“Quiero tener solemnidad y simetría en mis pensamientos, aunque está bien ser estúpido de vez en cuando”
EL PODER DE LOS INTÉRPRETES
Marité Ibarra
Estaba
acostado en la cama cuando de repente comencé a escuchar el hormigueo en mis
manos y piernas, entonces quise tocar las cosas que no se pueden tocar, y sólo
abaniqué el aire sin sentido. Así comencé a hacer una autobiografía
involuntaria, y me di cuenta que necesito compañía literaria para sobrevivir en
un mundo como este, hostil.
Me
levanté y comencé a tocar las paredes, esto como una forma de interactuar con
alguien, de repente me sentí amenazado por la nada misma, pero un nuevo ciclo
ha iniciado ya. La mañana ha comenzado y yo intento interpretar el tiempo
atrapado en las manecillas, pero ni el mejor relojero entiende ese absurdo
mecanismo de los minutos que pasan sin compasión alguna.
Hay
fábricas de cosas imposibles, y profesiones difíciles de entender, precisamente
como la de un taxista, donde su coche hace un abordaje tras otro. Un hombre
tras un volante tratando de interpretar la vida de los demás, donde los cuerpos
ocupan un mismo espacio, en esos asientos donde dejan su ausencia como seres
pasajeros. Lágrimas perfectas derramadas, almas abatidas viajando, vidas
malgastadas, una ruta que viaja al norte y sur, al este y al oeste, cosas que
no pueden definirse tan simplemente.
El
hecho de querer interpretar cosas imperfectas, inexactas, inacabadas, cosas
como los sueños, esos que revelan sucesos, objetos, formas y unidades, eso que
se expulsa cuando uno duerme en las noches, es como tratar de comprender el
álgebra y la aritmética sin una explicación previa, ¿cómo traducir algo sin
entenderlo? Es un idioma raro para mí.
También
el ruido es señal para salir corriendo, pues la casa cruje, quizá las varillas
se aprietan, se contraen o se expanden por la fuerza del calor o el frío, o por
el simple acomodo de la tierra. Entender los ruidos es toda una proeza,
¡déjalo, no lo intentes!, eso es solo para profesionales con aparatos. Querer
interpretar los sonidos, mmm, para eso se necesita tener bien entrenados los oídos,
dejar de oír para poder escuchar. Discriminar una marcha de unas pisadas
desesperadas, alguien que cayó de la escalera sin quejarse, el zumbido del
dolor del aire cuando lo atrapan las ventanas, o el chasquido de las puertas
quejándose, como si algo les doliera en verdad, eso es realmente inquietante.
Los
sonidos se agudizan más por las noches, interpretar cada ruido es cosa de
hacerse locos, querer darle una explicación a cada retumbo que se oye es
sumirse en la locura misma, ¿cómo describir esos sonidos? ¿cómo escribir con
letras aquellos sonidos que titiritean una y otra vez? Es mejor ignorar lo más
que se pueda, es momento de ponerse la almohada sobre la cabeza, tararear una
vieja canción, recordar a alguien que ya no está, explorar los horizontes
futuros y los proyectos irremplazables.
El
poder de los intérpretes es un don, pero es muy limitado, así como lo es
interpretar las miradas, ese es otro campo escabroso del cual hablar. Aunque
los ojos sean puros, la mirada puede estar empañada, ojos llenos de lágrimas
contenidas, aun sin derramar, hay un sentimiento atravesado que no se ve a
simple vista, se tiene que deducir, llegar a conclusiones inconclusas, sentir y
oler el ambiente, descifrar el aire que existe en ese momento.
En este
campo existen miradas cómplices, robadas, fortuitas, amargadas, tiernas,
tristes, lujuriosas, incluso hasta hay concursos de miradas para ver quien
aguanta más, esos son realmente aterradores, siempre hay un perdedor.
Permanecer en un barco lleno de ojos, con distintas miradas y querer
entenderlas… mejor prefiero agonizar o escribir un cuento sobre pestañas caídas
y deseos perdidos. Porque a los ojos se les tiene que consentir, no hacerlos
pasar por malos momentos, no es esperar que el destino haga su magia y ya, sino
es buscar buenos paisajes, asistir a bellos lugares, conocer gente amable,
rodearse de espacios confortables, acumular bellos recuerdos gracias a la
vista, crear situaciones cómodas, donde no se requiera odiar a alguien más de
lo necesario, porque odiar es un acto sumamente desgastante, quiero que lo
sepas.
Haciendo
mi autobiografía en imágenes y pensando en cómo interpretar las cosas que se
viven y no se pueden tocar ni ver palpablemente, me doy cuenta que yo soy yo,
no puedo ser tú, ni como tú, copiarte y vivir dentro de otro cuerpo ¡es
imposible! Al final te rompes por dentro. Y volver a estar mal por el mismo
motivo, es un insulto a la inteligencia, lo peor que se puede hacer en esta
vida es compararse.
Quiero
tener solemnidad y simetría en mis pensamientos, aunque está bien ser estúpido
de vez en cuando. Estar dentro del rango de los mortales es normal, pero querer
darle sentido a todo e interpretar la vida como tal, quizá eso no tan
remunerador en un mundo tan frio e insensible. No existe un mono traductor de
ideas dentro de cada uno de nosotros, sólo se trata de intuición, un poder
indescifrable, pero eso, es otro rollo.

Comentarios
Saludos
Gracias por la oportunidad de estar con todos ustedes!!!
Saludos!!