Taller de Redacción Libre y Creativa

“Entendí entonces, por qué me aterraba tanto aquel “silencio”, no era una cuestión de gramática u ortografía, sino pensar que aquello que escribía no transmitía nada"


                               

 


YO SÓLO VINE A ESCRIBIR

 

Judith Fernanda Berrelleza López

 

El profe nos dice que escribamos cualquier cosa, cuaaalquier cosa.

Y la verdad yo no he podido, o sea sí escribo, pero no sé si de cualquier cosa

En este texto si voy a escribir cualquier cosa, y de cualquier forma porque ya me cansé de buscar la perfección, que los acentos, las comas, los puntos, la coherencia, cohesión y sentido.

Esas cosas que hacen que mi escritura no sea tan libre, más no por su mera existencia sino por la insistencia de mi mente en querer hacerlo perfecto, como si arriesgarme e intentarlo no fuera suficiente.

Como cuando vas caminando en la calle y por no pisar las líneas avanzas más despacio, y en vez de hacer los cinco minutos de trayecto, acabas con el doble y aparte un morete porque por ir mirando al piso te pegaste contra un poste.

La verdad tengo muchas ideas, y cuando voy a escribir, se siente como si una presa se rompiera, aunque no la de mi pueblo porque esa siempre está seca. Pero mis ideas no esperan turnos, se amontonan como niños queriendo salir al recreo. Y me frustro, porque mientras intento plasmar en el papel una, otra me susurra al oído y me distrae con sus encantos. Sin darme cuenta tengo una hora pensando y llevo apenas un párrafo.

Apenas comencé a escribir y ya no quiero hacerlo, bueno, no es que ya no quiera escribir, más bien ya no quiero exponerme, porque no es lo mismo exponer el tema que teóricos y estudiosos han puesto a la disposición de estudiantes que tal vez no le presten la atención que merece a su esfuerzo y trabajo. Es fácil pasar al frente del salón y hablar de lo que ellos dijeron, porque expongo el trabajo de otros, agregando un poco de mi interpretación y mucho de mi esfuerzo por captar la atención de mis compañeras.

¿Por qué no es lo mismo eso que pasar al frente y leer mi texto? Bueno, es que ya no expongo sobre otros, expongo sobre mí, aunque no siempre sea la protagonista de mis textos, incluso los haga pensando en cualquier otra cosa, se filtra en ellos mi lenguaje, mi gramática, mi forma de ser, pensar y ver el mundo. Es una exposición que me resulta más cruda, porque nunca sabes que puede evocar el texto que has escrito, así lo hayas leído una y otra vez, tal vez te haga llorar cuando según tú te habías preparado mentalmente para no hacerlo.

Aunque bueno, al menos sobre la reacción de mí misma tengo algo de control, pero ¿qué hay de los demás? Cuando leo, me pongo mi capa de confianza, porque me aterra pensar en la reacción de los demás, ya sé lo que dicen de que no nos debe importar lo que piensen otros, pero no sé, mi naturaleza ansiosa no me deja hacerlo. Tal vez como lector pienses que lo que más me afectan son las críticas, pero no, lo que más me aterra es el silencio, ese que ocurre algunas veces cuando terminas de leer tu texto… el silencio, ese que yo creo es inexistente o a la mejor para los sordos si es posible, porque eso de la ausencia de ruido me parece imposible, en especial en este caso, porque cuando termino de leer y nadie habla, escucho más fuerte que nunca el latido de mi corazón… tuck…tuck…tuck (así suena el mío, el de Selena Quintanilla sonaba bidi bidi bom bom pero ella se encontraba más emocionada).

¿Por qué no dirán nada? ¿Les habrá comido la lengua el ratón? a lo mejor no me estaban escuchando, quien quité y leí mal y no me entendieron, ¿habré comenzado a hablar en otro idioma sin darme cuenta? Tal vez esta vez me lucí y los dejé sin palabras… ¿o no les gustó?

Qué curiosa situación, pues este “silencio” tiene mil y un interpretaciones, te deja varada en algún lado de tu mente intentando encontrar la correcta, aunque nunca lo sabrás con certeza.

Esa incertidumbre movió algo en mí, algo que por unos momentos cambio mi forma de escribir, pues parecía que aquellos textos en los que había invertido mi tiempo eran totalmente ajenos a mí, como si alguien más los hubiera hecho; al leerlos de nuevo, confirmé que solo había cisnes, ningún búho por ningún lado.

Estos textos no llegaron a manos de mi maestro tal vez sí lo hubiera hecho no estaría atrasada con las actividades de este taller, pero sentía que enviarlos era presentar algo que no soy. Eso me frustró, no sé por qué tendemos a creer que nuestros procesos serán lineales, cuando nada en la vida es así y para disfrutar lo que hacemos, lo primero es reconocerlo.

Con eso en mente escribí un texto sobre fútbol a petición del maestro, lo hice inspirada por recuerdos de mi infancia. Esta vez no hubo silencio, tampoco opiniones concretas sobre lo que había escrito, pero los comentarios reflejaban algo a mi parecer más valioso, que mi texto generaba algo en quien lo leía.

Entendí entonces, por qué me aterraba tanto aquel “silencio”, no era una cuestión de gramática u ortografía, sino pensar que aquello que escribía no transmitía nada.

Recordé porque había entrado a este taller: me gusta escribir, pero siempre había sido una escritora (concediéndome el honor de llamarme así) entre cuatro paredes, en libretas que se mantenían ocultas de todos, y pensé en probar algo nuevo, arriesgarme a compartir mis poemas y textos. Al principio da vergüenza, y como podrá apreciar la persona que se encuentra leyendo esto, tengo algunos sentimientos encontrados, sin embargo, estoy muy feliz de haberme atrevido a compartir mis escritos con otros.


Comentarios

Entradas más populares de este blog