“Era extraño mirar fotografías de una época en la que yo todavía no existía, como si pudiera asomarme por un pequeño agujero hacia una vida que había ocurrido antes de mí"
HERMANO DE MI ALMA
Celeste Giselle Quintero
Plata
Para
empezar, yo soy hija única… bueno eso creía hasta ayer.
Todo
comenzó con una fotografía que ni siquiera estaba buscando, un día, Alicia, una
compañera de la universidad, me pidió una foto de mis papás cuando eran
jóvenes.
—Es
que cuando me enseñaste una foto de tu papá dije: “¡Wow! ¡Tienes toda la cara
de tu papá!” —me había dicho ella entre risas.
Yo
también me reí.
—Está
bien, buscaré una, cuando encuentre una, te la mando.
Sabía
que mi mamá tenía un álbum con fotografías antiguas, así que fui a buscarlo,
pensé que sería sencillo, encontraría el álbum, buscaría alguna fotografía de
mis papás jóvenes, le tomaría una foto y se la enviaría a Alicia, pero al fondo
del closet encontré otro álbum, era más viejo, mucho más viejo, estaba guardado
entre otras cosas que parecían haber sido olvidadas por el tiempo, era un álbum
grueso, blanco, aunque los años lo habían vuelto amarillento, algunas partes
tenían pequeñas manchas de humedad y las hojas desprendían ese olor que tienen
las cosas que llevan demasiado tiempo encerradas.
Lo
abrí y me quedé ahí, no sé cuánto tiempo pasó, comencé a mirar fotografías de
personas que reconocía y de otras que jamás había visto, había fotografías de
mi familia antes de que yo existiera, mis papás cuando eran jóvenes, mis
bisabuelos, abuelos, tíos, familiares que ya no estaban, casas que ya no
existían, lugares que apenas podía reconocer, me imaginé aquellos momentos,
pensé en cómo sería la vida de mis papás antes de que yo naciera, qué estarían
haciendo, qué problemas tendrían, qué cosas los hacían reír.
Era
extraño mirar fotografías de una época en la que yo todavía no existía, como si
pudiera asomarme por un pequeño agujero hacia una vida que había ocurrido antes
de mí, seguí buscando la foto perfecta donde se miraran sus caras bien y
entonces saqué unas fotografías que estaban sueltas entre las páginas y algo
cayó al suelo, era una hoja, me agaché para recogerla, era una carta vieja
doblada varias veces, toda amarillenta, la humedad había dejado algunas marcas
en el papel y la tinta ya no se veía tan oscura como seguramente se veía el día
en que fue escrita, no tenía idea de qué era, la curiosidad me mato y pues la
abrí y empecé a leer, las primeras palabras hicieron que me quedara quieta.
“Yo,
Elizabeth H., por medio de la presente quiero constar que me encuentro y me
siento muy bien de mis facultades mentales para ceder todos los derechos
concernientes a la bebé a los señores Susana P. y Crispín Q…”
Me
detuve y volví a leer los nombres.
Susana
P. y Crispín Q. Mis papás, sentí una especie de vacío en el estómago, pero
seguí leyendo.
La
mujer decía que cedía todos los derechos sobre una bebé a mis padres para
beneficio de la niña, para que ellos pudieran darle seguridad y un futuro
estable, pero entonces llegué a una frase que me hizo dejar de respirar por un
instante.
La
bebé había nacido el 17 de noviembre de 2007.
Mi
fecha de nacimiento, miré la hoja, después miré nuevamente la fecha, no, no
podía ser, volví a leerla.
17
de noviembre de 2007.
La
misma fecha, la fecha en la que yo nací, por primera vez en mi vida tuve una
duda que jamás había imaginado tener:
¿Y
si yo no era quien creía ser?
Me
quedé sentada en el suelo con aquella carta entre las manos, mi mente comenzó a
llenar los espacios vacíos.
¿Quién
era Elizabeth? ¿Por qué estaba entregando una bebé? ¿Por qué a mis papás? ¿Por
qué aparecía mi fecha de nacimiento? ¿Por qué yo nunca había escuchado aquella
historia?
