“De pronto, una madrugada se me ancló la idea en la cabeza que nadie debe leer más que yo, esa idea ha taladrado mis sentidos y me tiene en un estado paranoico permanente"





UN CONSEJO

                                                            

Por: Adán Lorenzo Apodaca Félix

 

Según la consulta hecha a diversos diccionarios, la envidia es un sentimiento de tristeza, pesar o malestar ante el bien, el éxito o las cualidades de otra persona. Existe por supuesto la envidia en todos los ámbitos en los que el ser humano interactúa. Hay envidia en los trabajos, envidia en los deportes, envidia en las familias, envidia en la política. En suma, la envidia está en todas las partes en las que está la condición humana. En las líneas siguientes, narro como la envidia se ha instalado en mí.

De pronto con los años se vienen todos los males y se instalan en la mente y el cuerpo de las personas, en tal sentido, quiero expresar que se ha instalado en mí una que he denominado envidia lectora, por eso es la súplica de este texto, el pedir un consejo para tratar de minimizar el daño que pueda provocarme. De pronto, una madrugada se me ancló la idea en la cabeza que nadie debe leer más que yo, esa idea ha taladrado mis sentidos y me tiene en un estado paranoico permanente.

Detallo cómo funciona esa envidia lectora: Una amiga me comentó que el entrenador de su gimnasio estaba leyendo “El lobo estepario” de Hermann Hesse, lo tenía en el mostrador en el cual ponen los celulares, las llaves y demás dispositivos los usuarios en esos establecimientos, escuché a mi amiga y hay te voy a leer de nuevo “El lobo estepario”. Obedecí a esa voz interior que me dice “nadie debe leer más que tú”, además, leí otra de sus obras titulada Demian y seguí con Siddharta.

Este otro pasaje sucedió en una  de las pocas librerías que existen en la ciudad, escuché que un joven le preguntó a la persona que atiende en ese lugar que  si tenía el libro “ El extranjero” de Camus, no alcancé  a oír lo que el dependiente le contestó, me fui directo  a mi casa, a la biblioteca y me puse  a releer “El extranjero”, mi voz interior  parecía refrendarme aquello de que “nadie debe leer más que tú”.

Me sucede también muy frecuente en reuniones con amigos y conocidos, alguien menciona el título de un libro y parece que me pegan un fuerte pinchazo con una aguja, me levanto y salgo disparado a leer ese libro que alguien  mencionó en la plática, libro  que es casi seguro que esté en los dos mil libros de la biblioteca familiar.

El clímax de esto que estoy narrando llegó un domingo en una de las librerías  de mi ciudad, al entrar, miré a una persona en la caja, pagó dos libros, “Hace falta un muchacho” de Arturo Cuyás y “Crimen y castigo” de Dostoievski, lo miré así con recelo, sabía de donde los había tomado, fui al estante y los encontré, pero además, como nadie debe leer más que yo, tomé también el libro “La  Perla” de  Steimbeck, otra vez mi subconsciente me decía ufano: “nadie debe leer más que tú”.

Por la mañana, muy temprano me conecto a mi computadora y abro en línea los  periódicos  la Jornada de México, El Clarín  de Buenos Aires  y el País de España, les doy una repasada a sus titulares, si hay una nota que me parezca interesante me detengo  a leerla, y otra vez mi duende con cara de satisfacción expresa, “acuérdate, nadie debe leer más que tú”.

En algunos momentos de mi vida al referirme a la lectura armé  un constructo al que denominé el Síndrome Lector Compulsivo (SLC) por sus siglas en español, como todo cambia, dice la voz de la Pineda, ahora lo he cambiado, lo he denominado el Síndrome Lector Envidioso (SLE), también por sus siglas en español.

Pues así están las cosas apreciados amigos, por eso escribo este texto, me estoy volviendo loco, no puedo oír el nombre de un libro  porque mi voz interior me dice, “nadie debe leer más que tú”, ya no se qué hacer, por eso pido un consejo apreciados amigos. Me pasan más cosas al respecto, pero con esas que les mencioné, me justifican para pedir un consejo urgente, urgente.

 

Comentarios

Muchas gracias, Dr. Adán, por este breve pero interesante y sugerente relato que nos despierta también a nosotros las ganas inmensas de leer.
Mire, pasado mañana, el jueves, 10 de septiembre, a las 11:00 am, haremos una Charla denominada Lecturas por la Lectura, y me parece muy interesante que su texto se leyera para que los jóvenes de nuevo ingreso empezaran a sentir la cosquillita por leer.
Sé que Los Mochis está a más de 200 kilómetros del Auditorio Profr. José Antonio Mercado Machado, de la Unidad Culiacán de la UPES; y por eso no le invito a que venga y nos lo lea en persona (ojalá y pudiera hacerlo), por eso le pido su autorización para ver si algún alumno se acomide a leerlo
Saludos y felicitaciones por este denso, bonito y bien estructurado relato
Su amigo, José Manuel Frías Sarmiento
Marité Ibarra dijo…
Me encantó profe Adán este texto también, breve pero poderoso!!!!
Me hizo reír, yo también he sentido muchas veces envidia, pero yo siento otro tipo de envidia que me da vergüenza expresarlo. Está muy adentro de mí.
Sería bueno ponernos a platicar al respecto, con una tacita de té y de café, y reírnos de las cosas que sentimos y escribimos...me encantaría!!!
Mi estimado compañero lector y escritor, un fuerte abrazo hasta los Mochis!!!

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