Semana de Juegos Tradicionales Mexicanos 

“Se puso en cuclillas y después se agachó, y cerró un ojo, tomó su tiro y preparó su dedo con el cual iba a iniciar el disparo”



 



"TE HAGO TODITO"

 

Alfredo Zañudo Mariscal

 

Mis hermanos mayores, Andrés y Octavio, de niños vivieron con mi nana Lencha y mi tata Toño. Con ellos también se crió el Cuco, sobrino de mis abuelos y primo de nosotros. Vivían en la Estación Colorada, antigua estación de ferrocarril ubicada muy cerca de Culiacancito. Mi tata Toño tenía parcela y ganado, de manera que de niños aprendieron a trabajar en las labores propias del campo como sembrar maíz, frijol y calabaza además de cuidar el ganado.

En los ratos que tenían libres a veces se iban al monte con sus resorteras a cazar palomas tortolitas y conejos. Además, algo que hacía Andrés era irse por la vía con un machete para tumbar cardones donde había iguanas y cazarlas. Después de limpiarlas mi nana Lencha las cocía y las preparaba en caldo con arroz como si fuera un consomé de pollo.

La troje de mis abuelos siempre estaba llena de mazorcas. Los niños cada semana bajaban una canasta, las limpiaban y desgranaban para que mi nana Lencha hiciera el nixtamal que le permitiera abastecer de tortillas para el desayuno, la comida y la cena. Ésta era una actividad de todos los días, de manera que cuando los niños no estaban a ella se le dificultaba moler el nixtamal en el molino manual. Por lo tanto, a veces optaba por mandar a uno de ellos a Culiacancito al molino de doña Petra y así asegurar la masa para dos o tres días.

En una tarde que mandó al Cuco, se extrañó que éste tardaba demasiado en volver con la masa. Entonces le dijo a mi tata: Toño ve y busca al Cuco, no vaya a ser que le haya pasado algo al plebe babieco. Mi tata se fue al pueblo a buscarlo. Al llegar al molino observó a varios niños jugando a las canicas. Tenían una rueda grande en el suelo y otra más pequeña en el centro con varias canicas. Cuco estaba tan absorto en el juego persiguiendo con su tiro a otro niño que ya había ganado varias y quería "matarlo" para ganarle las canicas. De manera que, cuando lo tuvo a una distancia considerable en la que creyó que no iba a errar el tiro le dijo: "te hago todito", y fue y le levantó un copo de tierra en el que colocó el tiro del rival.

Se puso en cuclillas y después se agachó, y cerró un ojo, tomó su tiro y preparó su dedo con el cual iba a iniciar el disparo. Estaba en esa acción, en la cual ya se consideraba ganador de las canicas cuando mi tata Toño le gritó: "a cómo te tiente". Y le pegó un patadón en el trasero que lo hizo volar y caer en medio de la rueda.

Y se fue el pobre Cuco todo adolorido a la estación Colorada. Ahí recibió otra pela. Esta vez con la cuarta con la que le pegaban a los caballos. Todo por jugar a las canicas y no llevar a tiempo con la masa para que mi nana Lencha hiciera las tortillas.


Comentarios

Maestro Alfredo, jugar a las canicas era uno de los juegos más emocionantes de nuestra niñez. Todos cargábamos las bolsas del pantalón llenad de canicas y las más preciadas eran los tiritos, aquellas que tenían gajitos de colores como si fueran ojitos verdes y azules y las de batalla eras las de "agüitas, todas de un sólo color trasparente. Y si, jugar al "hogado", a la rueda, al hoyito y al cuadro con tres hoyitos, donde el triunfo era "matar" de un certero tiro a la canica del contrario era la cúspide del ganador.
Agradables recuerdos nos evoca su texto, aún con la fuerte reprimenda por olvidar los deberes por irnos a jugar
Saludos
Marité Ibarra dijo…
Buenos días a todos!!! Profe Alfredo yo miraba a mi hermano mayor jugar a las canicas y veía que era todo un proceso, con reglas y todo ese rollo. En lo particular yo preferia jugar a otra cosa, pero sí me tocó ver conflictos por esas jugadas complicadas.
Las canicas sí que eran importantes para los niños, y los juegos se ponían interesantes, y el Cuco recibió una paliza el pobre, por quedarse a jugar.
Muy entretenido su texto profe Alfredo.
Le mando un gran saludo hasta la UPES!!!
Muchas gracias por sus comentarios Maestro Frías y Marité. Sin duda el juego de las canicas fue algo que todos disfrutamos desde niños. Eran jugadas muy emocionantes porque se trataba de ganarles los mejores tipos de canicas a los demás participantes. Saludos afectuosos para ambos.
GILBERTO MORENO dijo…
El juego de las canicas. Recuerdo que había una cantidad muy variada de juegos de canicas, estaban los tres hoyitos, la rueda grande, las perseguidas, y tantos dichos o reglas en torno a los diversos juegos. Estaba el "como te tiente", "que truene como chile reventado", "voy por hoyos", "no vale hueso". etc. etc. podías pasar horas y horas, hasta que venía papa o mama con la vara de guásima a levantarte del terregal, con las tortillas frías, o la pepsi bien caliente. A aquel no no lo vivió, no supo lo que era la adrenalina. Saludos Maestro Alfredo. su amigo, Gilberto Moreno.
Coincido con usted estimado amigo Gilberto. Recuerdo que cambiábamos varias canicas de las agüitas a otros jugadores por tiros mas grandes y por pancholobas. Saludos cordiales.

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