29 de Septiembre, Aniversario de la Fundación de Culiacán
"El aroma a chilorio, los tacos de asada de Los Moreno, la Birria del Chivito Feliz, los esquites calientitos y los gritos de vendedores que marcan la vida matutina del centro de la Ciudad"
MEMORIA DE CULIACÁN
Educación, historia y bohemia culichi
José Manuel Frías Sarmiento
Hurgando en los anales de la historia, no podemos dejar de mirar el agua del Humaya y del Tamazula que fluyen sin tomar en cuenta que el tiempo, al igual que nuestros ríos, jamás se detiene.
Desde las aulas y pasillos de la Universidad Pedagógica del Estado de Sinaloa (UPES), muy cerca del Río Culiacán, la conmemoración del 495 aniversario de la ciudad no es un simple acto de pasarela festiva; es una provocación al pensamiento crítico, una mirada puntual a nuestra propia identidad pedagógica y social.
Aquel 29 de septiembre de 1531, cuando la espada de Nuño Beltrán de Guzmán y la audacia de Lázaro de Cebreros marcaron este valle bajo la rúbrica de la Villa de San Miguel, se suscitó un choque cultural cuyos ecos todavía resuenan en las aulas donde formamos a los futuros docentes del estado; y que, de alguna manera, se reflejan en la primera parte del Mural Tres Siglos de Cultura, creado por el Maestro Lamberto Vizcarra Cárdenas en los muros de la Unidad Culiacán de la Upes, para recordarnos que Colhuacan, el “lugar de los adoradores del Dios Coltzin”, no nació de la calma, sino de la confluencia de culturas distintas, que al final se complementaron en un mestizaje del cual provenimos todos los que ahora festejamos aquel lejano y feliz acontecimiento.
Y esa confluencia es la que nos define. Culiacán es una metáfora perfecta de la educación mexicana: sus tres ríos, —el Humaya, el Tamazula y el Culiacán— corren paralelos como las corrientes ideológicas de nuestra historia, fundiéndose en un solo cauce que nutre la tierra del fecundo Valle de Culiacán. Contemplar el horizonte desde el malecón nos obliga a levantar la mirada hacia esa espina dorsal de hierro que desafía la gravedad y el olvido: el Puente Negro. Estructura porfiriana que vio pasar la Revolución, el progreso y la modernidad de principios del siglo XX, ese coloso oscuro se erige hoy como el puente simbólico entre el pasado que nos determina y el porvenir educativo que intentamos edificar en cada asignatura y en cada charla educativa que propiciamos en cada intervención académica.
Pero la memoria de este valle no solo se escribe con grandes gestas militares y evangelizaciones religiosas, sino con los sutiles trazos de la cotidianidad de antaño, esa que con tanta nostalgia y agudeza evocan historiadores como Antonio Nakayama Arce y Adrián García Cortés. Es el eco de las tardes calurosas mitigadas por el ritual de saborear un rico y fresco raspado de ciruela con lecherita bajo la sombra de las amapas florecidas, y el cuchicheo vibrante del Mercado Garmendia, con su algarabía de compradores, el aroma a chilorio, los tacos de asada de Los Moreno, la Birria del Chivito Feliz, los esquites calientitos y los gritos de vendedores que marcan la vida matutina del centro de la Ciudad.
La fisonomía de Culiacán no estaría completa sin sus ilustres creadores, aquellos que la academia debe rescatar para entenderlos como parte del tejido social.
Hablar de Culiacán es invocar la bohemia profunda, melancólica y lírica de Enrique Sánchez Alonso, "El Negrumo", cuyas notas parecen flotar en el aire tibio de la tarde, aunque nadie cante Culiacán, hermoso himno compuesto por él a nuestra bella ciudad, capital de Sinaloa. pensar en Culiacán es cruzarse en el recuerdo con la mítica Lupita, la Novia de Culiacán quien, ataviada con su eterno ajuar blanco y su ramo de flores secas, transformó el espacio público en un escenario de muda protesta contra la tragedia del amor ausente, como bien lo narra Ulises Cisneros en El Tesoro de la Divina Gracia. Y, por supuesto, es escuchar las arengas contestatarias y rebeldes de La Fanny (Juan Manuel Navarrete Salcido), un "ángel con las alas rotas", que lo mismo increpaba con ironía a las autoridades universitarias desde las afueras del Edificio Central de la UAS, que bailaba con desparpajada sensualidad frente a las tiendas de discos de la calle Juan Carrasco. Todos ellos, espectros y recuerdos benignos de una identidad urbana que se niega a morir.
Hoy, la conmemoración institucional nos envuelve con más de 80 actividades artísticas organizadas por las dependencias de cultura locales. Sin embargo, desde la mirada atenta y académica de la UPES, Unidad Culiacán, el festejo debe trascender la parafernalia y los programas realizados a modo institucional.
No se trata únicamente de aplaudir a los cerca de 500 creadores artísticos y culturales que toman las calles este septiembre del 2026, muy lejano de aquel de 1531, sino de entender esa cultura popular, tradicional y marginada, como la fuente primigenia de esperanza y transformación social.
Aprehender la esencia de estos personajes no debería de ser un mero ejercicio de contemplación acrítica para el futuro educador de la UPES, debe representar un imperativo cultural y pedagógico fundamental que le lleve a conocer la esencia de la ciudad en la que vive.
La locura nupcial de Lupita, la rebeldía callejera de La Fanny y la lírica nostálgica de El Negrumo constituyen, en realidad, los textos alternativos de una pedagogía de la otredad. Son capítulos vivos que no se leen en las antologías ni en los manuales de texto tradicionales, sino en la geografía humana de nuestras propias calles.
Cuando el docente en formación desentrañe estas narrativas comunitarias, aprenderá que educar no consiste en homogeneizar las mentes bajo un currículo rígido, sino en alfabetizar el corazón para comprender los márgenes de la sociedad.
Estos personajes se transforman entonces en potentes herramientas didácticas, metáforas andantes de la resiliencia y la diversidad que habitan en cada una de las aulas sinaloenses.
Al final del día, cuando el sol sinaloense tiña de tonos rojizos las vigas y durmientes del Puente Negro y se refleje su atardecer en el delta de los ríos, el verdadero aniversario se celebrará en el aula. Ahí es donde hurgamos en la historia, donde humanizamos el dato frío y donde el alumno, inspirado por la mirada humanista de los maestros que fundaron la UPN y dieron paso al nacimiento de la UPES, asume el compromiso de enseñar.
De esa manera, con ese recuerdo, cargado de nostalgia, y de comprometida vocación, la Comunidad Intercultural Universitaria, bajo el amparo del Jaguar y con la evocación histórica y artística del mural que nos legara el Maestro Lamberto, es que transformamos el imaginario "lugar de los colhuas" en un espacio vivo de saber, de conciencia pedagógica y de narrativa social, en un territorio donde la literatura coloquial, el diálogo vivo de la calle y la interacción humana y colectiva, se funden en un crisol de ternura, de charla y conocimiento, para dar vida a una escuela transformadora de una Realidad Social, armoniosa y colaborativa, como la que todos los culiacanenses anhelamos.

Comentarios
¡Felicitaciones a todos los que de aquí somos y nos sentimos de este lugar, aunque vengamos de fuera!
Saludos, su amigo José Manuel Frías Sarmiento