“Mi rostro iba cambiando, la frente parecía más amplia. Los años se me vinieron encima en pocas semanas, porque la calvicie fue despiadada"



 



EL CABELLO DEL PELUQUÍN

 

Marité Ibarra

 

Todo empezó cuando yo apenas tenía 22 años. Era muy joven y entusiasta. Estudiaba en la universidad, todo marchaba bien en aquellos años, obviamente con las dificultades y estrés, propios de un universitario. También tenía una bella novia, alguien de quien estaba profundamente enamorado. Ella aderezaba mi vida con su dulce compañía y momentos agradables.

Después, precisamente a esa edad, inició el periodo más lamentable de mi vida. Lentamente comenzó a caerse mi cabello. Fue gradual, pero contundente e irreversible. Mi padre era calvo, pero mi madre tenía una abundante cabellera, hermosa y bien cuidada. Y yo pensé que estaba a salvo, pues me parezco mucho a ella, pero no fue así. La calvicie poco a poco se fue apoderando de mí, se arraigó en mi vida, sacudió mi autoestima y sensibilidad. ¡Yo no quería ser calvo! Y menos siendo tan joven.

El cabello se me caía a pedazos, por mechones completos. Yo, al igual que mi mamá, también tenía mucho pelo, un valioso recurso humano no renovable, por eso al ver en la ducha, en la almohada, en mi mano y en el peine, tanto pelo caído, eso me aterró completamente. El hecho de percibir mi reflejo diferente al espejo cada día, era un verdadero martirio.

Mi rostro iba cambiando; la frente parecía más amplia, con unas entradas sin final, me veía más viejo y deteriorado. Los años se me vinieron encima en pocas semanas, porque la calvicie fue despiadada.

Caí en una severa depresión por mi apariencia física, así comencé a evitar los espejos. Mi chica me dejó inesperadamente, y de manera cruel, me dijo que lo le gustaban “los pelones”, así fueron sus palabras. Eso me hundió en la desesperanza y me sentí más humillado que nunca. Por más que le insistí en regresar, ella no accedió, no soportó el cambio.

También perdí el ánimo de ir a la escuela, de comer, de ejercitarme, de hacer las cosas que me gustan. Fue un golpe muy duro. Mis padres trataban de consolarme, mucho me ayudaron al pagarme cualquier tratamiento que les solicitaba, incluso hasta pidieron dinero prestado, con tal de apoyarme, hicieron lo que pudieron.

Relativamente al poco tiempo se cayó todo el pelo que tenía que caerse, y sí, quedé calvo, mucho peor que mi papá. Todo esto me afectó profundamente. Fue algo repentino y de gran impacto en mi vida.

Entonces comencé a usar y a experimentar todo tipo de tratamientos. Fui a varios lugares donde garantizaban resultados, pero a mí no me funcionaba nada. Yo seguía igual o peor. Vi muchos videos de remedios naturales, les juro, me eché de todo. Eso ocasionó reacciones alérgicas y en mi desespero, y sin saberlo, debilitaba más mis folículos, como consecuencia, perdí otro tanto de cabello. Fue un gran caos.

En ese estado en el que estaba y sumido en el desespero, miré en las redes sociales, un anuncio de una clínica especializada donde hacían prótesis capilares de cabello real, pero que en realidad eran peluquines, sólo que, con un mejor nombre, las cuales se veían muy naturales y estéticas. Vi los testimonios, los comentarios de gente tan satisfecha, del cambio de vida en las personas calvas, de la autoestima restaurada y todo lo que conlleva dejar de ser pelón.

Esto superó completamente mis expectativas y obtuve consuelo y esperanzas nuevamente. Lloraba al ver los videos de las personas que entraban y después salían con una cabellera hermosa, llenos de seguridad y confianza. Esto me obsesionó bastante, todo el día veía esos videos de aquella clínica especializada. Pero había gran un problema. Ese lugar se encontraba en Brasil. Era la mejor clínica de América latina. Gracias a su tecnología vanguardista y nuevos materiales, con sistemas indetectables hechos a medida que se integraban perfectamente con el cabello natural, la hacía pionera en esa rama de la estética y mejora de la apariencia personal.  Y yo quería alcanzar esa solución, aunque fuera lejana.

