“Me autorreprocho cómo se me fueron a olvidar esas fechas. Eso es imperdonable, de verdad imperdonable, y lo que le sigue"
"ESOS OLVIDOS"
Por: Adán Lorenzo Apodaca Félix
No sé cómo se me fueron a olvidar. Yo, que me
jacto de tener una buena memoria, desde la secundaria me percaté de eso. Me
enojaba y lo consideraba un atentado contra mi mente cuando mi profesor de
química me ponía unas notas en los exámenes que decían: “Por favor, joven, no
abra el libro en el examen, sus respuestas están igualitas”. El libro de
química estaba muy “delgadito” era el ABC. Eso lo consideraba un atentado
contra mi memoria; por eso me autorreprocho cómo se me fueron a olvidar esas
fechas. Eso es imperdonable, de verdad imperdonable, y lo que le sigue.
Me acordé de la obra póstuma de Gabriel García
Márquez, En agosto nos vemos, esa obra que es muy cuestionada por sus
críticos —que también tuvo y tiene—, quienes dicen que no la escribió él; de
esa también me acordé, y no de esas fechas tan importantes. Se va a acabar el
mes de agosto de este 2026 y no me lo puedo perdonar.
Me acordé también de la canción del chileno Fernando
Ubiergo, “Cuando agosto era 21”. Van pasando los días y me pregunto si me
acordé de esto, ¿por qué no me acordé de esas fechas importantes? Me sigue
torturando esa omisión de mi mente y, en lo sucesivo, he hecho la promesa de
que jamás se me olvidarán en los agostos que me queden de vida. Ojalá sean unos
veinticinco, como contestó Isabel Allende cuando le preguntaron cuántos años
más iba a seguir escribiendo. Pues sí, no me lo perdono.
Me sirve de consuelo que muchos de mis amigos,
que se dicen letrados —que además sí lo son—, tampoco se acordaron, y eso me
sorprende más porque ahí, entre los pocos que tengo, hay historiadores,
juristas, humanistas y muchos profesores que no deben incurrir en esos olvidos.
También en el blog de escritores en el cual
participamos con un profesor de Culiacán al que le dicen «el tal Frías»,
tampoco los colaboradores de ese espacio, ninguno de ellos se acordó; y vaya
que hay en ese espacio personas muy leídas y letradas, y además sensibles a
tales acontecimientos.
Incluso en mi consolación le eché la culpa de
esos imperdonables olvidos a los últimos acontecimientos originados en Sinaloa,
que no solo cimbran al país sino a gran parte del continente. Esos
acontecimientos que han puesto a nuestro estado en la continua discusión
nacional —nada provechosa para el estado de los once ríos—. Le eché la culpa
también al vilo en el que nos tenían por no conocer a los jefes territoriales
del partido en el gobierno; hasta eso entró en mi débil argumentación
olvidadiza.
La verdad, sí es en serio, ¿cómo se me fueron
a olvidar? Yo, que siempre lo recordaba desde la educación primaria en la
explicación que me daba mi profesor Benito Guerra Prado, quien muy enfático
decía: “Jóvenes, eso que sucedió allá, jamás en la historia de la humanidad
debe volver a suceder, grábenselo bien”. Por eso no entiendo, si todos los años
recordaba esas palabras, no entiendo cómo se me fue a olvidar.
En las redes tampoco aparecieron referencias a
esos acontecimientos; ellos andan empeñados en otras cosas. Los influencers,
de los muchos que existen en nuestra condición temporal, tampoco se acordaron.
Tal vez es mucho pedirle al Peñita, al Cachila o al Marisquero todos de
Guasave, que son de los que tienen más likes, como se estila decir
ahora; no, ellos no lo pueden tratar. “No hay”, “no hay” decía nuestro admirado
Héctor Suárez.
Por eso no entiendo cómo es que se me olvidó
que el 6 y el 9 de agosto de 1945, el Enola Gay bombardeó Hiroshima y Nagasaki.
Simplemente eso quería expresar, cómo es que se me olvidaron esas fechas; creo
que a nadie deben de olvidárseles porque son un parteaguas en la historia. Que
no se repitan esos acontecimientos tan deplorables para la humanidad y también
que no se repitan esos olvidos. Nunca más.

Comentarios
La historia, dice el clásico, debe recordarse para no repetirla y qué bueno que, al menos, Usted nos la recuerda con el texto que hoy pone a la vista de los pocos que leemos este también casi olvidado blog, por legos e intelectuales, a la par.
Gracias, Dr. Adán. Y ojalá nunca más vuelvan a lanzar en ninguna ciudad otra bomba atómica como aquel Litle Boy norteamericano.
Saludos, su amigo, JM, El Tal Frías S