Taller de Redacción Libre y Creativa
“Poco a poco comprendí que ese era precisamente el propósito del Taller: aprender a cuestionar, a observar, a interpretar y a construir nuestras propias ideas”
UN VIAJE INESPERADO ENTRE PALABRAS
Anahí Díaz Pérez
Cuando me inscribí al Taller de Redacción Libre y Creativa,
realmente no sabía qué esperar. Pensé que sería un espacio para aprender
algunas técnicas de escritura, leer algunos textos y realizar actividades
relacionadas con la redacción. Sin embargo, conforme fueron pasando las diez
sesiones, descubrí que el taller era mucho más que eso. Se convirtió en una
experiencia llena de emociones, reflexiones, retos y aprendizajes que me acompañarán
durante mucho tiempo.
Desde la primera sesión me di cuenta de que no sería un
curso común. A lo largo del taller experimenté sentimientos muy variados. Hubo
días en los que me sentía completamente identificada con las actividades, con
las lecturas y con las conversaciones que surgían en clase. En esos momentos
sentía que pertenecía a ese espacio, que tenía algo que aportar y que mis ideas
podían formar parte de las discusiones. Sin embargo, también hubo sesiones en
las que sentí exactamente lo contrario. En ocasiones pensaba que quizás la
escritura creativa no era lo mío, que mis textos no eran tan interesantes o que
no lograba comprender algunas de las reflexiones que surgían durante las
actividades.
Esos sentimientos encontrados me acompañaron durante gran
parte del taller. A veces estaba con entusiasmo y confianza, mientras que otras
veces estaba con incertidumbre y muchas dudas. Pero si algo puedo reconocer de
mí durante estas diez sesiones es que siempre procuré estar presente. Aunque
algunas actividades y preguntas me hacían sentir vulnerable, intenté
participar, expresar mis ideas y hacerme notar. Comprendí que aprender no
significa saberlo todo desde el principio, sino tener la disposición para
seguir adelante incluso cuando uno no se siente completamente seguro.
Uno de los aspectos más importantes de esta experiencia fue
la manera en que el profesor Frías dirigía el taller. Desde mi perspectiva, él
no es el profesor típico que la mayoría de las personas estamos acostumbradas a
encontrar. Muchas veces, en la escuela, los profesores explican un tema,
asignan una actividad y esperan una respuesta determinada. En cambio, el
profesor Frías parecía más interesado en hacernos pensar que en darnos
respuestas. Constantemente cuestionaba nuestras ideas, hacía preguntas
inesperadas y nos invitaba a reflexionar sobre aspectos que normalmente pasamos
por alto.
En algunos momentos, esa forma de trabajar me resultó
incómoda. No porque fuera negativa, sino porque me obligaba a salir de mi zona
de confort. Había ocasiones en las que esperaba una respuesta clara o una
indicación específica, pero en lugar de eso recibía una pregunta que me hacía
pensar más profundamente. Poco a poco comprendí que ese era precisamente el
propósito del taller: aprender a cuestionar, a observar, a interpretar y a
construir nuestras propias ideas.
Salir de mi zona de confort fue probablemente uno de los
mayores retos que enfrenté durante estas diez sesiones. Muchas veces es más
fácil permanecer en aquello que ya conocemos, en aquello que nos hace sentir
seguros. Sin embargo, la lectura y la escritura creativa exigen algo diferente.
Exigen sensibilidad, imaginación, reflexión y, sobre todo, valentía para
compartir lo que pensamos y sentimos. Cada actividad representaba una
invitación a mirar más allá de lo habitual y a explorar nuevas formas de
expresarme.
A medida que avanzaban las sesiones, también fui
descubriendo que escribir no consiste únicamente en acomodar palabras sobre una
hoja. Escribir implica observar el mundo de una manera distinta, encontrar
significado en los detalles más pequeños y atreverse a comunicar aquello que
muchas veces permanece guardado en nuestros pensamientos.
Uno de los aprendizajes más valiosos que me llevo es que el
proceso creativo no siempre es sencillo. Muchas veces imaginamos que escribir
surge de manera natural e inmediata, pero durante el taller entendí que la
creatividad también requiere esfuerzo, disciplina y práctica. Hay momentos de
inspiración, pero también hay momentos de bloqueo, de duda y de frustración. Y
aun así, vale la pena seguir intentándolo.
También me llevo la motivación de seguir explorando el
mundo de la lectura. Durante el taller, el profesor Frías recomendó diversos
libros que despertaron mi curiosidad. Debo admitir que todavía no he leído esos
libros, pero ahora siento un interés genuino por hacerlo. Más que una
obligación, se ha convertido en una meta personal. Me gusta imaginar que en
algún momento tendré la oportunidad de volver a encontrarme con él y decirle
que finalmente leí algunas de sus recomendaciones, que descubrí nuevas
historias y que continué desarrollando el gusto por la lectura.
Al finalizar esta experiencia, puedo decir que me voy con
una sensación de gratitud. Gratitud por las enseñanzas, por los retos, por las
preguntas que me hicieron pensar y por las oportunidades de aprender algo
nuevo. No todas las experiencias educativas logran dejar una huella
significativa, pero considero que este taller sí lo hizo.
Por todo ello, puedo afirmar que sí me gustó el Taller de
Redacción Libre y Creativa. Fue una experiencia diferente, desafiante y
enriquecedora. Me permitió conocer nuevas perspectivas, cuestionar algunas de
mis propias ideas y desarrollar habilidades que seguirán acompañándome en el
futuro. Sin duda, es un taller que recomendaría a otras personas, especialmente
a quienes estén dispuestas a salir de su zona de confort y a descubrir que,
detrás de cada lectura y de cada texto, existe una oportunidad para aprender
algo nuevo sobre el mundo y sobre uno mismo.
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