Como mis padres ya no podían solventar mis gastos, dejé la universidad por un tiempo para trabajar, y ahorrar dinero para mi viaje al extranjero. Tenía una meta clara, especifica, quería un peluquín hecho a mi medida, con pelo natural, radiante y hermoso, como mi antiguo cabello. Que me devolviera mi fe y mi confianza, y pudiera regresar el joven que fui antes.

Así que trabajé sin descanso más de un año. A todo le hice, a cualquier horario me adapté, sudé lágrimas y sangre, hasta que por fin logré juntar el dinero requerido. Mientras tanto las gorras fueron mis mejores aliadas, casi nunca me las quitaba, sólo para dormir. Mis padres pagaron sus deudas y también me aportaron algo, poquito, pero se los agradecí de todo corazón.

Estaba tan emocionado por ese viaje y el cambio de mi aspecto, que reuní todos los requisitos necesarios. Aprendí lo básico del portugués para poder comunicarme, reuní los documentos, hice los trámites necesarios y por fin viajé a Río de Janeiro, donde estaba la clínica. Ya tenía agendada la cita de valoración, listas todas las preguntas que quería hacer, y entonces llegó el momento.

Mi sueño por fin se materializó. Llegué a la clínica la cual era moderna, elegante, e impecable. Transmitía confianza, eso era algo muy importante. Respiré profundamente, me senté en la sala de espera, y me sentí tranquilo.

Mi primera cita salió perfecta. Me hablaron claramente del procedimiento; de las mejores opciones de peluquín según el tipo de calvicie que tenía y del cabello que aún conservaba en los costados. Todo el prototipo hecho en computadora y en 3D.

Me explicaron detenidamente los detalles, y después de todo eso, me enseñaron la mejor opción del peluquín, según mis necesidades. Cuando me lo mostraron y lo tuve entre mis manos, era como lo que había visto en los videos, una delicada malla transpirable rebosante de pelo humano. Lo toqué emocionado y sentí la sedosidad de un cabello real, era la cabellera de alguien más, de una persona desconocida, pero que ahora sería mía.

Desde el primer momento comencé a apreciarla, porque al tocarlo, me hizo sentir inexplicablemente poderoso y renovado. Sin embargo, estando ahí, de repente me surgió una duda, ¿de dónde sacaban ese cabello para las prótesis? Cuando lo pregunté, las personas que me estaban atendiendo, se miraron a lo ojos, susurraron entre sí, y me dijeron que era donado. ¡Qué personas tan nobles y generosas! Pensé…

Al siguiente día, asistí para la prueba final y el ajuste, y ese mismo momento me lo pusieron. ¡Me sentí completamente realizado! Era el yo de antes y hasta un poco mejor. Fue relativamente fácil el proceso. Se usaron algunos productos en mi cabeza y un adhesivo especial. Me explicaron los cuidados que debía de tener y cada cuánto debía quitármelo para que mi piel descansara y le diera mantenimiento a la prótesis.

También me hicieron un corte moderno y cool ¡parecía modelo de revista! Ese mismo día salí como un hombre nuevo. No dejaba de verme al espejo, y mientras caminaba por las grandes calles y avenidas, en los enormes aparadores de las tiendas y almacenes; me observaba constantemente. Incluso me detenía y pasaba mi mano por mi sedoso y abundante cabello, estaba recobrando la confianza y la seguridad. Las brasileñas me sonreían, incluso me coqueteaban, y yo, simplemente les correspondía.

Mandé fotos a mis padres de mi prótesis capilar, los cuales quedaron muy conformes y emocionados con los resultados. La semana transcurrió rápidamente y regresé a mi país, a mi hogar. Mi familia me recibió muy feliz, hicieron una gran comida, se tomaron muchas fotos conmigo, celebrando así un nuevo comienzo. Todo era fantástico. De repente, comencé a sentir cierto picor en el cráneo, bueno más bien parecía el movimiento de una diminuta corriente bajo la piel, un poco raro, pero nada fuera de lo normal.

