"El café no es para llevar. Es para sentarse. Para mirar a la persona que tienes enfrente. Para hablar una hora… o más, sobre la vida"



 



EL CAFÉ NO ES PARA LLEVAR

 

Lizbeth Frías

 

El café no es para llevar, es para sentarte, disfrutarlo y acompañarlo de una buena charla. Ése es, entre muchos otros, uno de los aprendizajes que me ha dejado el vivir en Madrid.

Aprender a vivir más despacio. Y parece una tontería… hasta que de repente, un día te das cuenta que ya no vas por calle caminando con un café en la mano, que no vas al centro comercial y de primeras llegas y pides tu Starbucks para pasearte con él mientras estás de shopping; o lo mismo, cuando vas al trabajo, pero necesariamente antes tienes que pasar por tu café favorito, que igual y ni es tu favorito pero sí el que está de moda; y llegar con él te hace sentir bien.

Y es que, en México, echando memoria atrás, así es como lo recuerdo, así es como solía ver el entorno y, claro, me incluyo porque muchas veces fui parte de ese sistema, donde el café era un accesorio más, sí, era parte del outfit. Lo comprabas por el drive-thru porque, claro, ibas tarde, no hubo tiempo de desayunar en casa tranquilamente. Lo pedías para aguantar la jornada. Lo llevabas en el portavasos del coche.

Aquí he descubierto todo lo contrario, el café no es para llevar.

Es para sentarse. Para mirar a la persona que tienes enfrente.

Para hablar una hora… o más, sobre la vida.

Tampoco ves esa obsesión por cargar un termo gigante como si fuera una extensión del brazo. Sí, el Stanley, ese que estás pensando, incluso, cuando salió la moda ésa, veía como todo mi instagram enloquecía por conseguir uno, como la gente los revendía a precios ridículos, y ahí comenzaba a entender que yo ya estaba fuera de ese sistema, que yo ya había roto con ese consumismo. Aquí lo tenía al alcance de mi mano, y no me daba ni tantito FOMO, no tenerlo. Es más, veías las stories y decía, pero para que lo quieren, es gigante, eso va a pesar mucho, sólo te mantendrá con las manos atadas, pero es que el deseo allá de querer encajar y pertenecer es tan fuerte, que a veces hasta te impide razonar.

Aquí no es común tampoco esa necesidad de demostrar cada dos por tres que siempre estás ocupado.

Aquí las cosas parecen tener su momento.

El café tiene su momento.

La comida tiene su momento.

El paseo tiene su momento.

Hasta el silencio tiene su momento.

Y eso te lo digo ahora que más o menos lo ando comprendiendo, por supuesto que cuando recién llegué me frustraba y me desesperaba porque no entendía nada, todo me parecía lento e incluso absurdo, pero claro, es que yo venía de ese sistema donde terminamos creyendo que vivir a prisa, acelerados y a mil por hora es sinónimo de una persona muy ocupada y, por ende, de una persona importante.

Y no, antes de que alguien me diga que estoy romantizando España… claaaro que también aquí hay prisas. Métete al Metro del centro Madrid a las ocho de la mañana o antes y parecerá que estás participando en una competencia olímpica. Todo el mundo corre para alcanzar el tren, el Metro y para llegar al trabajo y no perder la conexión. Sí, también existe eso.

Pero yo te estoy hablando de la vida en los barrios, no de la vida donde suele estar lo turístico. Porque es que es como mágico, porque las prisas desaparecen cuando llegas a tu barrio.

Ahí sí que cambia el ritmo completamente.

La gente camina despacio. Las terrazas están llenas un martes cualquiera.

Los jubilados se sientan en una banca simplemente a ver pasar la vida.

Y lo más increíble, de verdad que yo no me lo creía, como los negocios cierran sus TRES HORAS al día para ir a casa a comer tranquilamente y tener tiempo de su siesta, sí, así como lo lees, aquí normalmente de 2:00 de la tarde hasta las 5:00pm los negocios están cerrados; a esas horas no ves mucho movimiento por la calle, porque la gente está en su momento, es su momento de comer, de descansar y eso aquí lo valoran y lo respetan muchísimo; cuando en México yo recuerdo que había veces que terminabas comiendo quizá a las 4:00 de la tarde o a la hora que fuera, según terminaras tus ocupaciones, porque priorizábamos eso … aquí es diferente. Seguramente si haya casos como el que expongo, pero te quiero decir que no es lo habitual, y aquí te estoy poniendo ejemplos de los negocios que cierran como tiendas, algún mini súper y negocios locales (no, un supermercado grande, ése no cierra, tranquilos) pero, si hablamos, por ejemplo, de los restaurantes pues eso fue otra de las cosas que me sorprendía mucho y siempre me lo estaba cuestionando pues no lo comprendía, y es que los restaurantes aquí suelen cerrar a partir de las 5:00pm y no es sino hasta las 8:00pm cuando vuelven abrir, sí, justo para lo que estás pensando, para la cena.

Pero a mí me explotaba la cabeza, porque yo decía, cómo, ¿pero y si alguien quiere comer a las cinco, a las seis o a la hora que les apetezca, por qué no pueden hacerlo?? En verdad que no lo entendía, para mí no era normal que un restaurante cerrara, siempre los vi abiertos de corrido, pero vuelvo y repito, pues quien atiende también son humanos, ¿por qué no merecerían descanso?

Y ya ni te cuento cuando vas al restaurante “en horario de cena” por ejemplo, pero se te antoja algo del menú de “merienda”, no señor, pues eso ya no está disponible, haber venido en el horario de merienda y haberlo pedido. Te repito, TODO tiene su momento.

