"Fue una aventura maravillosa que sirvió para salir de la rutina en que estamos inmersos"




Salimos de la rutina


Alfredo Zañudo Mariscal


Teníamos algunos años de no salir de paseo con varios miembros de la familia. Creo que fue desde antes de la pandemia. Esto debido a que las nietas y nietos ya crecieron y no caben en un solo carro.  Antes, cuando estaban pequeños les tocó viajar con su tata, en la camioneta Duster 2014 por la Riviera nayarita. Visitamos Guayabitos, los Ayala y Puerto Vallarta. Y para el norte fuimos a Topolobampo al Maviri y a los pueblos mágicos del Fuerte y Álamos Sonora.

Por eso, ahora que un yerno ya tiene una camioneta Ford Explorer, les comenté a Karen y a Anabel que pensaba rentar una casa en una privada de Nuevo Altata, y que si podían ir había espacio para 10 personas y también podíamos ir de 5 en cada carro.  

Les pareció buena la idea, nada más Anabel dijo que era necesario conocer bien la fecha para que su marido pidiera permiso en el trabajo y así trasladarnos. O bien en caso de que no se lo dieran nada más iba ir a dejarlas. Fue de esa manera como en la Renaul Duster color rojo, por cierto, escuché por ahí que le llaman camioneta nalgona, volvimos a vivir otra aventura al trasladarnos a la privada Punta Esmeralda de Nuevo Altata, la dueña de mis quincenas, Karen y sus hijos Jorge Luis Y Gerardo. Mientras que en la otra camioneta iban José, Anabel, sus hijos Deyna y José David y también Quira, mi otra nieta hija de Maira Zulema.

Llegamos a la casa la cual consta de 3 recámaras. Nietas y nietos rápidamente subieron al segundo piso a revisar los cuartos y gritaron que había uno con balcón. Mi señora rápido les reviró: esa es para mí. De esa manera quedaron instalados José y Anabel en una recámara, Karen en la otra y nosotros en la principal, mientras nietas y nietos quisieron dormir juntos y se hicieron bola en un sofá cama y tendieron también un colchón en la sala y comedor que afortunadamente también contaba con aire acondicionado.     

Más tarde salimos los nietos y un servidor salimos a la alberca la cual quedaba a 30 metros de la casa. El agua estaba tibia y la alberca limpia. Dentro de ella se encontraban 2 niños y una niña. Esto nos permitió nadar a gusto y estar un buen rato en ella. A nosotros nos fue bien. Para quienes no fue tan agradable el baño fue para las mujeres porque se metieron a la alberca en la tarde. Ahí les oscureció y dijeron que en cuanto sacaban la cabeza del agua les rondaban un panal de moscos que los obligó a refugiarse en la casa.  

En la noche, después que los adultos cenamos sándwiches y los nietos tortas, nos embadurnamos todas y todos de repelente para aguantar a los mosquitos y nos trasladamos a pie, dentro de la privada a un lugar que le llaman club de playa: son dos ramadas grandes con varias hamacas para pasar a descansar y también para quienes les guste el voleibol hay un espacio con dos redes. Por un costado del terreno se encuentra el estero en cual los turistas pasean en los kayac. Y al frente del estero se encuentran varios edificios que pertenecen a otra privada.

Ahí estuvimos un buen rato descansando en las hamacas. Aunque la dueña de mis quincenas cada rato me levantaba porque me podía que la paseara. Cómo se rio la Quira porque precisamente, por estar dándole mucho vuelo a la hamaca donde estaba acostado Jorge Luis escuchamos un leve ruido y el muchacho fue a dar con toda su humanidad al suelo. Karen rápidamente se levantó y fue a verlo y le dijo que no se levantara, que si le dolía algo o se sentía mal. Afortunadamente nada más fue el susto.

El estar junto al estero me recordó esta frase: hombre prevenido vale por dos. Por eso antes de salir de casa metí a la cajuela de la camioneta una cubeta y 3 anzuelos y en la hielera un poco de camarón congelado por si se podía ir de pesca. De manera que otro día muy temprano me levanté sin hacer ruido y recogí mis instrumentos de trabajo y me fui a pescar. Salieron varios parguitos pero muy pequeños, por lo tanto los regresaba al agua. Pero siempre me llevé un cochito mediano y un pescado grandecito llamado pistola el cual tiene el cuero muy duro para freírlo. Entonces le tuve que sacar la lonja y tirar el resto del cuerpo hacia los mangles para que sirviera de alimento a los mapaches.

Después de desayunar nos trasladamos a la playa pelícanos a la cual el acceso es gratis al presentar las pulseras de la privada. Pero antes nos surtimos en el Oxxo de refrescos, botanas y hielo. La ventaja de esta playa es que tiene una ramada, sillas y mesa para los visitantes. Aunque los muebles ya estaban ocupados, un servidor acercó a la ramada una tarima de madera y ahí colocamos nuestras cosas.