Como yo vivía a miles de kilómetros de distancia de la clínica, y no podía ir cada mes a revisión, decidí hacer yo el mantenimiento requerido. Compré los productos necesarios para el aseo y cuidado de la prótesis capilar. Estudié muchos tutoriales, y busqué una clínica cercana que me arreglara el cabello cada tanto. Al parecer todo marchaba maravillosamente bien.

Regresé a la universidad convertido en otra persona. Retomé los estudios con mucha energía. Participaba en clase, sonreía, salía con compañeros, había recuperado el yo de antes. Durante los primeros meses todo iba excelente, sin embargo, sentía esos picores raros en la cabeza de manera más frecuente. 

Los sentía primero a nivel local, es decir en la superficie de mi pelona cabeza, después un poco más profundos e incómodos, como si algo se metiera lentamente bajo la piel, no dolían, solo resultaban extraños. Como estaba tan feliz con mi apariencia, y como se presentaban de vez en cuando, no le di mucha importancia.

Asimismo, me hacía los cuidados pertinentes que me explicaron en la clínica, era muy responsable con eso. Cada dos semanas me quitaba el peluquín para descansar mi cuero cabelludo. Todo parecía bien, ningún hongo, ni ninguna erupción extraña. Sólo que sentía que cada vez que me lo quitaba, arrancaba algo de mí y esa sensación no me gustaba, porque me volvía a sentir inseguro y derrotado por la calvicie. Así que, fui extendiendo los días en los que me retiraba el peluquín, porque con el puesto, me sentía glorioso.

Posteriormente inicié una relación de noviazgo con otra chica. Fue ahí cuando mi exnovia comenzó a buscarme de nuevo. He de confesar que aun sentía algo por ella, me ilusionaba regresar, había soñado tanto con eso, pero me había lastimado gravemente en el peor momento, así que quería hacerla sufrir. Humillarla como ella me humilló.

Así que comencé a hacer una serie de cosas para maltratarla y que pudiera probar lo que es el verdadero sufrimiento. Llegué a tal grado de hacerla arrodillar como requisito indispensable para volver conmigo, y con público y lágrimas en los ojos, ella lo hizo. De pronto, al verla en ese estado; humillada y sin dignidad, me sentí confundido. Aparecieron fuertes picazones en la cabeza, los cuales por primera vez lejos de incomodarme, me agradaron. No sabía lo que estaba pasando, pero esas nuevas sensaciones me estaban gustando cada vez más.

Mis padres comenzaron a notar algunas cosas en mí como; comportamientos distintos, estados de ánimos cambiantes, decía cosas raras o fuera de contexto, hasta mi mirada ya era diferente. Era sarcástico, burlón, prepotente y hasta cruel, y me lo hicieron saber, porque obviamente estaban preocupados. Cuando hablaron conmigo al respecto, me molesté tanto que les grité, aventé cosas y salí furioso de la casa. Terminé en un bar, de hecho, jamás había ido a un lugar así, donde el alcohol y las mujeres borboteaban a chorros, pero extrañamente se sentí cómodo en ese ambiente.

Sin poder evitarlo, comencé a frecuentar ese tipo de lugares de mala muerte y a tener hábitos dañinos. Disfrutaba discutir, me irritaba con facilidad, era violento y paranoico. Me ausentaba por semanas de la universidad. Ya no era el mismo chico de antes, cuando era dedicado y responsable, esos días en los que fui buen hijo y novio.

Yo también me percataba de esos cambios que estaba teniendo, me asustaban de hecho, quería cambiar, pero no podía. Algo dentro de mí se estaba transformando y no sabía como detenerlo. Tenía una lucha interna.

Conforme mi personalidad cambiaba, esos picores que sentía en la cabeza, eran más y más intensos, pero sin duda, ahora me resultaban placenteros y reconfortantes. Sólo cerraba los ojos cuando los experimentaba, y entonces me relajaba. Sentía cómo fluía desde la cabeza hasta los pies, una extraña energía que el peluquín me proporcionaba, era una fuerza que no era mía. Era deseo, poder, superioridad, ambición y control absoluto. Noté que muchas acciones de mi antiguo yo, ya no podía manejarlas, gradualmente estaba perdiendo dominio sobre mí mismo.