Dime cuando en México hemos visto esos ritmos y estilos de vida, y ya no me refiero a este último ejemplo, sino cuántos dueños de sus propios negocios, no se dan esos momentos de descanso, donde comer muchas veces significa hacerlo frente a una computadora.

Aquí entendí que descansar también es parte del trabajo, pero entender eso cuesta, uno llega con el chip de estar produciendo todo el tiempo.

Si estás sentado, deberías estar haciendo algo.

Si tienes una tarde libre, deberías aprovecharla.

Aquí la gente protege muchísimo su tiempo personal, cuando la jornada laboral termina… de verdad termina. No esperan que contestes WhatsApps del trabajo a las ocho o nueve de la noche. No es normal que tu jefe te escriba un domingo.

Las vacaciones son vacaciones.

Y parece algo tan lógico… pero no lo es, no lo es, hasta que vienes de una cultura donde muchas veces estar disponible todo el tiempo se confunde con “ser un buen trabajador”.

Mira, hablando de vacaciones, estamos en el mes de agosto, el mes donde la gente suele salir de vacaciones. Ya, ya sé que allá también, pero sigues sin entenderme, en Madrid, literalmente las calles se ven solas, Madrid es una ciudad donde cuesta mucho aparcar, incluso en las zonas residenciales de los barrios, es dar vueltas y vueltas por un buen tiempo para conseguir aparcar, pues en verano cambian totalmente, las calles las ves despejadas, sobra donde poner tu coche, los negocios están cerrados, y no, no por una semana, ¡POR UN MES! Para que te hagas una idea, algunos días de agosto se siente como se siente el 25 de diciembre en México, ¿ubicas?, me refiero a las calles, donde todo se ve solo porque todo prácticamente está cerrado y la gente está con sus familias en sus casas. Pues algo similar se ve aquí en agosto, no TAN extremo, pero si alcanzas a percibir esa tranquilidad (que de por sí, siempre hay) imagínate ahora sin gente, donde la mayoría de va sus pueblos a pasar el verano.

No hay una sobremesa donde nadie mira el reloj.

En fin, con ello sólo puedo decir lo siguiente, México me enseñó a trabajar duro, a entregar proyectos para ayer, a encontrar siempre soluciones, a moverme rápido, a pensar siempre en lo que sigue. Pero Madrid me ha enseñado algo que no sabía que necesitaba.

Que también se puede vivir sin correr todo el tiempo.

Que descansar también es parte de la rutina y no es perder el tiempo…

Y que, quizá, la verdadera riqueza no está en hacer más cosas durante el día…

Sino en estar realmente presente en las que ya estás viviendo.

Desde que vivo aquí, he descubierto una versión de mí que no conocía, una que está aprendiendo que la vida no siempre se mide por todo lo que alcanzas a hacer…

Sino por todo lo que alcanzas a disfrutar.

 

 

Comentarios

Tienes razón, Lizbeth, en muchas partes se vive con tanta prisa que la gente no se da tiempo para apreciar y disfrutar lo que tiene a su alcance y a su alrededor, como un lindo atardecer, un hermoso parque lleno de árboles y de aves que lo alegran con su canto. O, como dices en tu relato, disfrutar del aroma y sabor de un buen café charlando con amigos. Ese estilo de vida allá en los barrios madrileños vida, esa placidez para tomar un café, saborear una sobremesas y gozar de siesta reparadora es lo que permite vivir más y mejor a quienes, además, de llevar una dieta mediterránea, se dan el tiempo para vivir la vida con menos prisa que nosotros.
Disfruta, aprende ese estilo de vida y síguenos contando tu nueva vida en Madrid al lado de Daniel, tu esposo y de las nuevas amistades que haces, como esa comunidad de Mexicanas en Madrid.
Hija, te felicito por estos excelentes relatos que compartes en este Blog.
Saludos y un abrazo de tu papá, José Manuel Frías Sarmiento
Anónimo dijo…
Estimada Lizbeth, leo con agrado su entrega de este miércoles acá en Sinaloa, efectivamente como usted lo narra eso es otro mundo, otra vida, por supuesto otra cultura, eso es lo interesante deponer los hábitos de crianza para incorporar otros, la calma madrileña llama mucho la atención, siga su proceso de incorporación y escriba, acá la vamos a seguir leyendo con interés. Le mando un abrazo afectuoso desde Los Mochis Sinaloa.
Muy interesante tu narrativa Lizbeth de cómo se vive la vida en Madrid. Es un contraste muy diferente de la vida que llevamos aquí en México. Esos hábitos de cerrar los negocios para disfrutar la comida y tener una siesta, sin duda repercuten positivamente en la salud de los madrileños. También me sorprende enormemente como se vive la vida en Madrid sin prisas. Eso es disfrutar la vida. Saludos cordiales.
Marité Ibarra dijo…
Gracias a ti, Lizbeth, podemos ver cómo es la vida en Madrid. Es interesante aprender cómo vive otra gente e inevitablemente surgen las comparaciones. Yo también he sentido que si me quedo a descansar siento que pierdo el tiempo y no soy productiva, hasta un sentimiento de culpa me entra por descansar. Aquí estamos acostumbrados a estar todo el tiempo activos, pero eso tampoco es muy productivo, se necesita sacar tiempo para descansar como los madrileños.
Muy bien está saber esto, ahora me gustaría conocer cómo o qué música escuchan allá en Madrid, qué grupos están de moda, cómo baila la gente, cómo son las bodas, etc. Tengo curiosidad por saber eso.
Seguimos leyendonos.
Saludos!!!

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