Tapalpa es un Pueblo Mágico de la sierra de Jalisco. Ahí se creó la primera fábrica de papel de Latinoamérica. Y en ese pueblo fundado por los españoles por allá en 1531, un 25 de julio de 2026, dos Carlos, asaron el primer borrego de su vida. No eran improvisados, sabían lo que hacían, aunque jamás lo hubieran hecho. Yo llegué como invitado y sin haber jamás haber estado en un asado ni de chivo, mucho menos de borrego. Lo he comido en barbacoa y en chuletas, por lo que tenía curiosidad por mirar cómo sería el proceso. Había temor de que lloviera y el clima hizo que se adecuara un asador, brasero le decimos de en Sinaloa, para reclinar, suspendido por ligeras cadenas los 17 kilogramos del  cuerpo del borrego abierto en canal, marinado previamente y rociado luego, durante el asado, con agua aromatizada con romero casi silvestre, cortado del jardín de la casa de retiro de Tapalpa en la que un colectivo de casi cuarenta o más personas se reunieron para celebrar un logro de uno de los Carlos que asaron este borrego del cual ahora escribo este relato.

La manera casi artesanal de asarlo me recordó los asados de los gauchos argentinos que acampaban custodiando el ganado que llevaban por semanas para que apacentaran con libertad en el verde y jugoso pasto de las pampas argentinas. También, no sé por qué, me hizo pensar en los pucheros españoles de antaño, colgado de un gancho, con la lumbre abajo y cociendo la carne en una olla con caldo condimentado. En realidad, no sé qué pensaba, sólo dejaba fluir el pensamiento que iba del suave ritmo de la internacionalmente famosa orquesta cubana, 

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