“Entre todo lo que tiene Culiacán, también hay algo mío: mis recuerdos, mis experiencias y una pequeña historia que comenzó el día en que llegué aquí sin imaginar todo lo que esta ciudad iba a significar para mí" 





CULIACÁN DESDE MIS OJOS


Juana Yudith Ramírez Lerma


 

Yo vengo de un rancho, de un lugar donde la vida es más tranquila y donde uno está acostumbrado a estar cerca de la naturaleza. Desde muy chiquita aprendí a reconocer los árboles, los animales, los caminos y los sonidos que solamente se escuchan cuando estás en un lugar tranquilo. Por eso, cuando me vine a vivir a Culiacán, el cambio fue algo que me impresionó mucho.

Al llegar, todo me parecía diferente. Había calles grandes, muchos carros, edificios, tiendas, parques, plazas, monumentos y esculturas. Había mucha gente y siempre encontraba algo nuevo que mirar. Para mí era algo impresionante porque venía de un lugar muy diferente y de repente estaba viviendo en una ciudad que tenía tantas cosas que yo no estaba acostumbrada a ver.

Recuerdo que los monumentos y las esculturas me llamaban mucho la atención. Algunas veces simplemente los veía y pensaba en lo diferente que era todo para mí. Y poco a poco fui entendiendo que no estaban ahí solamente para adornar la ciudad, sino que también eran parte de su historia y de lo que representa Culiacán.

Ahora que Culiacán cumple 495 años, me pongo a pensar en todo lo que ha cambiado desde el 29 de septiembre de 1531. La ciudad ha crecido muchísimo a lo he visto en fotos y seguramente seguirá cambiando con el paso de los años. Pero hay cosas que siguen siendo parte de ella, como sus tradiciones, sus lugares, su gastronomía, su naturaleza y su gente.

Y hablando de comida, creo que una de las cosas que más me ha gustado de vivir en Culiacán es su comida. Cuando llegué también empecé a conocer la ciudad por medio de sus sabores. Probé diferentes comidas y poco a poco fui descubriendo cuáles eran mis favoritas. Y definitivamente tengo que mencionar que los tacos de asada, porque puedo decir que Culiacán me hizo fan de ellos.

Antes de vivir aquí, tal vez no imaginaba que unos tacos terminarían siendo una de las cosas que más relacionaría con esta ciudad. Pero ahora, cuando pienso en Culiacán, también pienso en unos buenos tacos de asada, con su carne, sus tortillas, una buena salsa.

Y no solamente son los tacos. Culiacán tiene muchos sabores que forman parte de su identidad. Los mariscos, los ceviches, los aguachiles, la carne asada, los raspados y tantos otros platillos hacen que también sea una ciudad que se disfruta comiendo.

Otra cosa que me sorprendió de Culiacán fue su naturaleza. Yo venía de un rancho y estaba acostumbrada a tener árboles, animales y espacios naturales muy cerca. Cuando llegué a una ciudad tan grande, pensé que todo sería edificios, calles y carros. Pero después descubrí que Culiacán también tiene muchos árboles, plantas, flores, aves y diferentes animales.

Eso me gustó porque, aunque estaba lejos del rancho, encontraba cosas que me hacían recordar mi lugar de origen. A veces un árbol, una flor, un ave o simplemente un espacio verde me hacía sentir un poquito más cerca de aquello que había dejado atrás.

Me gusta que Culiacán tenga esa combinación entre la ciudad y la naturaleza. Es una ciudad con mucho movimiento, con calles llenas de carros y personas, pero también tiene lugares donde uno puede caminar, sentarse un rato y disfrutar de un poco de tranquilidad.

Cuando llegué, veía Culiacán como una ciudad enorme que tenía muchísimas cosas que yo no conocía. Ahora puedo recorrer algunos lugares y sentir que ya forman parte de mi vida. Lo que antes me parecía extraño, poco a poco se volvió parte de mi día a día.

A veces todavía me acuerdo de cómo me sentía cuando recién llegué. Me impresionaron las calles, los edificios, las esculturas y todo el movimiento de la ciudad. También me sorprendía encontrar lugares tan diferentes a los que conocía en el rancho como la feria, el parque 87 a pasearte en la famosa resbaladilla de colores, el centro mirar casa de dos pisos con detalles en las paredes.

No nací aquí y no puedo decir que conozco la ciudad desde toda la vida, pero tengo mi propia manera de conocerla. La conocí comparando lo que veía con lo que estaba acostumbrada a vivir y descubriendo poco a poco cada una de sus cosas.

Hoy puedo ver una escultura o un monumento y ya no solamente pensar que es algo bonito que está en la ciudad. También puedo pensar en todo lo que representa. Puedo caminar por algún lugar y recordar momentos. Puedo disfrutar la naturaleza y acordarme del rancho. Y puedo sentarme a comer unos tacos o un aguachile y pensar que, entre tantas cosas que descubrí cuando llegué, esa definitivamente se convirtió en una de mis favoritas.

Culiacán cumple 495 años y, aunque yo no puedo contar su historia desde el principio, sí puedo contar una pequeña parte desde mi experiencia. La historia de cómo llegué de un rancho a una ciudad que al principio me parecía enorme y completamente diferente. Y creo que eso es lo que más me gusta de mi historia con Culiacán: que no llegué sabiendo que algún día iba a sentirla como parte de mi vida.

Y hoy, en sus 495 años, puedo decir que entre todo lo que tiene Culiacán, también hay algo mío: mis recuerdos, mis experiencias y una pequeña historia que comenzó el día en que llegué aquí sin imaginar todo lo que esta ciudad iba a significar para mí.

 

Comentarios

María Porcella dijo…
Querida Yudith, que grato me es leerte, y reconocer en el texto tu particular sencillez, a pesar de todo lo que tienes y eres te expresas con humilde sencillez de quien tiene la mente y los ojos abiertos con muchas ganas de seguir aprendiendo de lo que te rodea. Muy significativo textos. Saludos.

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