“Entre miradas de perdidos, té de hoja veo apartada de tu par, donde ante tal estruendo debí mis sentimientos declamar"



 



VI A LAS AMBAS ELAS


José Alfredo Félix Verástica


Entre pares y disparates me encuentro ente pecados de amantes, ojalá ni sea ladrón del fuego que no se encuentra. Un tormento no carnal, un dolor progenitor, sobre este árbol y sus hojas,

A manos de Zimri, duermo marchito y a esos ojos azules terminan siempre ante palabras tan duras como un corazón a lo largo de la vida.

Solo se siente suave cuando rezo ante aquella ela, ya le veo apartada de tu par ya desjunta al mar, me vienen imágenes de armas que no conocen lo que es el dar,

Ante tal estruendo debí decidir entre amar o armar, entre destruir o dar, antes del después,

Que ya sea tarde y por eso ayer te entrego el fuego de esta vela,

Tal vez ya no parezca de mí, sino de mí al perderse entre las aguas del olvido, que quizá el grito de amor queme tus manos,

Pero déjame he de decirte que...Al curar este dolor no punzante, aparecen dos calantes,

Sé que no nos encontramos con manos de lazos, que ya veo al comandante de manos rígidas acercarse con mis medallas entre sus brazos,

Pido que te dejes de reflejar así, ante los ruidos del silencio doloroso por si son ojos, blancos o rojos.

Como aquellos mares hermosos, pero ya son áridos y pierden su significado, aunque aún ruegan mientras cumplen profecías.

Dicen que caigo entre desvaríos de aquellas que conectan con el ardor de un corazón perdido con lo que por lo menos conexiones de acero frieron, un mecanismo tan grande como uno de verdad.

Quizá no sea ingeniero ni me llame Eulalio, pero esta vez me sentí capaz de construir uno sin instrucciones, de camino a mi castillo, construido desde páginas y perdido entre las notas.

Entre miradas de perdidos, té de hoja veo apartada de tu par, donde ante tal estruendo debí mis sentimientos declamar.

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