"Es necesario un maestro que corrija, guie y cuestione, a los estudiantes, alguien que les haga darse cuenta de sus deficiencias para poder mejorar"
ELVIA Y FELIPE CARRILLO PUERTO
Yunivia Gastélum
Lugo
El 30 de octubre del 2025 fue un día muy ajetreado. Recuerdo
estar corriendo de un lado al otro, organizando, acomodando, decorando,
peinando, maquillando y memorizando aquella calaverita de Elvia Carrillo Puerto,
sobre ella el grupo 202 de educación habíamos hecho un altar para participar en
el concurso de altares de la UPES.
Estaba muy nerviosa, recordando una y otra vez una
calaverita que, al final tuve que leer un poco. Cuanto más estaba absorta en
mis pensamientos llego un señor que había visto pasar por la universidad un par
de veces sin darle mucha importancia. Sin presentarse me preguntó:
-
¿Sobre quién es su
altar?
-
Elvia Carrillo
Puerto
-
¿Quién fue ella?
-
Fue una de las
primeras diputadas en México e impulso el movimiento feminista, buscaba una
educación laica y fue conocida como la monja roja.
-
¿Sabe quién fue su
hermano?
-
Si claro, Felipe
Carrillo Puerto quien fue gobernador de Yucatán.
Después de esa pequeña plática me quedé con un mal
sabor de boca. Pensaba que solo me preguntaba esperando que no supiera quién
fue ella, quién fue su hermano y por qué eran importantes, como para evidenciar
que no tenía el conocimiento necesario. Me
sentí atacada pues nadie antes había cuestionado mi conocimiento, no me había
preguntado, ni los jurados, ni personas curiosas que pasaban por ahí o incluso
antes de llegar a el nivel universitario.
Así que, cuando vi entrar al salón a el mismo señor el
primer día de clases, un 26 de enero del 2026, pensé “pobre de nosotras, qué
mala suerte tenemos”. ¿Quién era él? El Mtro. Frías. En esa misma clase llegó,
dibujó una esquina en el pizarrón y nos dice “ustedes están en esa esquina del
mundo, no han salido nunca de su esquina y es probable que muchas de ustedes
nunca lo hagan” …. ¿Disculpa? Si antes me sentí atacada, ahora estaba furiosa
¡cómo se atreve a decir eso! Recuerdo haber salido de esa clase enojada. Con el
tiempo comprendí que en realidad no estaba enojada con el maestro, sino estaba
enojada con el hecho de ser descubierta de comprender que no estaba del todo
segura de los conocimientos que según tenía y había aprendido a lo largo de mi
vida escolar.
Después de todo, yo siempre he sido una alumna de 10.
Se suponía que sabia, que podía explicar fácilmente un tema sin trabarme o
detenerme a pensar si era correcto o no, que podía defender mis conocimientos….
pero resulta que no era así. Porque solamente estudiaba para pasar de año, para
tener una buena calificación y los aprendizajes pasaban a segundo plano. No era
que no me importaran, pero tampoco los llevaba más allá, no me los quedaba ni los
hacia míos, simplemente dejaba que se esfumaran, después de todo lo más
“importante” ya lo tenía, el 10. Me di cuenta que el sistema educativo me había
enseñado a ser una excelente alumna sistemática, pero pobre en la construcción
del pensamiento y relación de conceptos.
Cada lunes era un dolor de cabeza, pues era levantarme
a ir clases solo para darme cuenta que no sabia nada a profundidad, llego un
punto en donde me harté, me incomodaba y me sentía insuficiente. En ese momento
entendí que para realmente comenzar un cambio es necesario incomodarse, darse
una sacudida y dejar el orgullo atrás. Hay que darte cuenta del lugar en donde
te encuentras, para así poder avanzar a lo que realmente aspiras, de lo
contrario seguirás cómodamente en la ignorancia.
No es fácil, para nada fácil porque para poder avanzar
tengo que dejar atrás todo lo que creí saber, creí conocer y creí estaba en lo
correcto. Entonces si no tengo eso, ¿con qué me defiendo? Es aceptar que no era
suficiente, que tengo que esforzarme. Pero ¿Por qué haría eso? Siempre me
funciono mi método, me conformaba con mis resultados, pero llego la
incomodidad, y una pequeña voz en mi cabeza me decía que podía hacerlo mejor.
El problema principal es que no sabía por dónde
empezar. Como siempre me habían dicho que hacer, cuando y como, me encontraba
perdida, al menos necesitaba que me digieran por dónde empezar. Fue entonces
que decidí mandarle un correo electrónico al Mtro. Frías, le explicaba que no
sabía por dónde comenzar para salir de la esquina y si me podía ayudar, a
continuación, el Mtro. Frías me mando una lista de libros con sus respectivos
PDF. Mentiría si digo que leído cada uno de ellos, pero fue en ese momento
donde comencé mi camino. También donde recordé lo mucho que me gusta leer, por
fin estaba encontrando libros interesantes y retomando aquel habito olvidado.
Gracias a la lectura, mi parte favorita de la mañana
es cuando estoy yendo a la universidad, por que aquel trayecto de una hora de
camión se hace mucho más corto. Me gusta leer en el camión siento que estoy
usando mi tiempo “muerto” en algo que realmente me gusta. Fue difícil
acostumbrarme a leer en un lugar así, ya que soy una persona muy sentimental y
expresiva. Tratar de no llorar en el camión no es fácil y cuando pasamos un
tope es aún peor ya que se mueve todo, pero con todo eso es un lugar donde me
siento cómoda. Al volver a leer, no solo acorto mi trayecto, también creo una
chispa de curiosidad en los futuros alumnos a quienes daré clase como futura
maestra de primaria.
