“El sombrero representa algo que no se compra ni se hereda fácilmente, el orgullo de pertenecer a la tierra representa la humildad de quien vive de su trabajo"



 



LA CORONA DEL RANCHERO

 

Celeste Giselle Quintero Plata

 

Se dice que una corona está hecha de oro, de piedras preciosas y de lujos que pocos pueden tocar, pero en los ranchos existe otra corona, una mucho más humilde y mucho más valiosa: el sombrero.

El sombrero del ranchero no se compra para presumirse, se gana, se gana bajo el sol que quema la piel hasta volverla del color de la tierra, entre cercas que hay que reparar, animales que alimentar y jornadas que comienzan cuando el resto del mundo aún duerme, no cualquiera sabe usar un sombrero, porque usarlo no es simplemente ponerlo sobre la cabeza; es cargar con la historia de quienes han vivido del campo generación tras generación.

Detrás de cada sombrero hay madrugadas frías, manos agrietadas, botas llenas de polvo y una espalda cansada de tanto trabajo, hay hombres y mujeres que conocen el valor de una lluvia porque de ella depende la cosecha, que miran al cielo con esperanza cuando las nubes aparecen y con preocupación cuando pasan de largo, hay personas que entienden que el campo no da descanso, porque las vacas no saben de domingos ni los cultivos conocen los días festivos.

En los pueblos y rancherías se aprende desde que uno está pequeño que el sombrero tiene su lenguaje, hay que saber cuándo quitárselo en señal de respeto, cómo acomodarlo para protegerse del sol y cómo llevarlo con dignidad, porque el sombrero no hace al ranchero; es el ranchero quien le da valor al sombrero. Muchos ven un sombrero viejo y desgastado, el campesino ve años de esfuerzo, ve cosechas buenas y malas, caminos recorridos a caballo, lluvias inesperadas y sequías interminables, cada mancha, cada arruga y cada desgaste cuentan una historia que ningún objeto nuevo podría contar.

La vida en el campo no siempre es fácil, a veces se trabaja todo un año para que una tormenta destruya lo sembrado en una sola tarde, a veces se vende barato lo que costó meses producir, a veces el cansancio pesa más que el cuerpo, sin embargo, al amanecer, el ranchero vuelve a levantarse, vuelve a ponerse las botas y vuelve a acomodarse su sombrero como quien se coloca una corona antes de salir a enfrentar el mundo.

Porque el sombrero representa algo que no se compra ni se hereda fácilmente, el orgullo de pertenecer a la tierra representa la humildad de quien vive de su trabajo, la valentía de quien enfrenta el clima, la paciencia de quien espera la cosecha y el amor de quien jamás abandona sus raíces.

Por eso, cuando vean un sombrero sobre la cabeza de un campesino, no vean solamente una prenda, miren el sacrificio, la disciplina, las tradiciones y la historia que carga encima, porque en los ranchos, donde la riqueza no siempre se mide en dinero, el sombrero sigue siendo la corona del ranchero. 

 

Comentarios

Entradas más populares de este blog