Semana Nacional de Juegos Tradicionales Mexicanos 

“¿Juan, vas a salir a jugar?, Paty, Anita, ya vamos a comenzar ¡apúrense!; Doña Martha, ¿deja salir a jugar al Alfredo?"



 



“LOS QUEMADOS”

 

Julio César Soto Moreno

 

Recuerdo las calurosas tardes de verano, allá por los años 1980, cuando las empedradas y estrechas calles del rancho se convertían en un campo de batalla, los combatientes éramos los niños y niñas de la cuadra. Después de llegar de la escuela, comer, hacer la tarea y reposar un buen rato, empezaba la convocatoria casa por casa, - ¿Juan, vas a salir a jugar?, Paty, Anita, ya vamos a comenzar ¡apúrense!; Doña Martha, ¿deja salir a jugar al Alfredo?, el Pedro salió sin que lo buscáramos, ya solamente faltan Judith y Alejandrina, alguien que vaya a su casa a avisarles -.

Éramos ocho chiquillos de más o menos la misma edad, los que casi siempre nos juntábamos para empezar la batalla, el juego preferido era “los quemados”, un juego de pura estrategia, movilidad, habilidad, agilidad y sobre todo mucha atención, las herramientas para este juego, solamente una pelota y la calle para acomodarnos. Nosotros lo jugábamos haciendo dos equipos conformados por dos niños y dos niñas cada uno. El equipo que ganara dos de tres juegos era campeón y si había empate, se jugaba hasta ganar.

Para jugarlo, hacíamos dos rayas en el piso, separadas como unos 6 o 7 metros más o menos, de modo que detrás de cada raya quedaba un integrante del equipo, que eran los elegidos por tener buen brazo y lanzar bien la pelota, ellos no podían cruzar de esa línea, y en medio se metía todo el equipo contrario. Aquellos niños que estaban detrás de las rayas eran los indicados de tirar con la pelota y tratar de tocar o “quemar” a los integrantes del equipo contrario, mientras ellos debían hacer todo lo posible para no ser “quemados”; saltos, maromas, agachadas, esquivar con el cuerpo y todo tipo de movimientos locos y correr muy rápido para alejarse de aquel que tuviera la pelota en las manos, eran parte de la estrategia, las risas inundaban la calle por mucho rato.

Una vez que todos eran “quemados”, el equipo contrario se metía en medio e iniciaban una nueva ronda y así hasta que se ganaba la mayoría de los juegos para obtener la victoria. Como era una situación muy pareja en cuanto a integrantes, tratábamos de no “quemar” tan fuerte a las niñas y darles ventaja, pero con los niños era otra cosa; la diversión duraba toda la tarde; nada más se escuchaba la algarabía y las personas de la cuadra salían a echar porras y animar a los equipos, era una convivencia familiar porque toda la cuadra se involucraba. Como dije, era un juego que requería demanda física puesto que era correr para no ser “quemado”. Terminábamos exhaustos y sudados pero contentos.

Era un juego que nos ayudaba a entablar amistades ya que nunca hubo peleas, había alegatas, pero hasta ahí nomás. Nos ayudaba a crear estrategias para ganar en equipo, a reconocer las capacidades de cada integrante; el más rápido, a la más ágil, al que tenía buena puntería, al que brincaba más que otros, y así, ir invitando a más niños para hacer más emocionante el juego. Hoy es un juego que ya casi no se utiliza, los teléfonos y dispositivos están sustituyendo las actividades físicas, es importante retomar aquellas diversiones pasadas en las cuales no se dependía de un aparato electrónico para la diversión.

Cierto es que las generaciones cambian y puede haber juegos digitales divertidos, pero no pasa nada si de vez en cuando se pueda retomar una actividad al aire libre donde además de diversión hay interacción con otras personas y seguramente “los quemados” puede ser una muy buena opción… ¿Te atreverías a jugar?


Comentarios

Anónimo dijo…
Compañero Soto Moreno, tiene usted razón en lo que magistralmente escribe, con los juegos esos se desarrollaba todo, habilidad física, inteligencia, destrozas memorísticas, valores como el respeto y socialización entre otras cosas. Los juegos educaban, si te portabas mal no salías a jugar, y ese si era castigo, eso sí dolía, por eso más valía que te portaras bien. Le mando un saludo afectuoso desde Los Mochis esta mañana de domingo.

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