"El centro era para lo público, lo evidente y lo efímero que se borraba al final de cada clase; el margen, en cambio, era el refugio de lo esencial"
LA ESQUINA DEL PIZARRÓN
José Manuel Frías Sarmiento
(Con apoyo de una desconocida IA)
En la esquina inferior derecha del pizarrón del aula 40Z, el gis nunca llegaba.
Era un cuarto creciente de luna dibujado en madera gastada, cubierto por una capa de polvo blanco antiguo que el borrador del profesor jamás alcanzaba a limpiar.
Desde su posición fija, la Esquina miraba el resto del pizarrón con resentimiento: envidiaba al centro, donde los diagramas complejos cobraban vida; al borde superior, donde los títulos en letras mayúsculas recibían toda la atención; e incluso a la esquina opuesta, tocada de vez en cuando por la mano apresurada de un estudiante.
Para la Esquina, su existencia era la definición misma de la limitación. "Nací fuera del alcance", se repetía cada tarde en la penumbra del aula vacía. "Fui diseñada para ser la sombra de la superficie real".
Se sentía como esas personas que nacen con el viento en contra, las que miran el escenario de la vida desde la última fila, convencidas de que el margen donde habitan les impide dejar cualquier huella.
Un martes por la mañana, un alumno llamado Mateo se quedó solo durante el receso. Enfrentaba una decisión difícil sobre su futuro y, abrumado por las expectativas de los demás, caminó hacia el pizarrón. Tomó un trozo de gis amarillo y comenzó a escribir en el centro, pero se detuvo. Buscó un lugar lejano, un espacio que no fuera visto por todos, un rincón donde pudiera plasmar un pensamiento íntimo sin sentirse juzgado.
Estiró el brazo hasta el límite, se inclinó y, rompiendo años de abandono, escribió una sola palabra sobre la madera de la Esquina olvidada: Resiste.
Esa tarde, mientras el aula se quedaba en silencio, la Esquina comprendió algo fundamental. Su limitación geográfica no la hacía inútil; simplemente le otorgaba una función distinta. El centro era para lo público, lo evidente y lo efímero que se borraba al final de cada clase; el margen, en cambio, era el refugio de lo esencial.
Reflexión
Las limitaciones en la vida de las personas funcionan de la misma manera:
- No definen el valor: Estar en la periferia o contar con menos recursos no reduce la capacidad de contener algo significativo.
- Redefinen el propósito: A veces, los límites físicos o emocionales no son muros que encierran, sino espacios protegidos del ruido exterior donde se guardan las verdades más sinceras.
Comentarios
De ahí viene la idea de este pequeño texto, escrito al alimón con una desconocida IA.
Saludos
Pareciera que me perdí en la disgresion, pero eso es lo que se ve desde la Esquinita. Y para que el centro y la parte superior comprendan a los alumnos, habrían que ir de verdad a recibir el polvo del gis sobre su hombros y ver la vida con las pestañas blancas por el polvo del gis.
Y un pasito pequeñito sería leer lo que docenas de alumnos escriben en este Blog que da cabida a lo que ellos sienten, piensan y escriben, por marginal que pareciere, de los doctores intelectuales con decisión institucional, Usted y el Dr. Alcantar son los únicos que aportan su granito en este camino que nos atercamos en caminar. Y eso lo agradecemos mucho, porque nos sentimos vistos y apoyados en esta Esquina inferior en la que desde el 15 de abril del 2020 estamos refugiados.
Saludos y un abrazo marginal de su amigo José Manuel Frías Sarmiento
Y sí, algunos alumnos de usted hacen referencia a esa "esquinita", lo he leído en algunos textos.
Saludos profesor Frías y al profe Apodaca que no nos ha dejado morir solos en vacaciones!!!
Seguimos en contacto literario.... Por cierto tengo un texto alusivo a un pizarrón que pronto leerán!!
Y gracias por estar siempre en este Blog que ya espera ese texto del pizarrón.
Saludos