaron a pensar, a resistir y a seguir adelante"
EN UNA ESCUELA DONDE NO FORJAN MAESTROS, FORJAN HÉROES
Manuel Montes
Nadie sabe cuánto
puede impactar un maestro en la vida de un alumno hasta que el paso del tiempo
le permite reconocer la huella que dejó en ella.
Llego a mi
universidad todos los días alrededor de las 7:40 de la mañana. Al entrar y
saludar a las personas que me encuentro, ya me siento lleno de alegría. Si mi
mente venía inundada de pensamientos asfixiantes, basta con cruzar la entrada
para que la mayoría de ellos se minimicen. Sigo mi camino y, antes de llegar a
mi salón, ahí está uno de mis profesores. Contemplando con admiración el mural
de la universidad, con esa mirada curiosa y llena de experiencia que yo
desearía tener siendo joven. Después de un breve saludo que termina
convirtiéndose en una charla diez minutos de conversación, continúo mi camino
hacia el aula, ahora con más prisa que antes.
Entro y doy los
buenos días a todos, uno en el que expreso, aunque sea en silencio, gratitud
por estar un día más ahí y porque mis compañeros me acompañen en este
recorrido. El día sigue y la presencia de cada maestro se hace notar en el
aula, en la plaza cívica, en los pasillos, en la cafetería, en la dirección y
en cada uno de los espacios de la universidad. Cada maestro es único. Cada uno
tiene su propia forma de evaluar, de enseñar y de relacionarse con sus alumnos.
Pero, sobre todo, cada uno tiene su propia forma de impactar vidas.
Y no hablo únicamente
de una buena planeación o de una excelente estrategia de enseñanza. Hablo de
esos momentos en los que, al combinar el conocimiento con la experiencia,
terminan compartiéndonos algo mucho más valioso: una lección de vida. Un
consejo que quizá para ellos fue una simple reflexión, pero que para nosotros se
convierte en una herramienta para enfrentar el futuro.
Porque, ¿quién no ha
pensado en sus maestros cuando la vida le pone una prueba? ¿Quién no ha
recordado alguna de sus palabras en un momento de duda o incertidumbre? A veces
creemos que olvidamos lo aprendido en el salón, pero cuando más lo necesitamos,
el subconsciente rescata aquellas enseñanzas y las trae de vuelta. Entonces
comprendemos que los maestros no solo nos enseñaron contenidos o conceptos;
también nos enseñaron a pensar, a resistir y a seguir adelante.
Al terminar mi primer
año de este largo camino para convertirme en maestro, hoy me detengo a observar
todo lo que he recorrido hasta aquí. Veo los aprendizajes adquiridos, las
experiencias vividas, los errores que me ayudaron a crecer y a todas las
personas que han contribuido a mi formación. Y lejos de sentir que he avanzado
demasiado, me llena de entusiasmo ver todo lo que aún me falta por recorrer.
Mientras más aprendo
sobre la docencia, más comprendo la enorme responsabilidad que implica. Ser
maestro no es únicamente transmitir conocimientos; es influir en personas,
acompañarlas en una etapa importante de sus vidas y, muchas veces, convertirse
en una referencia que permanecerá con ellas durante años.
Uno de mis profesores
me preguntó en una de sus clases: “Sin importar lo material, ¿qué es lo que más
desean en la vida?, ¿hasta dónde quieren llegar?, ¿cuál es su meta?”. En ese
momento respondí que quería ser alguien que impactara la vida de los demás.
Hoy corrijo esa
respuesta.
En realidad, no
quiero simplemente impactar la vida de los demás. Quiero convertirme en ese
maestro que permanece en la memoria de sus alumnos mucho después de que termina
la clase. Quiero ser ese sujeto cuyas palabras regresan a la mente de alguien
cuando la vida le presenta una dificultad. Quiero ser esa persona que, sin
darse cuenta, ayuda a otro a encontrar dirección, confianza o esperanza en un
momento importante.
Quizá algún día esté
frente a un grupo de estudiantes. Quizá alguno de ellos recuerde una conversación,
una enseñanza o un consejo cuando tenga que enfrentar una prueba que yo nunca
llegaré a conocer. Y si eso sucede, entenderé que he honrado el ejemplo de
quienes hoy admiro y agradezco.
Por eso creo que existen escuelas donde no solo se forman maestros. Existen escuelas donde se forman héroes. Héroes que no usan capa, que no aparecen en historias extraordinarias y que rara vez reciben el reconocimiento que merecen. Héroes que transforman vidas desde un aula, un pasillo o una conversación de diez minutos. Héroes cuya verdadera grandeza solo puede medirse con el paso del tiempo y a través de las huellas que dejan en el corazón de sus alumnos.

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