Leer se ha vuelto una parte fundamental de mi mañana y
cuando no logro hacerlo me quedo ansiosa como si me estuviera perdiendo de
algo. Aquellos libros que tenia hace años anotados en una lista para no
olvidarme de leerlos, poco a poco se va a tachando. Me siento orgullosa de
haber leído más de un libro durante estos meses del 2026. Ahora comprendo que
para iniciar algo, la parte más difícil es comenzar a hacerlo, siempre nos quedamos
en “voy a hacer esto” y con esta acción poder avanzar y llegar a mi objetivo,
pero en realidad no llegamos a nada porque nunca comenzamos.
Cuando comenzamos a ver el contenido de la materia,
guiándonos con la antología, se repartieron los temas por equipo y cada equipo
tenía que realizar una exposición referente a su tema. Elegí trabajar con una amiga
y nos pusimos manos a la obra. Tanto ella como yo vimos la información del
texto, la leímos, la extrajimos y la colocamos en una presentación de Canva.
Para nosotras era una un trabajo presentable después de todo tenia los datos de
la antología, una letra legible, imágenes referentes a la información, todo en
orden se podría decir común mente.
Llego el día y ambas estábamos nerviosas pues, aún que
hubiéramos practicado nuestra exposición, ya habíamos visto como el Mtro. Frías
corregía la primera exposición de nuestras compañeras y no queríamos que nos
sucediera a nosotras. En cuanto iniciamos el maestro no paraba de
interrumpirnos. Parecía que con cada nueva diapositiva le surgían nuevas
preguntas y reflexiones que nosotras pasamos por alto, al final parecía más
exposición del maestro en vez de nuestra. La vergüenza comenzó a crecer en mi
estomago pues me daba mucha pena que la exposición tuviera que ser interrumpida
en tantas ocasiones.
Cuando finalmente terminamos nos sentamos y ambas nos
sentíamos derrotadas. Yo solo quería que continuara la siguiente exposición,
pero el maestro tenia otros planes. Le preguntó primero a mi amiga en que podía
mejorar para la próxima exposición y ella contestó con tener una mayor
seguridad al hablar. Cuando me pregunto a mí, le conteste en tratar de
relacionar los demás de la antología con una época más actual, ya que después
de todas las preguntas y reflexiones sentía que nos habíamos quedado muy cortas
en ese aspecto, pues solo nos habíamos limitado a la información proporcionada
por la antología.
Ese día aunque me dio mucha pena con mis compañeras
aprendí de mis errores y aunque no en su materia, la siguiente exposición que
realicé fue mucho mejor, gracias a las correcciones proporcionadas por él.
Mirando en retrospectiva, me doy cuenta de que durante
este segundo semestre me sentí cuestionada, incómoda, sacudida, aturdida y por
momentos perdida. Sin embargo, por primera vez en mi viaje como estudiante, sentí
que mi pequeña burbuja de conformismo se estaba debilitando. Comprendí que el
valor de una educación no se queda solo en la acumulación de calificaciones
perfectas de manera automática, ni de hacer exposiciones impecables visualmente
pero que solo repiten la información proporcionada por la antología sin buscar
un trasfondo. El verdadero aprendizaje, sacude las certezas construidas con el
paso de los años, incomoda al orgullo y nos obliga a reconocer nuestra propia
ignorancia, como el único camino hacia el verdadero conocimiento.
También es necesario un maestro que corrija, guie y
cuestione, a los estudiantes, alguien que les haga darse cuenta de sus
deficiencias para poder mejorar. Aquel pensamiento que tuve un 26 de enero del
2026, lo cambio, ya no creo que tengamos mala suerte, después de todo, tras un
semestre, nos considero suertudas de haber podido experimentar las clases con
Mtro. Frías.
Dentro de todas las lecciones compartidas en clase,
una me llamo precisamente la atención “las oportunidades están a la vuelta de
la esquina, pero al no ser conscientes de su propio entorno, las
desaprovechan”. Esta verdad fue como balde de agua fría, me hizo darme cuenta
de cuantas oportunidades me he perdido solo por no conocerlas, al caminar con
los ojos cerrados conformándome con el espacio seguro que representa mi
esquina, sin prestar atención a lo que acontecía a mi alrededor.
Gracias a eso he decidido tomar como objetivo para el
próximo semestre ser consiente de la realidad que me rodea y estar lista para
tomar cada oportunidad académica e intelectual que se me presente, ya no quiero
seguir siendo una espectadora pasiva de mi propia educación.
Hoy ese amargo recuerdo de el 30 de octubre del 2025, es
resignificado totalmente, ya no lo veo como un ataque, sino como una invitación
para profundizar mis conocimientos sobre Elvia y Felipe Carrillo Puerto, ya no
son conceptos vacíos que memorizo en el momento para poder responder ante
cuestionamientos externos de un desconocido en un altar de los muertos. Ahora
representan el ejemplo vivo de lo que significa romper el molde y ver más allá
de su entorno para luchar por una transformación real, hice de este
conocimiento algo mío.
Me llevo de este semestre el habito de leer en los
camiones y la exquisitez que es leer cuentos que te conmuevan hasta la medula, o sea, aunque los baches y topes que pasa el camión siguen dificultando mis lecturas
matutinas y los nervios me sigan ganando cuando tenga que hablar en público,
asumo el progreso de este semestre con orgullo. Sé que lo que me falta es la
disciplina para ser constante, pero trabajaré en eso.
Aquella esquina dibujada en el pizarrón ya no me
enfurece y no la veo como algo que me limita, sino como un punto de partida
exacto de mi próximo crecimiento. La burbuja se rompió y el viaje para salir de
la esquina apenas comienza.
Comentarios
Saludos y felicitaciones por tu relato.
Mtro. José Manuel Frías Sarmiento