“El perfume, Las vacas de Quiviquinta, Diario, de Ana Frank; en fin, varias lecturas que pude y tuve la oportunidad de leerlas"


 



QUÉ ES LO QUE RECUERDO

 

Yoselín Tapia Lizárraga

 

Recuerdo cuando era niña, yo siempre fui muy curiosa pero tan curiosa, que yo sí aplicaba, de hecho, soy candidata para el dicho “la curiosidad mató al gato”. En el kínder observaba las letras y me preguntaba ¿Qué es eso? Mi mente pequeña, tenía interés en las letras, sus curvas, sus formas, sus entonaciones, vaya, me envolvía y me molestaba, cuando preguntaba y me desviaban el tema, mis labios o trompa, se fruncía como un puchero, miraba los libros o cuentos, no recuerdo bien, y quería comprender, mi imaginación volaba por las imágenes, pero las letras me llamaban la atención. A mi edad de 4 años, recuerdo, que mis abuelos y mi papá leían el periódico, aquel cuadro de colores o simplemente de blanco y negro. Con imágenes de modelos que en aquel entonces les decía yo (las muchachas en calzones), pero también observaba las letras, aquel tipo de letra tan detallada, recuerdo que esperaba los días jueves al señor que venía en una motocicleta, el de la I, decían los adultos, hasta la publicidad me aprendí, pero me daba miedo cuando decían sobre balazos, que inconscientemente me tiraba al piso. Mi familia tenía esa tradición los jueves, me suena a un momento humilde que viví, me limitaba a observar el periódico. Cuando entré a la primaria, en primer año, comenzaba a formar oraciones, pronunciar letras, aprender a escribir y leer, yo me desesperaba, quería aprender a leer para leer un periódico, pero todo tenía su tiempo.

Cuando comencé a leer, tomaba libros y guías que recuerdo que se llamaban Juguemos a leer, había cuentos, lecturas que me gustaban, Diosss, me esforzaba, recuerdo, que pasaba con los cuentos pegados en la cara, me alegraba cuando completaba la oración toda mocha, hasta dormía con el libro, mi mamá me decía que hablaba dormida, que en el sueño yo me esforzaba o pronunciaba la letra. Cuando yo estaba en la primaria el libro que leía era más de material didáctico, algo que me acuerdo muy bien, era que en ese material didáctico, venían letras cursivas, esas letras me enamoraron, siento que eso me afecto un poco en mi lectura, pues yo era muy curiosa, una niñita de 6 a 7 años, deje de leer letra normal.

Me concentré en esas letras, aprendí a leerlas, y a escribir, pero una maestra que, la veo de vez en cuando, estilo Troncha toro, ella me dijo que me resuena, cada vez que me acuerdo, ¡deja de aprender esas letras y deja de leer en cursiva, es una letra de viejitos! Quisiera saber el motivo por el cual dejé de leer esas letras, y esas lecturas quedaron en el olvido. Me acuerdo que fui la segunda alumna en enseñarme a leer, pero la primera en leer y escribir en letra cursiva, que se quedó atrapada en el pasado, como aquel limón seco que se queda en el refrigerador al fondo y que nadie nota; en fin, cuando leía bien y fluidamente no salía de la biblioteca, algo que me pasaba en actividades áulicas era que tardaba mucho, pero no era porque fuera lenta. Era debido, a qué me concentraba en la lectura, me imaginaba y me gustaba sentirla en mi ser, la maestra lo notaba que prefería leer a realizar una cuenta de matemáticas, mi parte favorita de la clase era que al ingresar, la maestra tenía una actividad de pasar a leer frente al pizarrón, yo nunca fui de diplomas o un cerebrito, pero comprendía los textos, era algo que les faltaba a aquellas compañeras inteligentes, yo me sentía orgullosa de mí, pues demostraba que era la mera verdura del caldo, pues, mi pecho se inflaba como, pichón, demostraba que mi seriedad y mi imaginación loca servían de algo.

Me tachaban de rarita, infantil y tonta, para no decirlo más feo, pobres ilusos, fue tanto el morbo, que prefería leer en mi casa, pedía libros prestados o los tomaba sin permiso, la maestra ni en cuenta, pero sí los regresaba, no crean que me los quedaba, bueno admito que me quedé con uno, fue un regalo de la maestra, no recuerdo el título, pero trataba de Caperucita, era de varios colores, cada color tenía una historia diferente. Mi interés era de la historia, del mundo y los poemas, ufff, eso era mi mero mole, pasaba buscando rimas o leyendo historias. En secundaria se tenía que cada mes se leyera un libro, para exponerlo en un café literario, yo quería presentar poemas, pero no tenían que ser cuentos largos, novelas, o algo sumamente importante.

En la secundaria había enormes estantes de libros, olvidados, pues estaban llenos de polvos, si los soplabas era seguro que tosieras o que estornudaras, esos libros se encontraban, en la esquina, donde parecía que la araña tenía una mansión, de tantas telarañas, sus portadas eran gruesas y de cuero, olían a viejitos y vaya que eran pesados, pensaba si le doy a alguien con esto en la cabeza de seguro se desmaya, el maestro no lo prestaba, solo me limitaba a leer en la hora de receso, pues teníamos prohibido entrar sin permiso, era como una misión imposible de varios obstáculos.

Esos libros eran novelas y algunas lecturas, me quedé enganchada con esos libros, El perfume, Las vacas de Quiviquinta, Diario, de Ana Frank; en fin, varias, lecturas que pude y tuve la oportunidad de leerlas.

La lectura en lo personal, me ayudó a comprender, a expresarme también, pero aun tengo ese miedo de no encontrar las palabras adecuadas, a mí me encantaba leer, no sé en qué momento dejé de leer textos ni el cómo paso, pero yo considero que tengo el hábito, pues leo artículos, novelas descargadas en internet, debido a que los libros son algo difícil de conseguir y pues, donde yo vivo, no hay bibliotecas públicas, a veces leo libros que tengo a mi alcance. Pero a mí me gustaría leer novelas de manera física, el libro, pues en digital me canso, pero no me quejo tanto, debido a que no he perdido ese hábito de leer. En fin, cuando tenga oportunidad, compraré libros, pero no dejare de descargar PDF, que a veces tengo que escanear, para ver mejor, aunque a mi dispositivo no le haga ningún bien.

Un mensaje que dejo es que la lectura es una manera de comprender, no solo un texto sino una perspectiva de alguien más, una historia, una imaginación o un relato como ustedes lo quieran llamar. Leer y escribir es una herramienta que utilizamos diariamente y la verdad me encanta, ya que me doy cuenta de muchas ideas, opiniones y destrezas, en cada párrafo y en cada oración. Si tienes la oportunidad, lee todo lo que puedas. 


Comentarios

Anónimo dijo…
Muy interesante texto compañera Tapia respecto de sus primeros acercamientos a la lectura que por lo que se percibe en lo escrito prevalecen. Es usted una lectora "voraz", como usted bien lo plantea la lectura debe "traspasar" los muros escolares y expandirse a otros ámbitos. celebro que leamos libros aquí, allá y en todas partes. Le mando un abrazo desde Los Mochis y siga escribiendo, está bien eso, está bien.
Marité Ibarra dijo…
Hola señorita Yoselin. Este relato resultó muy ameno y digerible para la lectura. Es un buen texto anecdótico ojalá continúes escribiendo para nosotros.
Saludos!!!

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