Taller de Redacción Libre y Creativa

“Muchos escritores nunca se definieron en si como escritores. Ahora bien, ¿Cuáles son los requisitos universales para que pueda llamarme a mí mismo escritor?”



 



EL PELIGRO DE UNA MENTE SIN IDEAS

Por: Ian Báez Palazuelos


Muchos escritores nunca se definieron en si como escritores.

Y el segundo taller consecutivo que completo es una prueba viviente de ello. Ahora bien, ¿Cuáles son los requisitos universales para que pueda llamarme a mí mismo escritor?


Debe decirse que primeramente que un escritor no está definido solamente por lo que ha publicado o su fama. Un escritor es alguien que activamente utiliza la escritura como una práctica diaria, por ejemplo, Haruki Murakami ha dicho que su rutina consiste en escribir todos los días durante aproximadamente 6 horas, para después entrenar su físico corriendo o nadando (a veces ambas). Bajo esa misma lógica podríamos decir que un corredor es quien corre todos los días (aunque sea a la escuela), o un chef es el que cocina todos los días (aunque sea un huevito medio quemado porque el sartén no tiene teflón).

Pero esa lógica sería muy poco objetiva, hay quienes corren bastante y tal vez ellos no quieren caer en esa misma categoría que nosotros quienes corremos porque se nos va el camión, sucede lo mismo con los escritores: ¿Se imaginan categorizar al wey que escribe sus textos con ChatGPT en el mismo lugar que a Haruki Murakami?
Podríamos decir que un escritor nace junto con la curiosidad, la observación, el amor y un hambre de entender al mundo a través de sus palabras. Y otra distinción muy útil también podría ser que los escritores no solo se encargan de escribir, sino también de pulir y estilizar ese producto, en ese sentido escribir se vuelve parte de su forma de vida y de su forma de pensar, no solo algo que se hace cuando es necesario o cuando es parte de una tarea.

Entonces los escritores, así como los corredores o los chefs, son aquellos que moldean su vida a partir de lo que hacen. Un corredor que entrena sus piernas, hace ejercicios específicos para mantenerse mas tiempo corriendo; un chef que busca siempre los ingredientes de mejor calidad, que elabora su propio pan y sus propias tortillas; un escritor que no busca constantemente inspiración, sino que aprende a escribirla y tomarla cuando aparezca.

Porque escribir entonces nunca fue sólo escribir.

Ocean Vuong, un ensayista y poeta vietnamita-estadounidense, explica que el 80% de escribir no es escribir en sí, se trata de observar (no de mirar) y pensar, el otro 20% es la sintaxis. Y muchos de los que participamos en este taller hacíamos exactamente lo opuesto. Y ojo, no digo que Voung tenga la verdad absoluta ni mucho menos. Este taller me puso en el lugar del observador, vi la evolución de muchos de mis compañeros y como sus textos crecían conforme viven más cosas.

Pero no me dejaran mentir cuando digo que la mayoría nos sentamos frente a una computadora, o frente al papel, esperando que la inspiración nos cayera de golpe, haciendo 80% de sintaxis (O más) y 20% de observación y pensamiento.

El truco está en no solo manejar las oraciones y los versos, esta en mirar.

Quizá para escribir bien hay que estar bien vivido, hay que visitar todos los lugares del mundo, el pico de todas las montañas, así como el punto más profundo de cada mar. Pensarse a uno mismo como el viajero que anota todo en su diario para llevarlo a su tierra y volverse historiador. O hay que tener mucha imaginación y poner bastante atención para imaginarnos cada rincón del mundo, porque entonces ¿No es escritora Anna Frank?

La percepción se practica como se entrena un musculo, no es solo llenarse cultura pop o de historia del mundo, más bien como el habito de poder poner atención, y ponerle nombre a todo aquello a lo que aún no se le pone. Como por ejemplo este verso introductorio de Richard Siken:

“Era de noche durante muchos kilómetros, y luego las estrellas verdaderas, en el cielo púrpura, como pequeñas embarcaciones que remaron demasiado lejos, comenzaron a desaparecer.”

Hemos construido civilizaciones alrededor de las estrellas, y Siken las reduce a esto, pequeñas embarcaciones que remaron demasiado lejos.
Pienso que la poesía y los versos sobre la naturaleza son la última rebelión a favor de la escritura auténtica. Miles y millones de veces alguien ha escrito sobre amores imposibles, y no necesitamos otro ejemplo más, los lectores ya están cansados, lo que necesitamos son esas percepciones tristes, como las de Yazmin o las de Melina. Miles de personas escriben sobre escribir, o sobre la educación, necesitamos profundidad y vivencias comunes, reflexiones filosóficas como las de Celso.

He ahí el peligro de una mente sin ideas: La falta de percepción.

Sería demasiado fácil para cualquier persona llegar y escribir 10, 15 paginas ayudado de una IA. La inteligencia artificial no duerme mal. No tiene ojeras. No le tiemblan las manos antes de publicar algo que podría costarle un trabajo o una amistad. Eso ya debería bastarnos para desconfiar de cualquier texto salido de un algoritmo. Porque pensar de verdad, el pensamiento humano que merece ese nombre siempre duele un poco. Duele cuando escribes una frase y la tachas, y la reescribes, y vuelves a tacharla porque sabes que aún no captura lo que sientes.

La oración, el verso, la estrofa, el poema y el soneto son meramente el mecanismo que entrega lo que pudiste observar antes de sentarte.

Tampoco digo que la vida de un escritor deba estar llena de tragedias para poder transmitirlas, me refiero al sentimiento humano de plasmar tus propias ideas, tan pendejas como puedan sonar, y hacer las palabras tuyas.

Me siento nostálgico de haber terminado el taller, porque otra parte de ser escritor es también sentir orgullo por todo aquello que escribes. Y compartirlo con todos mis compañeros de taller fue una de las muchas expresiones que tiene el escritor. Pero creo que realmente lo que me llevo es la idea central de esta sarta de idioteces:

Hay que saber observar.

El escrito nace de la percepción, como la vida nace en el agua, y debemos aprender a combatir la inmediatez. Recuerdo una de mis tantas visitas al MASIN, la gente ya no se detiene a intentar comprender una obra de arte, así como muchos no nos sentamos a intentar desenredar el desorden que tenemos en la cabeza.

No hace falta estar muerto, no hace falta luchar en la guerra o vivir un trauma severo para escribir bien, prestar atención es suficiente, sentarse a intentar entender porque el atardecer tiene estos colores tan bellos es ese 80%.


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