“Las horas me derrotan / Las semanas se acomodan / al ritmo de una canción que ya nadie recuerda"
TRAE LA LLUVIA
Por: Ian Báez Palazuelos
Puede que los días cambien
con el largo de tu cabello
o la ropa que eliges para fingir
que aún perteneces a algún lugar.
Pero sigues siendo el niño
que abandonó la casa
y ahora carga el peso de no poder regresar.
Te cansas en la búsqueda de salvación,
esa cacería ciega por un sitio
en el mundo que te dio la vida,
te moldeó con manos de hierro
y ahora te destroza sin prisa,
como quien sabe que el barro
nunca deja de ser barro.
Fuera, fuera, fuera lo viejo.
Que entre, que entre lo nuevo.
Queremos de vuelta lo viejo
Susurramos algunos solitarios.
Cantando:
“Trae la lluvia a mi puerta,
trae tus cielos retumbantes
ahoga los fuegos que queman el muro
de una vida que se despide
Ondeando su palma abierta.”
Las horas me derrotan.
Las semanas se acomodan
al ritmo de una canción que ya nadie recuerda.
La frustración se vuelve visible
en los dientes que se quiebran
mientras muerdo el aire
que se niega a alimentar.
Fuera, fuera, fuera lo que fui.
Que entre, que entre lo que no soy.
Queremos de vuelta el hogar
que solo existe en la memoria
de quienes ya no saben volver.
Cantando:
“Trae la lluvia a mi puerta,
trae tus cielos retumbantes
ahoga los fuegos que queman el muro
de una vida que se despide
Ondeando su palma abierta.”
(¿En qué me he convertido?
Solo otro más, lejos de casa,
arrastrando un alma que ya no responde
cuando alguien la llama por su nombre.
Algo me toma de la mano.
—quizá el tiempo, quizá el miedo—
y mis pies se rehúsan a seguirlo,
porque saben que cada paso
es una traición a lo que dejamos atrás.
Nuevas esperanzas se alzan
como torres que nunca se habitarán.
Nuestros ojos se vuelven puertas
abiertas de par en par,
pero el mundo caminó a través de nosotros
y ahora nos atormenta
en el único hogar que conocemos:
esta ruina que aún llamamos vida,
esta herida que aún llamamos yo.)
Trae la lluvia a mi puerta.
Trae tus cielos que no perdonan.
Ahoga los fuegos que queman el muro
de una vida que se despide
y no deja ni siquiera
el derecho a llorar lo perdido.

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