"Él estaba muy tranquilo, viendo su sangre deslizándose por su cara manchando de rojo intenso su uniforme"





 

PEPE PEPINO Y EL PIEDRA

“Las aventuras de Pepe Pepino…”


Marité Ibarra

 

Esta aventura de Pepe Pepino se sitúa cuando este personaje iniciaba su tercer grado de primaria. Precisamente era 01 de Septiembre cuando este niño de siete años pasaba ya a tercer año. Mamá Pitufina lo había metido desde primer grado como oyente, de cinco años, aun cuando ni siquiera podía hablar bien, por ejemplo, decía /daqueta/ en vez de /raqueta/. El director no lo quería aceptar porque lo veía muy chiquito e inmaduro en su lenguaje, pero su mamá le insistió para que se quedara ya en la primaria, aunque sea de “visita”, porque ni siquiera al kínder había ido. Finalmente, el director cedió y lo puso a prueba, no sin antes encargarle a mamá Pitufina, cinco kilos de jabón Roma y otros utensilios de aseo para la escuela.

Así Pepe Pepino se quedó de oyente en primer grado, pero aprendió a leer y escribir a la par de sus compañeros, aunque sus problemas de lenguaje aun eran evidentes en su escritura. La maestra de grupo le decía que tenía la lengua pegada y le ponía un lápiz en la boca para que hiciera ejercicios, afortunadamente todo eso contribuyó a que se quedara y acreditara el grado sin dificultad alguna.

Ya listo para empezar su tercer grado, mamá Pitufina lo llevó a la escuela, con su nueva maestra, la temible María Antonieta, una docente con gran renombre y popularidad en la escuela…. Bueno, como todo niño, Pepe Pepino estaba emocionado por volver, después de haber estado dos meses de largas vacaciones, ya hasta estaba aburrido de tanta ociosidad y vagancia. Cuando por fin se presentó en su nueva aula, quedó conmocionado al mirar en su salón a un niño nuevo que estaría con ellos en ese grado, y no sólo Pepe Pepino se quedó con los ojos cuadrados, sino todos sus compañeros y compañeras, era algo que nunca habían visto antes, un niño con esas características tan únicas y especiales.

Su nuevo compañero era un niñito delgadito y alto, de tez clara, ojos grandes, con algunas cicatrices evidentes en su rostro y cuerpo, pero lo más llamativo de él no era eso, sino que usaba un peculiar casco de hierro en la cabeza. No era un casco cualquiera, era un protector craneal para evitar lesiones serias, ya que este niño padecía una enfermedad llamada Insensibilidad Congénita al Dolor, un trastorno muy raro, en donde quien lo padece, no siente dolor alguno ante ningún golpe, corte en la piel, quebradura de hueso, quemaduras o altas temperaturas, por eso sus padres protegían a su hijo con un casco de hierro que evitara que se lastimara severamente la cabeza.

Este niño además de usar un casco de hierro, era un niño muy seguro de sí, sin problemas aparentes de autoestima, él se presentó a la clase y abiertamente dijo que en su otra escuela le decían “El Piedra”, esto por su falta de capacidad para sentir dolor físico. Él decía que las piedras no sentían dolor como él, y que le gustaba que le dijeran así.

Pepe Pepino estaba muy asombrado porque no sabía que existía algo como eso, además el hecho de que alguien se lastimara y no sintiera dolor, para él equivalía a ser un como un superhéroe Así que sin darse cuenta muy a sus adentros comenzó a sentir admiración y respeto por ese niño tan extraño. Pero no todos los chamacos sintieron lo mismo que nuestro personaje, sino que otros empezaron a verlo como bicho raro, como monstro incluso, y desde su primer día comenzaron a molestarlo.

Pepe Pepino al darse cuenta de lo que estaba sucediendo, empezó a defender a ese nuevo niño y juntos comenzaron a forjar una bonita amistad. Rápidamente el Piedra se integró a esa escuela, a ese grado, y aunque no ocupaba que Pepe Pepino lo defendiera porque él mismo se defendía muy bien, le gustaba ver que alguien más interviniera a su favor. Entre esos niños molestones se encontraba uno de los Bebos y sus compinches, le decían cosas muy hirientes al Piedra y de paso a Pepe Pepino también, ya que desde el incidente de la pelea de box en la iglesia, esos dos se traían unas ganas pero buenas, sin embargo la escuela no era, en esos momentos, el mejor escenario para pelear, ya que acababan de expulsar a un niño de quinto grado por mala conducta, además el Bebo sentía el peso de ser el “sobrino” del cura Rafael y su mamá a cada instante le decía que se portara bien y que pusiera el ejemplo.

