“Cuando el ego muere, tú no desapareces. Al contrario, apareces, pero ya de una manera mucho más auténtica"
3. “CUANDO EL EGO MUERE, LA EMPATÍA DESIERTA”
Lizbeth Frías
¿Será que el
ego y la empatía pueden convivir a la par?
Es una pregunta que me hago tras haber leído esta frase de Gandhi que dice “Cuando el ego muere, la empatía despierta”. Y sí, coincido totalmente con la alusión a lo que hace sentido esa frase; cuando una persona deja el ego de lado, se convierte en una persona más empática, cierto.
Pero, me entra la duda porque, ¿quién en algún momento no ha vivido con ego? Yo creo que todos, ¿no? Y me incluyo, aunque eso no signifique que esté orgullosa de ello, pero siendo honestos, el ego te eleva, en su momento te hace sentir bien, porque claro, te sientes importante, te sientes imponente, eso es lo que provoca el ego:
Entrar
a un lugar esperando que todos noten que llegaste.
Sentir
que tu opinión pesa más que la de los demás.
Pensar
que, si tú estás incómodo, alguien tiene que hacer algo al respecto.
Pensar
que, si alguien no te aplaude por lo que le estas contando, te está ignorando.
Básicamente, vivir con la sensación de “yo soy diferente”.
Y sí, si lo somos.
Todos somos únicos. Todos tenemos una historia que nadie más ha
vivido Todos sentimos, pensamos y soñamos de una forma diferente.
Y cuando te das cuenta que estás viviendo así y decides cambiarlo, como dice Gandhi, la empatía despierta, y es lógico, empiezas a pensar y a ver a los demás, en vez de sólo verte a ti, porque es así, con el ego sólo existes tú. Y aunque la empatía es algo muy lindo y nos hace sentir muy bien, si somos honestos, y me gustaría que de verdad me lo dijeran … ¿en ningún momento han extrañado el ego? ¿no volvieron nunca a querer sentir esa atención que se tiene con el ego? Porque, en mi caso sí, muchas veces extrañé esa sensación, y es que creo que cuando la has experimentado, de primeras cuando dejas ese ego de lado, sí que se siente extraño ser “uno más”, “un mortal más”, al que nadie conoce, al que nadie le aplaude, al que para los demás lo que hace no lo ven wow, no le dicen nada, es como qué “bien” eso haces, “pues genial”, cuando venías de que te alabaran y reconocieran todo el tiempo por lo que hacías.
Es una
sensación extraña que de principio no se comprende, no entiendes por qué para
los demás no es increíble lo que haces y, en cierto momento, puedes hasta dudar
de si realmente lo que haces o hacías era bueno.
Pero hay una diferencia enorme entre reconocer tu valor y
sentirte superior.
Entre tanta reflexión de vagón en vagón que es como se ve ahora
mi vida, estoy aprendiendo lo siguiente:
Una cosa es saber que eres especial, pero no necesariamente
debemos esperar que los demás nos hagan sentir especial todo el tiempo. Qué
cansado resultaría eso para el círculo que te rodea.
Y es que cuando vamos por la vida sintiendo que el mundo gira
alrededor nuestro, cualquier cosa la podemos tomar o convertirla en una ofensa.
Las expectativas no siempre son buenas, ¿por qué deberíamos
enfadarnos si alguien no nos saluda como esperábamos, si no nos responden
inmediatamente o si alguien no esté de acuerdo con nuestra opinión?
Empezar a ver y preocuparte por los demás es de los sentimientos
más bonitos que hay. Comienzas a sentirte plena y más tranquila.
Al final, quizás el ego y la empatía no puedan convivir, pero
eso no significa que dejarás de importar.
Significa que mi opinión importa, pero también la tuya.
Y qué diferente se siente vivir desde ahí.
Dejas de pensar ¿por qué nadie me pregunta cómo estoy?”
Y empiezas a preguntar ¿cómo estás tú?
Dejas de necesitar ser siempre la persona más interesante de la
conversación y descubres lo bonito que es escuchar de verdad. Y empiezas a
conectar.
Y sí, cuando el ego muere, tú no desapareces. Al contrario,
apareces, pero ya de una manera mucho más auténtica.
En la vida, hay historias increíbles que nunca conocerías si estuvieras demasiado ocupado contando la tuya.

Comentarios
Totalmente de acuerdo Lizbeth.
Todos somos diferentes y vemos las cosas de manera distinta.
El ego, a todos nos gusta, pero nunca hemos de perder el piso.
Excelente reflexión compañera.
Seguimos leyendonos!!!
Te felicito, es un relato muy claro, muy explícito y muy honesto . Y bien construido..
Saludos, hija, tu papá José Manuel Frías Sarmiento