“No es plagio ni nada, esto es algo que hacemos los escritores en todos los ámbitos, recoger frases de la calle…”



 


 

LA CHISPA ADECUADA

 

Marité Ibarra

 

“Las palabras fueron avispas y las calles como dunas,

cuando aún te espero llegar. En un ataúd guardo tu tacto

y una corona con tu pelo... Eras verano y mil tormentas,

yo el león que sonríe a las paredes” …

La Bicicleta del condenado. Fernando Arrabal

 

Estas palabras fueron “muy bien acomodadas” en una legendaria canción del escritor y poeta español Enrique Bunbury, llamada “La chispa adecuada”, quien ha sido acusado de plagio por “tomar prestadas”, múltiples frases y versos de otros autores como Mario Benedetti, Haruki Murakami, Frida Kahlo, Benítez Reyes, Charles Bukowski, entre otros, pero el detalle está, en que en sus discografías nunca le ha dado los créditos a quien corresponde o como debería.

Esto ha generado polémica y confusión. Es una cuestión más que nada de moralidad, ya que, en prácticas indebidas de la propiedad intelectual, el hecho de “tomar prestadas” esas frases sin el permiso del autor y luego hacer un coctel de diversas frases o poemas que por ahí leíste de autores reconocidos o desconocidos, el resultado es: otra obra literaria pero completamente diferente. Sin embargo, cuando omites las fuentes originales e inspirativas y te apoderas de sus frases, ya se entra en un terreno peligroso llamado “supuesto plagio”.

Por eso nació el “copyright” o derecho de autor, el cual surgió tiempo después de la imprenta en el siglo XV. Porque antes sin ese tipo de regulaciones, cualquiera podía imprimir el libro que le gustara sin la autorización de sus autores, así sin ningún control, eso era una completa anarquía. Era tener acceso barato de la información de quien sea. En pocas palabras: era robo intelectual masivo. Por eso, a través del copyright, las publicaciones se hicieron menos libres, más caras, y más escasas, pero la creatividad del autor quedaba protegida, así mismo como la reproducción y distribución de sus obras ya sean literarias, musicales o artísticas.

Sin embargo, mediante la “toma” de ideas, frases, versos y fragmentos de poemas, se puede llegar a hacer arte, de forma muy creativa. Es esa amalgama de ideas que da como resultado algo novedoso en un contexto distinto, son ideas tuyas mezcladas con las de otros autores, y que ya unidas, adquieren una nueva fuerza y muy llamativa, a esto se le llama “Centón”. El autor toma frases literales o citas de alguien más, y las ensambla para crear algo nuevo en otro escenario. Es el resultado de un ejercicio de ingenio literario e ironía incluso, es armar un nuevo rompecabezas con piezas de otros. Esta no es una práctica moderna, de hecho, existe desde la Antigüedad clásica y ha sido utilizada durante siglos como un ejercicio de reescritura y de homenaje literario.

Roland Barthes, en su ensayo “La muerte del autor” dijo cosas interesantes; “El lenguaje es lo que habla y no el autor”. “El texto es un conjunto de citas tomadas de innumerables centros de cultura, nunca es el original”. Prácticamente afirmó que al publicar lo que sea, cualquier obra, el autor básicamente “muere”, ya que el texto toma vida propia y la interpretación recae meramente en el lector. ¡Qué intenso!¡Autores muertos por doquier!

Cuando en una ocasión se le preguntó a este famoso cantante sobre el uso de citas ajenas, él dijo: “No es plagio ni nada, esto es algo que hacemos los escritores en todos los ámbitos, recoger frases de la calle…”. ¿Tendrá razón el artista?

Imaginemos que esta canción en cuestión, o sea “La Chispa adecuada”, nunca hubiera sido escrita de la manera en la que está actualmente, sin las palabras de Fernando Arrabal incluidas, entonces ¿sería la misma?

Si alguien no se hubiera tomado la molestia de “tomar prestadas” esas esplendorosas frases, siendo realistas, muy pocos hubieran escuchado o leído esos versos. Porque poca gente es la que lee y las pudiera llegar a reconocer, pero con estas canciones salpicadas de poesía ajena, las personas sin darse cuenta, las cantan, propiciando así la reflexión en la profundidad de sus letras. Cantan poesía sin saberlo, sin proponérselo, quizá hasta se vuelvan más cultos o incluyan otras palabras en su acervo lingüístico cotidiano. Porque siendo objetivos, a quién le interesan los derechos intelectuales de muchos autores muertos, que juntos con ellos también mueren sus obras. Por eso yo me pregunto: ¿qué tan malo es “tomar prestadas” esas frases? Es mejor que alguien las desentierre de libros olvidados a que mueran para siempre, de esa forma se mantienen vivos los versos y esa poesía enigmática de alguien que la escribió en su momento.