Juntos estos traviesos niños, tanto Pepe Pepino como el Piedra, vivieron muchas aventuras en la escuela, se divertían y protegían mutuamente. El Piedra comenzó a prestarle su casco a Pepe Pepino, porque a él le gustaba mucho y se sentía como un poderoso héroe cuando lo usaba. Ellos jugaban a los espadazos con palos, a las luchitas, a las correteadas, a las marometas, a saltar la cuerda, al trompo, pero Pepe Pepino siempre tratando de cuidar al Piedra de que no se lastimara, sin embargo, los accidentes pasan y más cuando se es niño.

En una ocasión estaban jugando beis bol en el recreo, y el Piedra le prestó su casco a Pepe Pepino para su turno de batear, en eso estaban, cuando de repente y de la nada, el Piedra comenzó a sangrar de la cabeza ¡alguien le había aventado una piedra precisamente al niño Piedra y lo descalabró vilmente! Nunca se supo de donde salió esa maliciosa pedrada, ni quien se la aventó a propósito, todos pensaron que había sido el Bebo, pero en esa ocasión, ese niño no salió al recreo porque no llevó la tarea y estaba castigado, así que alguien más fue. Mientras tanto el Piedra seguía sangrando escandalosamente, pero él estaba muy tranquilo, viendo su sangre deslizándose por su cara manchando de rojo intenso su uniforme, en eso llegó la maestra María Antonieta y se lo llevó apresuradamente a la Cruz Roja más cercana.

Pepe Pepino se sentía muy angustiado porque él llevaba el casco en el momento del accidente, el Piedra había quedado desprotegido y alguien lo había lastimado, tristemente él se quedó con su casco en las manos. Al día siguiente, el Piedra no fue a la escuela, ya que le habían cocido la cabeza, diez habían sido las puntadas que le dieron, la maestra habló con el grupo sobre el incidente y aprovechando la ocasión, regañó a Pepe Pepino por haberle pedido el casco a su compañero, esa protección que tanto necesitaba en todo momento y que no debía quitarse mientras estuviera en la escuela. La maestra mencionó que los papás estaban muy preocupados por el incidente ocurrido y por la seguridad de su único hijo al que cuidaban tanto.

A la semana siguiente se presentó el Piedra a la escuela, ahora con un casco nuevo que su papá, el cual era herrero le había hecho, los ojos de Pepe Pepino se iluminaron cuando lo vio llegar con ese despampanante y llamativo casco, era como el de un imponente caballero medieval. El casco viejo se lo quedó Pepe Pepino, pero un día mamá Pitufina lo vendió al ropavejero, y así lo hizo perdedizo. El incidente de la pedrada rápido quedó en el olvido, y de nuevo, estos dos niños volvieron a ser inseparables, hasta el día en que el Piedra murió.                                                                           

                                             

Comentarios

Marité Ibarra dijo…
Buenos días en esta mañana calurosa!! Gracias maestro Frías por volverme a publicar en esta semana, otra vez enfadando gentes!!
Les mando un gran saludo a toda la comunidad lectora y escritores de este magnífico Blog!!!
GILBERTO MORENO dijo…
Buen día mi estimada amiga Marité. Estas historias del travieso Pepe Pepino son geniales, de hecho me trasladaron a mi primaria en los 80´s, donde los juegos y las travesuras eran una constante. El Bulling aunque era diferente, ya existía, y siempre estaban presentes los accidentes. Las amistades de primaria también eran únicas y muy sinceras. También siempre existió el niño o la niña "diferente", el inteligente, el peleonero, el gordito, el de nariz prominente. Los años de la primaria siempre serán inolvidables. Saludos Marité, te mando un fuerte abrazo. Tu amigo, Gilberto Moreno.
Marité Ibarra dijo…
Amigo Gilberto qué gusto me da saber de ti a través de tu comentario. Las aventuras de Pepe Pepino son muy especiales para mí, hay una combinación de ciertas cosas, también saco mis recuerdos y otras vivencias que tengo para formular la historia y las tramas. La escuela primaria y las vivencias que tuvimos en esos seis años de formación, realmente marcan nuestra vida, y aunque no había Bullying como tal, es decir con ese nombre, siempre lo hubo, y siempre hubo niños abusivos y de todas las caracteristicas como las mencionas.
Muchas gracias por leerme querido amigo, eres un gran comentarista de los textos en el Blog!!
Saludos grandes para ti!!!

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