No la pasamos muy a gusto dentro del agua esquivando las olas. Jorge Luis, Deyna, Gerardo y David se divirtieron mucho a la par que aprendieron cuando saltarlas o bien cuando zambullirse dependiendo de la magnitud de las olas. En cambio, Quira se pasó la mayor parte del tiempo en la ramada y nada más entró un ratito al agua salada.

Regresamos como a las dos de la tarde a la privada. Las mujeres se dedicaron a picar verdura para hacer una salsa y a freír el pescado que un servidor llevaba de la última ida a la pesca a un estero cerca de Yameto. Pero antes de salir de la casa le compré a mi señora tres pargos que le encargué a Carolina, una joven que acaba de egresar de la Licenciatura en Educación en la Upes y que nos llevaba el producto hasta la escuela. Esto lo hice porque mi doña quería comer un pescado de mejor calidad. Aunque nada más se comió uno. También puse en un plato varios restos del pescado frito en el porche que está frente a la sala, porque una noche antes vimos que se asomó un mapache. De seguro buscaba comer. Y efectivamente otro día el plato amaneció limpio.     

Otro día, también muy temprano me levanté con sumo cuidado para no despertar a la dueña de mis quincenas. Saqué el camarón que me quedaba y lo eché a la cubeta. Pasé por entre los nietos que roncaban a pierna suelta. Abrí el cancel y me dirigí al estero. Pero ahora me fui un poco más lejos. Aprovechando que la marea estaba baja     caminé unos 100 metros por la orilla hasta salir de los terrenos de la privada En esta ocasión tuve más suerte pues pesqué 5 cochitos de buen tamaño y una pistola más chica que de la de ayer. Me regresé antes de las 8 a la casa, limpié los peces y le saqué la lonja a la pistola. De manera que, así como llevé pescado también traje para hacer una fritanga en la casa. Por cierto, mi mujer dijo que mañana los iba a freír.  

Cuando terminé de pelar bajaron las mujeres a preparar el desayuno. También apuraron a los nietos para que se levantaran. En eso se acercó un mapache al cancel de cristal. Karen le dio un pedazo de plátano, lo agarró y se lo comió. Notamos que era hembra y que tal vez estaba parida o preñada porque se les veían las tetitas. Entonces un servidor sacó del refrigerador un pescado frito que había sobrado de la comida del día anterior y se lo dio. Lo tomó y se subió a una banca que estaba en el porche y se puso a comérselo y hasta posó para la foto.

Después del desayuno nos fuimos a la alberca a disfrutarla por última vez porque más tarde teníamos que desocupar la casa. Regresamos para hacer limpieza y subir utensilios y ropa a las camionetas. Anabel peló pepinos y jícamas, mi mujer sacó unos mangos y Karen una bolsa grande de papitas. Todas y todos consumimos la botana preparada. Posteriormente se hizo una última revisión en los cuartos y en la planta baja para cerciorarnos de que no olvidamos nada. Nos subimos a los carros, entregamos las llaves a la guardia de la privada y agarramos la carretera rumbo a Altata.

Fue una aventura maravillosa que sirvió para salir de la rutina en que estamos inmersos. Sobre todo, para las nietas y nietos que pocas veces tienen la oportunidad de salir en el periodo vacacional. Por eso me siento muy complacido de haber convivido con ellos en este corto paseo, el cual espero repetir en una fecha no muy lejana.

























Comentarios

Estimado Alfredo, los viajes en familia relajan las tensiones y fortalecen los lazos familiares.
Usted alimenta muy bien esa unión familiar que hoy se pierde por completo. Además la narra con fluidez y calidad que nos atrapa a quienes nos gustan los trozos de vida personal.
Felicitaciones
Marité Ibarra dijo…
Buenas noches comunidad lectora!!! A mí también me gusta este tipo de narraciones profesor Alfredo. Recientemente nosotros pasamos un poco más de una semana en Mazatlán en familia y con sobrinos. Fue una bonita experiencia. La convivencia familiar sin duda es reconfortante.
Seguimos leyendonos en vacaciones!!
Listos para leer más aventuras.
Saludos!!!
Muchas gracias Maestro Frías por leer y comentar este texto. De verdad me siento muy a gusto cuando salgo en familia porque sé que mis nietos lo disfrutan bastante. Y en lo personal también me relaja mucho el olvidarme por unos días de los compromisos de trabajo. Saludos cordiales.
Qué bien Marité, me alegra mucho que también hayas convivido en familia. Después que regresamos de este paseo, también un servidor y mi señora nos fuimos por unos días a Mazatlán para seguir saliendo de la rutina. La parada obligatoria es en el Quelite para desayunar en el Mesón de los Laureanos. Y en el puerto otro lugar que siempre vistamos para consumir porque se me hacen muy sabrosas son las nieves de garrafa. Es un puesto que está ubicado por detrás de catedral. Saludos afectuosos.

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