Taller de Redacción Libre y Creativa

“Espero que de ahora en adelante no me alcance la rutina y el tintero no se vuelva a secar”



 


LA MUSA TARDÍA

 

Yazmín Lares Salazar

 

Yo tomé la decisión de entrar al Taller de Redacción Libre y Creativa por incentivo de uno de mis amigos, a pesar de que algunos compañeros me comentaron que daba ¨hueva¨ y me iba a aburrir mucho, decidí tomarlo. Al principio me hacía ruido el tener que escribir porque pensaba mucho en una pregunta que me había hecho el maestro Frías el semestre pasado; ¨¿ya se secó el tintero?¨. Yo no escribía, o lo hacía muy a lo lejos y dejaba esos escritos guardados entre la torre de cómics que se encuentran en mi escritorio, olvidados y recolectando polvo hasta que decidiera mirarlos de nuevo.

Al principio me molestaba que la hoja se quedara en blanco, otras veces me disgustaba la honestidad con la que me desahogaba o me sorprendía lo que podía llegar a escribir. El maestro Frías siempre decía que escribiéramos lo que nos diera la gana, a veces nos sugería un tema, pero la verdad yo siempre terminaba escribiendo lo que quería. Si me sentaba a pensar sobre un tema en específico me bloqueaba, podría pasar horas sentada en la silla hasta aburrirme o enojarme.

Yo lo odiaba, me molestaba el tener que producir algo en vez de consumir. Me decía a mi misma que prefería mirar películas, series, leer libros. No quería lidiar con mi propio desorden, prefería el refugio seguro que otros ya habían plasmado por mí. Me aterraba el hecho de escribir algo que no estuviera a la altura, de que mis palabras fueran un intento mediocre de trazar la belleza que me inspiran ciertas cosas.

Primero me comparaba con mis compañeros. Sentía que mis escritos no valían la pena, me daban vergüenza. Había voces que valían más que la mía, sin embargo, el Maestro Frías nunca nos hizo sentir así.

Poco a poco se me fue el miedo y entendí que mi voz no debe de sonar igual que la de mis compañeros, la riqueza de la literatura descansaba en la autenticidad y la diversidad de sus autores.  Lo que más me dejó fueron nuevas recomendaciones de literatura, que tengo pendiente por leer, y un gusto por escribir.

Uno de los mayores retos fue tratar de salir de mi zona de confort. Tener que escribir regularmente, lo cual fallaba porque siempre se me juntaban los escritos. La disciplina es menos romántica que la inspiración. Era más cómodo escribir cuando la inspiración llegaba, me sentía más ligera, pero era rara y nunca me acostumbré a tener una rutina para escribir. Cuando los escritos se juntaban, el acto de escribir me parecía sofocante. Quizás debería de poner en práctica lo que el maestro Frías nos dijo un día sobre escribir una hoja al menos todos los días, pero es que es difícil mantener el tintero lleno. A veces escribo y otras veces me gana la flojera y lo dejo para luego, aunque luego se me olvidan las ideas que quería plasmar.

Incluso ahora estoy haciendo lo mismo por lo que me quejo y escribo esto dos días después de la fecha de entrega. No sabía ni siquiera que escribir y lo pospuse porque no podía concentrarme y el pasar de los minutos me ponía nerviosa. Finalizando el texto quisiera proponerme escribir más, aunque quizás no enseñe mis textos a nadie, pero me gustaría poder seguir descubriendo hasta dónde puedo llegar con mis escritos, tal vez experimentar con otros formatos de escritura o proponerme nuevos retos. Después de las diez sesiones que tuvimos, en las cuáles falté como en tres, me quedo con nuevos retos, con la confianza y soltura de poder escribir sin que me dé pena ser vulnerable y una que otra risa. Espero que de ahora en adelante no me alcance la rutina y el tintero no se vuelva a secar.


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