Dejé de hacerme el aseo capilar, porque ya no podía despegar la malla de mi cráneo, se había adherido a mi ser. No entendía lo que pasaba. Comencé a vivir un lado oscuro de mi persona. Era otro yo que estaba surgiendo. Mis pensamientos tenían ya otro dueño, el dueño del pelo que ahora yo tenía puesto en mi cabeza calva y ese sujeto, comenzaba a gobernarme.

Al inicio disfrutaba esta transformación, pues me hacía sentir especial y diferente, una forma de ser completamente opuesta a mí; tan liberal, tan atrevido, tan temerario. Después comencé a tener sudoraciones nocturnas, temblores, mareos, náuseas constantes, y lo peor; malos pensamientos, con inclinaciones malignas y perjudiciales. También aparecieron sueños como registros de una vida pasada. En ellos había personas desconocidas para mí, pero con las cuales interactuaba con familiaridad, así como lugares, calles, casas, recuerdos y vivencias sobre todo perturbadoras. Yo me despertaba muy asustado y con miedo a volver soñar.

Dejé la universidad por completo. A mi exnovia la maltraté todo lo que quise, la otra muchacha simplemente me dejó al asustarse de ciertos comportamientos que tenía. Me fui de mi casa, abandoné a mis padres. Inicié una nueva vida, una vida pendenciera y disoluta.

En los momentos en los que volvía a ser yo, intentaba arrancarme el peluquín, pero no era posible. Estaba más pegado a mí que cualquier otra cosa. En un intento desesperado, me golpeé varias veces la cabeza, pero nada resultaba. No sabía qué hacer. En otro momento, intenté afeitarme la cabeza, pero como cosa sorprendente, el peluquín se autoprotegió, no permitió que avanzara la máquina, y a los pocos días me salió pelo abundante donde había cortado algo de cabello.

Después comencé a hablar con un tono muy peculiar y a dominar completamente el portugués. Me sorprendía pensando en ese idioma. Ahí me di cuenta que el dueño de ese cabello era un hombre brasileño. ¡Eso era razonable! Intenté hablar a la clínica e informar lo que me estaba pasando, pero nada, ya nadie contestaba. Mandé innumerables correos, pero nunca fueron respondidos. La página de internet había desaparecido. Busqué registros, direcciones y antiguos pacientes. No encontré nada. Era como si ese lugar nunca hubiera existido. Desapareció misteriosamente, sin dejar rastro alguno.

También quise investigar sobre la persona que vivía dentro de mí, quien se había apoderado de mi cuerpo y mi ser, a quien obedecía mi intelecto y mi voluntad, pero fue imposible. Sólo me di cuenta que era alguien perverso y maligno.

Ahora mis momentos de lucidez son cada vez menos frecuentes y muy limitados, así es como puedo escribir esto, para no olvidar quien soy yo realmente. El que era antes, ese cuando no tenía pelo. Hoy siento que desaparezco conforme pasan los días. Mi verdadero yo, está siendo capturado y llevado directo al desastre, mientras el otro toma posesión de todos mi sentidos, pensamientos y formas de actuación.

En estos momentos pienso tanto en mis errores. Desearía volver a ser calvo, pero con identidad y personalidad propia. En realidad, no tener cabello, no es tan malo como yo pensaba, sencillamente se trata de vivir aceptando quién eres.

Aaah y si estás leyendo esto, quiero que tengas presente, que si encuentras una clínica que prometa devolverte el cabello perfecto….quizá tendrás que pagar las consecuencias.

Y si algún día me reconoces por la calle; no trates de acercarte a mí, no pretendas saludarme. Mejor huye, date la vuelta, ¡vete! Porque yo ya no soy yo, sino él, ese que encontró en el peluquín una forma de volver.