Ahora bien, en todo aspecto hay buena y mala praxis, existe el bien y el mal, pero ¿quién es el juez que determina el momento justo de cuando comienza el verdadero plagio?

La figura del autor siempre es importante y necesaria, ya que en los tiempos en que vivimos, es imprescindible tener leyes y acuerdos que protejan a la gente creativa para que puedan ser reconocidos y vivir de sus ideas. Sin embargo, existe un difuso concepto de autoría y quizá hasta pasado de moda.

El problema radica en que no hay leyes claras y universales para el cuidado de la propiedad intelectual, la mayoría de los casos dependen de legislaciones de cada país, cuyas normas suelen ser muy ambiguas e imprecisas, dejando un gran hueco legal, donde a muchos artistas les gusta moverse, quizá abusando de las bondades que ofrece el Centón, como lo hace este cantautor, Enrique Bunbury, que según ciertas investigaciones, ya lleva más de 539 versos “tomados”, reflejados en 37 de sus canciones.

Tras los efectos negativos ya mencionados, los derechos de autor siguen siendo una representación por excelencia del mundo moderno, la cual debe respetarse y reconocerse. Es necesario proteger el arte y la cultura, el derecho fundamental de las mentes creativas, ¡no cabe duda que ser artista es difícil!

Hay muchas cosas confusas aún con todo esto de “la toma de ciertas frases” y el plagio, de los autores que ya han muerto, pero que su poesía sigue viva a través de esta práctica. Muchos lectores podrían preguntarse si la reutilización de versos de autores fallecidos perjudica realmente su legado o, por el contrario, contribuye a mantenerlo vivo.

Y ya para cerrar este texto, si este cantante que toma esas “frases prestadas de autores” que aún están vivos, ¿cometió plagio o no? Bueno, eso lo determinará una corte, pero quien sabe cuándo lo hará, o si se le llegue el momento de dar sus argumentos ante un juez.

Mientras tanto que el mundo ruede, y que cada quien haga lo que considere más prudente y justo, según sus criterios y convicciones.

 Febrero 23/26


Comentarios

Estimada Marité, en realidad, casi todo lo que sabemos es tomado de otros que lo descubrieron y escribieron para que nosotros lo leyéramos y nos apropiáramos de él. Es un conocimiento prestado, puesto que no lo inventamos ni construimos nosotros. El dilema, en el caso que traes a colación, no es si nos apropiamos de lo que otros han escrito, sino más bien, no darles el crédito que merecen y hacer creer que somos los autores de lo que tomamos prestado.
hace tiempo, en mis estudios de posgrado, le comenté a Eduardo Remedi, un Maestro Argentino, que a mí o me gusta citar así como cita los que estudian Maestrías y Doctorados, que cuando dicen Buenos días, abren paréntesis y anotan a diez autores, para fortalecer su argumentación.
Él sonrió y me dijo, aprópiate del texto, haz tuya la idea y escríbela a tu manera y con tu propio punto de vista, y al final, en la bibliografía, escribe la fuente de la que tomaste la idea principal.
Y, por eso, casi nunca cito en mis artículos, aparte de que, para los intelectuales académicos que de chiripa los llegan a leer, ninguna de mis líneas puede parecer académica o científica.. Por eso abrimos este Blog de Cuentos y Relatos, para escribir lo que nos venga en gana, a medida que se nos ocurra.
Saludos, José Manuel frías Sarmiento
Marité Ibarra dijo…
Buenos días!!! Profesor Frías primeramente gracias por publicar este texto. Y efectivamente el detalle radica cuando no se dan los créditos a quien merece, aunque sea una mínima mención. Y no apropiarse de las frases como si fueran de uno, como si uno las hubiera creado.
Y me gustó mucho, lo que le dijo ese maestro argentino, tomar una idea y después darle otro sentido, me parece muy razonable.
Seguimos escribiendo maestro Frías, no sé enfade de nosotros.
Un fuerte abrazo para usted.

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