“Tus gracias de mujer me dan vida y despiertas en este pobre ignorante la pasión de las letras"


 



TOÑITA

 

Yazmín Lares Salazar  

 

No puedo escribir, no puedo dormir. Mi mente da vueltas de tantas palabras que vienen a ella. Por las noches doy vueltas en mi catre, la vieja estructura gime debajo de mi peso. La mugre cobija yace tirada en el piso y en el silencio opresor de la habitación creo escuchar tu suave voz, como una sirena llamándome, tarareando.

Viene a mi mente esa canción que tanto te gusta poner en la vitrola de la sala. No necesito decirte cual, ya lo sabes. Ahora más que nunca quisiera escucharla, no importa que sea tan tarde y todos estén dormidos.

Quiero poder llenarte de besos las mejillas regordetas hasta que se pongan rojas, como la enagua que a veces usas, acariciar tus cabellos largos como la seda y mirar tus ojitos resplandecientes para perderme en esos dos pozos negros y que ya nadie me encuentre.

¡Qué belleza de mujer! hasta Venus debe de envidiarte cuando te profeso mi amor a la luz de la luna. Toñita, las flores y las perlas las ofrezco a tus pies, bueno, si las tuviera, pero soy un simple pelado y tengo que conformarme con darte azucenas blancas que robé de la casa de Doña Panchita.

Añoro tomar tus dulces manos y besarlas hasta que esos ojitos risueños se cierren junto a tu risa tímida y melodiosa. Oh, mi Toñita, los astros se asombran cuando te miran de lo chula que estás. Yo creo que brotaste a la vida de una lágrima de Afrodita, una gota transparente que cayó por su tersa piel, formando tu bella y femenina gracia.

¡Toñita, mi Toñita, hasta tu nombre exuda la inocencia de mil ninfas!

Se pega en mi lengua y desciende como miel, endulzando mi espíritu y curándome de la pesadez de esta cruel vida.

Yo no soy nada más que un fiel admirador, un creyente y seguidor de tu divina presencia que actúa como bálsamo y hace más pasadera la vida de perro que he llevado.

Tus gracias de mujer me dan vida y despiertas en este pobre ignorante la pasión de las letras. Yo nunca he sido un hombre sensible, mas en estos versos desesperados, escritos a la media noche, serán testigo de mi devoción hacia ti, mi prietita hermosa.

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