"Que Dios bendiga a Dios y a usted también recordada Lolis"
"GRACIAS, LOLIS"
Adán Lorenzo Apodaca Félix
Creo que en todos los ámbitos en los que interactúa el ser humano existe la soberbia. En este caso me voy a referir a una circunstancia personal que a la distancia temporal me genera ciertas perturbaciones en mis esquemas mentales, pequé de soberbio, estuve en omisión por muchos años, como en aquella canción de Julio Iglesias en la cual dice que se olvidó de vivir, así yo, me olvidé de agradecer por entrar en una absurda competición para ser mejor que quien sabe quién. Por todas esa dosis de soberbia y numerosas omisiones, quiero hacer un ejercicio restauratorio con una expresión que no sé dónde la leí pero que más o menos decía así:
Decía en la cumbre mi orgullo
pocos han llegado hasta aquí,
en eso que pasa volando
una mosca sobre mí.”
Esto ilustra como la soberbia y el orgullo poco sirven, no hay que creerse de nada, todos somos iguales en la vida y en las instituciones. Y como dijo el torero español Manolete cuando lo arropaba el éxito y la fama, en sus tiempos de auge económico, mandó construir doce casas iguales, una para él y las otras para cada uno de sus once hermanos, la hermana del torero ordenó a los constructores que hicieran una casa especial para el novillero, una construcción que se distingüiera de las demás, esa orden llegó a oídos del torero y reordenó que se hicieran todas iguales: “Hermana, nadie es más que nadie” sentenció el famoso matador.
Con esas referencias está escrito el texto que hoy genero, este es una recordación, una disculpa para una persona que contribuyó con mucho en mi proceso formativo, no fue una profesora que orientara mis reflexiones, no fue un profesor que dirigiera mis investigaciones, fue una persona modesta y sencilla que contribuyó de gran manera en mi proceso formativo, nunca la olvidé y hoy se lo patentizo, pero también hay que decir que nunca la referencié.
Dice Fernando Savater, filósofo español, que cuando se hace uno viejo, se le van reduciendo las posibilidades de hacer muchas cosas y el estuario de la existencia va acotando el vivir, antes de que se me acote por completo, quiero agradecer y reconocer la valiosa ayuda que esa persona me proporcionó, ayuda que llegó cuando era necesario que llegara.
Ella era una secretaria en la Universidad Pedagógica Nacional 253 en Los Mochis, desde 1980 empezó a trabajar en la UPN, después pasó en 2013 a la Universidad Pedagógica del Estado de Sinaloa y ahí se jubiló. Cuando estudiaba la maestría era ella quien me tecleaba los ensayos con los cuales me evaluaban mis profesores. Ella se llama María Dolores Cota Acosta, por cariños de esos que se domicilian en las empresas e instituciones educativas como en este caso, la llamábamos Lolis, los alumnos, trabajadores administrativos, de servicios generales y profesores. Eficiente a más no poder, discreta, puntual y responsable en las labores que desarrollaba, buena esposa, excelente madre, hermana e hija.
Pues bien, la Lolis era quien me tecleaba a máquina los ensayos de mis estudios de maestría, no fueron pocas las ocasiones que le eché a perder los domingos familiares, cuando se ponían muy exigentes mis profesores de maestría, cruzaba el domingo la ciudad en bicicleta para llevarle el borrador de mi ensayo a la Lolis, iba los domingos porque ella trabajaba de martes a sábado y yo generalmente entregaba los ensayos los lunes, no fueron pocas las ocasiones que estuve en la sala de su casa horas y horas mientras ella tecleaba las ideas de Pierre Bourdieu, Paulo Freire, Jean Piaget, Lev Vygotsky, Luis Althusser, David Ausubel, John Dewey, Ovidio Decroly, María Montessori y Carlo Ginzburg, entre otros teóricos que daban forma a mis reflexiones de esos tiempos, principios de los años noventa del siglo pasado.
Textos bien escritos eran los que producía la Lolis, los profesores cuestionaban mis escritos por algunas imprecisiones de orden teórico, por algunas omisiones en las ideas, por algunas tendencias erróneas en mis juicios, jamás me cuestionaron los textos por las faltas al idioma español. De esa magnitud eran los textos que generaba la Lolis, quien solo tenía estudios de secretaria en una academia comercial, pero eran de aquellos estudios los cursados de manufactura muy completa. “No como los de ahora”, así suele expresar la Ramona de mi pueblo cuando hace referencia a cualquier situación del pasado.
Muchas gracias apreciada Lolis, quiero decir que ante mis numerosas incursiones a su casa los domingos, si alguna vez estuvo de mal humor lo disimuló muy bien, muchas gracias también a su esposo e hijas por la paciencia y la tolerancia, ellos no tenían culpa alguna. Lo más notable de todo, situación que en los tiempos actuales es poco vista, el tecleado de los ensayos que a veces fluctuaban entre las veinte y treinta páginas con todo y bibliografía, eran totalmente gratuitos, cuando se trataba de pagar, con la expresión “está loco usted, déjese de eso” cerraba el diálogo dominical.
Terminé mis estudios de maestría, después vinieron los de Doctorado y me olvidé de generar este texto, ahora sé que nunca es tarde para hacer esas manifestaciones de agradecimiento, ser agradecido es una cualidad que debe distinguir al ser humano, por eso apreciada Lolis, en este texto quiero patentizar mi agradecimiento a la labor que usted realizó para que yo pudiera culminar con éxitos mis estudios de maestría. Como dice Jaime Sabines: Que Dios bendiga a Dios y a usted también recordada Lolis.
Comentarios
Florina, Eva y Tequi, fueron las primeras lectoras de mi incipiente narrativa pedagógica.
Gracias a ellas que hicieron posible la entrega oportuna de mis tareas.
Saludos, su amigo, José Manuel Frías Sarmiento
Un texto muy emotivo y sincero.
Saludos hasta los Mochis!!!