 

Río de Janeiro, 30 junho 2026

Assinado: Marcus Maia de Sá

 

 

Comentarios

Marité Ibarra dijo…
Buenos días a todos!!! Iniciamos una semana más. Gracias por la publicación de este texto profesor Frías.
Saludos cálidos a todos los integrantes de este Blog!!
Anónimo dijo…
Compañera Ibarra recibimos la semana con un interesante texto de su autoría, tiene usted esa gran capacidad que tienen los grandes autores para llevarnos a través de las líneas de sus escritos, todo gira en torno a una peluca que nos lleva hasta Brasil, gran imaginación. Estaba a punto de ir al peluquero antes de leer su texto, ahora que lo leí me pregunto y si me contagia con rasgos de la personalidad de otro ser humano con la máquina que usa el Thalio (así se llama el peluquero) . Le mando un abrazo afectuoso hasta la ciudad de Guamúchil desde Los Mochis.
Marité Ibarra dijo…
Profesor Adán, cómo me reí con su comentario!!! Qué no se le peguen las malas mañas del Thalio!! Aquí en Guamúchil hay un Thalio, no es peluquero, es "decorador" o "decoradora", eso no lo sé bien.
Jajajaja ayyy noooo.
Profe muchas gracias por leerme y dar ánimo con sus palabras!!
Yo le mando muchos saludos hasta los Mochis!!!
Estimada marité, te felicito por este excelente relato que nos regalas; un texto para leerlo, deleitarnos y reflexionar sobre la veleidad de la Condición Humana.
Tu cuento me recordó a otro de García Márquez: "Eva está dentro de su gato"
https://lecturia.org/cuentos-y-relatos/gabriel-garcia-marquez-eva-esta-dentro-gato/726/

Saludos, José Manuel Frías Sarmiento
María Porcella dijo…
Querida Marité, tú siempre asombrando con tus textos. No dejas de sorprenderme. El texto se volvió algo macabro con algo se apodera de la personalidad del protagonista. Desde luego muy ilustrativo y nos llevas a Río de Janeiro, aunque no describas cómo es, lo puedo ver en mi mente. Y también pude imaginarme las etapas en que el peluquín se fue adueñando de la vida e identidad del personaje.
Saludos.
Anónimo dijo…
Hace un par de años conocí a una persona que tal cual tu escrito. Perdió su melena muy joven. la pregunta de siempre e inoportuna --¿desde los cuantos años empezaste a perder el cabello? Solo se agachaba y respo día desde los 18. Este escrito me hizo pensar en el y todos aquellos que están y podemos quedar pelones. Ahora lo pensaría mil veces antes de ponerme un peliquin. Bueno este escrito me hizo imaginar todas las acciones del hombre, sus gestos, mala conducta que hasta me dieron ganas de arrancarle el peluquin y liberarlo de él!! Excelente historia como siempre Marité.
Marité Ibarra dijo…
Muchas gracias maestro Frías por su comentario y por su recomendación literaria.
Le agradezco este maravilloso espacio que creó para todos nosotros!!
Un fuerte abrazo para usted!!
Seguimos en contacto!!
Marité Ibarra dijo…
Querida María. Este texto es una amalgama de recuerdos, de vivencias, de cosas que he visto, escuchado y cosas así, que uniendolas, salen este tipo de historias.
Qué bueno que reconoces lo misterioso que hay en el texto, efectivamente le quería dar ese enfoque.
Y así, en etapas, el cabello del peluquín, terminó absorbiendo la personalidad y cuerpo de su actual dueño.
Muchas gracias por leerme y comentar. Agradezco mucho tus palabras.
Te mando un fuerte abrazo!!!
Marité Ibarra dijo…
Muchas gracias estimado anónimo. En tu comentario aparecen los sentimientos que pueden experimentar algunas personas cuando pierden el cabello. Hace poco visité un lugar donde pude percibir a muchos hombres calvos, desde jóvenes hasta adultos, y se hizo muy extraño.
Muchas gracias por leer y comentar mi texto.
Saludos!!!
Lizbeth Frías dijo…
Marité, me ha encantado su texto!! Es tan creativo, tan ingenioso que hace que logremos imaginarnos cada parte del relato. Me gustó mucho como se habla también de como para algunas personas resulta limitante alguna condición física que tengan. Me ha encantado.
Marité Ibarra dijo…
Lizbeth que tal!!! Muchísimas gracias por haber leído esta historia y por darte el tiempo de comentar.
Aprecio de corazón tus palabras y efectivamente así es como se puede llegar a sufrir una perdida y después desearla a toda costa.
Te agradezco tu atención y te mando un fuerte saludo hasta la bella ciudad de Madrid!!

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