“Le hablé a mi hija la mayor para ver si me podía comprar medicamentos y me dijo que no porque necesitaba comprar ropa y artículos para vestir bien"
¡DE CAMINO A CASA CON UN GOLPE DE
REALIDAD!
Larissa Elit Hernández Flores
Hoy
salí de la Universidad a la que asisto con muchas ganas de ayudar y poner mi
granito de arena para enseñar, muy contenta y orgullosa. Y es que nació en mí
una pequeña escritora ya que fui publicada en Blog de Cuentos y Relatos; para
no hacer más largo el cuento, salí muy contenta, caminé a la parada donde suelo
tomar mi camión. Como a 20 pasos antes de llegar me encontré un señor sentado
en la acera, se le miraba el rostro triste, preocupado, probablemente con un
ataque de pánico, me acerqué, le dije buenas tardes joven, el señor me
respondió: gracias, ya me hizo el día. Me detuve a platicar un poco con él, la
verdad no lo conozco ni él a mí, le dije lo más seguro soy la cola que le vino
hacer el día y logré robarle una sonrisa. Hola, mi nombre es Larissa, mucho
gusto ¿qué tiene? Lo veo triste, platíqueme un poco. Vengo del doctor, se me
subió la presión, padezco como dos o tres enfermedades. ¿Qué enfermedades? Me
dijo que tenía diabetes no sé qué grado, que padecía un tumor en la próstata,
la tercera es un estrés agudo por lo que observé y, probablemente, hasta hepatitis
por su vista amarillosa. Continuamos platicando. Me dijo que arregla abanicos y
su esposa vende atolitos fuera del Seguro Social del Humaya. Lo que hacía que
su rostro se viera desencajado no fue tanto la enfermedad. Me dijo que tiene
tres hijas, las más grandes son estudiadas, una en derecho y la segunda hija en
psicología, las cuales van empezando a ejercer, la más pequeña es un muy
desordenada, pero ayuda en casa; lo peor de mi día es que le hablé a mi hija la
mayor para ver si me podía ayudar un poco para comprar medicamentos y me dijo
que no podía porque ella necesitaba comprar ropa y artículos para vestir bien. Al
decir esto, sus lágrimas rodaron por su mejilla; mientras me contaba
hiperventilaba y no paraba de llorar, lo cual no parecía extraño. En algún
momento de mi vida me pasó igual le dije, respire, inhalé, suelte el aire,
cálmese un poco. Así como hay padres que dan todo por sus hijos, hay padres que
no lo hacen, lo triste de esta historia es que también hay hijos con estudios
de un padre que sacrifico todo por sus hijos y luego se olvidan de ellos. Le
dije que no se centrara en el problema para que pudiera encontrar soluciones,
porque tristemente hay hijos mal agradecidos y sin conciencia, con un padre
enfermo con vestimenta gastada, mayor sin estudios que dio todo sin medida por
amor a sus hijas para que tuvieran una profesión. Me fui a casa triste y contenta
por ese padre que necesita ser escuchado. Triste por saber de su difícil situación
y contenta por haberle dado un momento de plática personal.
Comentarios