Pensé
que quizá Elizabeth era una jueza, tal vez era una mujer que había ayudado a
mis papás con algún trámite, quizá todo era un error, un malentendido, una
broma, quizá la carta pertenecía a otra familia, pero pues los nombres eran
demasiado exactos.
Y
la fecha… la fecha era imposible de ignorar.
Intenté
buscar información sobre Elizabeth, no encontré nada que pudiera aclararme las
cosas, cada minuto que pasaba, la carta parecía más extraña.
Finalmente
fui con mi mamá, la encontré y le dije:
—Mamá,
¿qué significa esto?
Le
entregué la hoja y la tomó, comenzó a leer y algo cambió en su rostro, no fue
sorpresa, fue reconocimiento, como si esa hoja hubiera regresado de un lugar
que ella llevaba años intentando olvidar.
Me
miró, después volvió a mirar la carta.
—¿Dónde
encontraste esto?
—En
el álbum viejo.
Mi
mamá permaneció callada y yo esperaba una explicación.
Pero
en cambio me dijo:
—La
niña de esa carta eres tú.
Sentí
que el corazón me golpeaba el pecho.
—¿Entonces
soy adoptada?
Mi
mamá negó con la cabeza.
—No.
Aquella
respuesta me confundió todavía más.
—Entonces,
¿qué significa?
Mi
mamá respiró profundamente.
Y
fue entonces cuando me contó algo que cambió por completo el significado de
aquella carta, pues la bebé de la carta no era realmente el centro de aquella
historia.
Había
alguien más, un niño, un niño llamado Ángel y Ángel era mi hermano, por un
momento pensé que había escuchado mal.
¿Mi
hermano?
Mi
mamá me explicó que Ángel era hijo de mi papá, tenía aproximadamente un año más
que yo, pero su historia era completamente diferente a la mía, su mamá,
Elizabeth, no se hacía cargo de él, según lo que mi mamá recuerda, lo sacaba a
la calle para poder meter hombres a su casa, el niño quedaba expuesto, sin
cuidados y prácticamente abandonado, mi mamá comenzó a cuidarlo, lo bañaba, lo
alimentaba, lo mantenía limpio, lo protegía como podía y lo hizo sin saber al
principio que aquel niño llevaba la sangre de mi papá, mi mamá siempre había
notado cierto parecido entre Ángel y yo, pero no sabía por qué, hasta que
descubrieron que Ángel era hijo de mi papá, entonces mi mamá quiso adoptarlo y
Elizabeth estaba dispuesta a entregarlo, pero había un problema, Ángel no tenía
documentos, no tenía acta de nacimiento, no tenía vacunas registradas, no tenía
prácticamente ningún papel, era como si aquel niño hubiera nacido y, para el
mundo, nunca hubiera terminado de existir.
Mi
papá tuvo miedo, no de Ángel, si no de lo que podía suceder después, tenía
miedo de llevarlo desde Baja California hasta Sinaloa y que en algún momento
alguien pudiera detenerlos, reclamar al niño o quitárselo porque no existía
ningún documento que demostrara legalmente quién era, así que no lo adoptaron,
nos vinimos para Sinaloa con todo el dolor en el corazón de mis papas, después
unca volvieron a verlo, mi mamá terminó de contarme la historia algo triste,
pues era un niño al que quería muchísimo.
Yo
seguía pensando en la carta, la misma carta que me había hecho creer que estaba
descubriendo algo sobre mi propio nacimiento, ahora tenía otro significado, de
alguna manera, aquella hoja había quedado guardada durante años junto a
nuestras fotografías, esperando a que alguien la encontrara y fui yo.
Entonces
le pregunté a mi mamá:
—¿Cómo
sé que Ángel realmente existió?
Mi
mamá no respondió inmediatamente.
Después
comenzó a buscar entre las fotografías mientras yo la observaba, no sabía qué
estaba buscando, hasta que sacó una fotografía pequeña y me la entregó, la miré
y sentí que algo dentro de mí se rompía, ahí estaba él.
