"Leer es increíble, pero nadie habla de lo difícil que es retomar este hábito cuando se pierde"
EL POLVO EN LOS LIBROS
Judith Fernanda Berrelleza López
Cuando
era niña solía leer mucho, todas en mi casa lo hacíamos. Recuerdo lo tedioso
que era para mí desempolvar los muebles, tenía que sacar todos los libros para
limpiar bien, en casa teníamos libros de todos tipos, enciclopedias grandes y
pesadas que apenas podía mover, libros sobre la historia de Choix, libros de
poesía, revistas de salud, muchos recetarios, libros como el Quijote, que
alguna vez intenté leer, pero tenía letras tan pequeñas que mis ojos con
astigmatismo no podían leer.
La
verdad no sé cómo llegaban esos libros a mi casa, pero me gustaba hojearlos de
vez en cuando, porque encontraba cosas interesantes, fotografías, cartas,
flores, dinero; yo creo que mi familia no conocía los separadores. A veces
encontraba mensajes y dedicatorias, eso me encantaba.
En
algún punto de mi vida los libros se volvieron el regalo más común, mis
primeros libros fueron: una compilación de 24 cuentos navideños ilustrados, y
un cuento sobre un niño que comía muchos dulces, lo que hizo que perdiera sus
dientes; que puedo decir, así era la crianza de antes.
Poco a
poco empecé a tener mi pequeña gran colección de libros, al principio fueron
libros ilustrados, aunque ni siquiera noté en qué momento dejaron de tenerlas. Al
momento de leer, las letras desaparecían y las películas comenzaban a
reproducirse en mi mente, aunque se detenían cada que me topaba con una palabra
desconocida o con esas que debes leer despacito y mo-no-si-lá-bi-ca-men-te para
poder pronunciarlas.
Tal vez
por eso nunca me ha gustado ver películas de libros que ya he leído, ni leer
libros de películas que ya he visto. Porque en ocasiones una cosa no tiene nada
que ver con la otra, o la adaptación cinematográfica rompe el universo que yo
ya había creado en mi mente, pues le da cuerpo y rostro a los mundos y personajes,
rompiendo con las expectativas que como lectora había creado.
Leer es
increíble, pero nadie habla de lo difícil que es retomar este hábito cuando se
pierde, ¿Cómo es posible que siendo una niña de 9 años leyera más que hoy en
día? Aún tengo la mayoría de los libros que me he adquirido con el paso del
tiempo, he leído la mayoría, pero siendo sincera tengo recuerdos vagos de su
contenido.
Me
gusta leer, pero lo pospongo, incluso teniendo libros que escogí personalmente.
Puede ser que, como muchos, me haya acostumbrado a las recompensas inmediatas
que ofrecen otros medios de entretenimiento. Leer, para quién no lo hace tan
seguido, representa un reto, ya que no hay manera de adelantar la velocidad de
un libro, requiere tiempo, atención, concentración y paciencia.
Creo
que hay una idea profundamente arraigada en la sociedad, acerca de que leer es
una cuestión de intelectuales, o que la lectura más valiosa es la académica.
Personalmente no creo que esto sea así, aunque no se puede negar la importancia
que tienen estos textos; considero que el valor de la literatura no depende de
su género, complejidad o extensión pues el acto de leer por sí mismo implica
interpretar, imaginar, relacionar, o en palabras simples, pensar.
Después
de todo, nadie empieza a leer con textos académicos, en mi caso fueron cuentos
navideños ilustrados los que iniciaron mi travesía en la literatura. Por lo que
me atrevo a afirmar, que cualquier tipo de lectura es el puente hacía la
lectura más compleja, lo que importa es comenzar a hacerlo.
En la
actualidad, no es que haya dejado de leer, pero no suelo hacerlo por decisión
propia, lo hago ya que mis estudios lo requieren, la verdad disfruto hacerlo,
aunque algunas lecturas me cuesten más que otras.
Pero he
estado esforzándome por retomar este hábito, no solo por los múltiples
beneficios de la lectura, sino por algo más social, pues en mi nuevo contexto
universitario, la lectura es el eje de las conversaciones, no porque cada día
te digan que debes de leer porque es bueno para la mente y te enlisten sus
beneficios. Se trata más bien del intercambio cultural dentro de estas
conversaciones, donde se intercambian conocimientos, posturas sociales o políticas,
concepciones personales sobre la vida y sus significados y muchísimas cosas
más.
Es
parte de nuestra naturaleza social querer pertenecer, tal vez por eso, al
encontrarme rodeada de personas que leen, hablan y discuten sobre libros,
siento la motivación de volver a ellos, lo cual me hace reconectar con aquella
niña que disfrutaba tanto la lectura.

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