“Frías e Ian son personas cultas que se enseñan el uno al otro, edades y épocas diferentes, ambos son hombres, imponentes y con presencia"




 

“EL MAESTRO FRÍAS LEE LA MENTE”

 

María Fernanda Acosta Tarín

 

La clase comenzó con la pregunta de Ian: ¿alguien conoce la historia del barco de Teseo? Todas respondimos que no así que Ian siguió con su clase explicándonos la historia del barco de Teseo y mientras más escuchaba, más recordaba. Yo no sabía que un paradigma que había descubierto hace mucho era sobre el barco de Teseo. Al terminar la explicación nos puso una actividad, debatir, si el barco de Teseo se le cambiaran todas sus piezas, pero es la misma estructura ¿sigue siendo el barco de Teseo? El salón se dividió en dos la mitad derecha: debía estar a favor de ese argumento dando las razones por las que sí era el mismo barco y la mitad izquierda debía probar argumentos en contra. Yo pertenecía al bando en contra lo cual no era de mi agrado, porque yo era de las creyentes que el barco de Teseo sí seguía siendo el mismo, hasta me dieron la posibilidad de cambiarme de lado para seguir mi idea, pero decidí quedarme en cierta parte para no moverme y más importante aún me daba curiosidad saber los argumentos en contra de mi idea, suena una canción y empiezan los seis minutos de diálogo, lluvia de ideas y que mi mente cambiara de opinión. Seis minutos, seis minutos para cambiar una idea, seis minutos, son muy poco tiempo, en ese tiempo te lavas los dientes o haces un café. Y yo cambié mi perspectiva sobre el barco de Teseo. No fue que me dejara llevar sino que seguí el método Aristotélico, mi primera impresión por la lógica, fue pensar que el barco sí era el mismo, pero después investigué, analicé mis opciones y llegué a la conclusión que el barco no podía seguir siendo el mismo, el barco no tenía identidad, nunca tuvo un nombre propio, desde mucho tiempo se tiene la creencia que un barco debe tener un nombre para la suerte, identidad o porque ahí están las almas a veces de los dueños, además es importante recalcar que Teseo solo llegó en el barco no cambió todas las piezas él y mucho menos lo manejaba, la tripulación cambió, el dueño cambió, sus piezas cambiaron, ¿por qué el barco tendría que ser el mismo?  

Lo único que no cambió fue su historia, comparándolo con las personas o conmigo mi historia siempre será la misma porque ya pasó, yo la conozco, pero yo día a día cambio, en mentalidad, experiencias, físico, todo.  

Entonces si yo no soy la misma y cambié igual que el barco, porque el barco sería el mismo. Entonces ese debate no íbamos a llegar a una conclusión en pocos minutos, pero sí llegamos a una reflexión propia y al menos yo yéndome con curiosidad por seguir cuestionándomelo, así la decisión que me tomó menos de 6 minutos cambiar lleva en mi mente intacta dos días.

Regresando tres días atrás, antes de la clase del maestro Frías, estaba divagando por mi mente sobre si ¿existe la gente tonta? Y si sí ¿el maestro Frías tendría amigos tontos? Ya que, aunque hay amigos a los que debes aprenderles algo o beneficiarte de alguna manera, hay amigos para los que cambiaste tanto o ellos cambiaron tanto y se siguen en puntos completamente opuestos de sus vidas donde se benefician los unos con los otros que lo único que los mantiene ahí es la nostalgia de momentos pasados tan buenos. Claro que toda esta incógnita no me la respondió en ese momento, pero como si hubiera leído mi mente la noche anterior me ayudó a encaminar mis dudas explicando cómo al rodearte de personas menos inteligentes que tú o que no te enseñen nada, te va a estancar.

Me llamó la atención como el maestro Frías llama “casi amigo” a Ian, alguien mucho menor que él con menos experiencia y estudios, así que fue ahí cuando los comparé: Frías e Ian son personas cultas que se enseñan el uno al otro, edades y épocas diferentes, ambos son hombres, imponentes y con presencia, tienen seguridad y son igual de respetuosos y mal hablados, pero me genera otra duda que noté fue colectiva ¿por qué el maestro Frías intimida más que Ian? Mi conclusión fue a medias porque me sigo estancado en la parte de Frías. Pero me inclino a la teoría de cómo no busco validación, impresionar o no me afecta la opinión que tenga Ian sobre mí porque lo desconozco, no me aterra y como puede ser momentáneo en mi vida como puede que no, lo veo, respeto y noto lo culto que es, pero sigue sin generarme ese sentimiento sin nombre que genera Frías, yo lo llamo “Frías lee la mente”. 

Algo que me puse a pensar cuando Frías hablaba con Ian sobre el gusto por enseñar, me di cuenta que yo conviví poco con maestros con tanta vocación, sí los tuve claro, pero viendo en perspectiva al pasado e investigado la historia de mis maestros muchos no querían ser maestros algunos solo lo fueron por heredar una plaza, porque lo creían más fácil o porque fueron sus limitaciones las que no le permitieron estudiar otra cosa, pero no todos fueron así hubieron quienes tenían mucha vocación que me guiaron a muchas cosas. Pero ahora noto la importancia de la vocación porque como lo dijimos en clase, en nuestras manos está educar a los niños que acabarán con esta narco-pandemia y narco cultura. Por eso me gustó la clase de Ian, con su clase me motivó tanto como el maestro Frías a querer aprender más cosas, a no perder el gusto de conocer o esclarecer, por querer ser alguien más culta y desarrollar aún más mi inteligencia.

Comentarios

Anónimo dijo…
Compañera Acosta, que bueno que reconoce la dedicación de su compañero y de su maestro. Eso es bueno. Son ejemplos ellos. La última parte referida a la vocación también está buena. La felicito.

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