Ángel,
un niño pequeño y junto a él yo recién nacida, los dos aparecíamos juntos en
aquella fotografía, dos niños, mi hermano y yo.
No
recordaba ese momento, no recordaba haber estado con él, no recordaba su voz,
no recordaba haber jugado con él, pero la fotografía no necesitaba que yo lo
recordara, la fotografía estaba ahí para decirme: Esto ocurrió.
Por
primera vez comprendí lo extraño que puede ser el pasado, puedes olvidar a una
persona, puedes olvidar un lugar, puedes olvidar una tarde, pero el pasado no
siempre te olvida a ti, a veces deja una fotografía, a veces deja una carta, a
veces deja una pregunta y luego espera años para que la encuentres.
Miré
nuevamente a Ángel, me pregunté dónde estaría, si habría crecido, si alguien lo
había cuidado, si había tenido una familia, si conservaba su apellido, si
alguna vez preguntó por su padre, si alguna vez supo que tenía una hermana y
después apareció una pregunta todavía más difícil.
¿Estará
vivo?
No
tengo una respuesta, no sé qué fue de él, no sé dónde terminó su historia, no
sé siquiera si su historia terminó y quizá eso es lo que más me inquieta,
porque hay personas que se van y dejan un lugar vacío, pero también hay
personas que desaparecen y dejan una historia abierta.
Ángel
es una historia abierta, una historia que comenzó antes de que yo pudiera
recordarla y que, sin embargo, llegó hasta mí muchos años después escondida
dentro de un álbum viejo, yo solo buscaba una fotografía de mis papás jóvenes
para enseñársela a Alicia, nunca imaginé que terminaría encontrando una
fotografía de mi hermano, nunca imaginé que, buscando el pasado de mis padres,
encontraría una parte de mi propio pasado que no conocía, nunca imaginé que una
carta vieja sería capaz de hacerme cuestionar mi nacimiento, mi familia y hasta
la existencia de una persona que lleva mi misma sangre, ahora la carta está
conmigo, también la fotografía, las dos cosas que durante años permanecieron
juntas sin que nadie supiera lo que significaban.
A
veces pienso que quizá los objetos no guardan recuerdos, guardan posibilidades,
la carta pudo haber terminado en la basura, la fotografía pudo haberse perdido,
el álbum pudo haberse deshecho por la humedad y entonces yo jamás habría sabido
que Ángel existió o quizá eso era precisamente lo que tenía que pasar, quizá
algunas historias no desaparecen, solo esperan.
Y
desde ayer, cada vez que vuelvo a mirar aquella fotografía, ya no veo
simplemente a dos niños, veo una vida que pudo haber sido, un hermano que nunca
tuve la oportunidad de conocer, una parte de mi familia que permaneció
escondida y una pregunta que no sé si algún día tendrá respuesta, porque no sé
dónde está Ángel, no sé qué nombre lleva ahora, no sé qué rostro tiene después
de tantos años, no sé si alguna vez pensará en nosotros, no sé si algún día
alguien le contará la historia que yo acabo de descubrir.
Pero
si algún día llega a leer estas palabras, quisiera que supiera algo:
Hubo
alguien que, muchos años después de que desaparecieras, encontró una fotografía
y en ella te reconoció sin recordarte, hubo alguien que sostuvo tu imagen entre
sus manos y se preguntó quién eras, hubo alguien que buscó tu nombre dentro de
una historia que parecía no tener final y hubo alguien que, aunque nunca pudo
conocerte de verdad, descubrió que eras parte de ella.
Esa
persona soy yo, tu hermana, todavía guardo esta fotografía, como prueba de que
alguna vez estuvimos juntos, no sé dónde estás, ni qué fue de aquel niño que
conocí, solo sé que, aunque el tiempo haya borrado casi todo, no ha podido
borrarte de mí, quizá algún día vuelva a encontrarte.
Y
si no… al menos sabré que una vez tuve un hermano llamado Ángel.

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