“¿Cuándo llega el punto de quiebre? Tal vez cuando notes que eres la única que no se mueve, no ríe, no llora, ya ni siquiera sabes quién eres"
EN ESTA MI
ÚLTIMA VIDA
Judith Fernanda
Berrelleza López
A veces
siento haber vivido varias vidas en una sola o, tal vez, lo he hecho y me aferro
la idea de que sean una misma.
Creo
que me encuentro en mi séptima vida, me aterra la idea de no saber disfrutarla
o de desperdiciarla como lo he hecho en mi vida pasada, esa tan extraña y
tormentosa donde mi escape fue el no ser, no hacer y no estar. Evitando todo
aquello que me hiciera sentir pertenecer o desear.
Sobreviviendo
a base de monotonía sin saber que esa no era vida. Desperdiciando horas,
minutos, días. Fingiendo que nada me importaba y por ende nada me afectaba.
Con un
amargo sabor de boca repetía eso que Cuarteto de Nos cantaba:
“Ya ni mejoro ni voy a empeorar
Y como nunca empiezo nada
No me pone ansioso poder terminar”
Más que
identificarme, esa canción era un recordatorio de que algo estaba mal, así
quisiera reconocerlo o decir que daba igual.
Sin
embargo, la quietud es un invento de la mente, nada se detiene, solo eres tú
negándote a nadar entre la corriente. Todo se sigue moviendo, aunque te aferres
a la idea de no hacerlo.
¿Cuándo
llega el punto de quiebre? Tal vez cuando notes que eres la única que no se
mueve, no ríe, no llora, ya ni siquiera sabes quién eres:
¿Qué me
gusta? ¿Qué me divierte? No lo sabes
Por
cada pregunta sin respuesta se suma un grano de culpa por aquel tiempo inerte,
ese que se escapa de las manos sin dar tiempo de reclamos. Ahora quieres
moverte, pero no recuerdas como hacerlo sin caerte, el miedo te inunda, aunque
la impotencia se siente más fuerte, así que solo te queda dar el primer paso,
el más arriesgado donde las dudas que has sentido se acumulan y te hacen sentir
el pecho pesado.
No sé
qué hacer…
Y sin
saber cómo ya estás en el suelo, intentas levantarte, pero el peso te jala
hacia abajo, caes, lo intentas de nuevo, otra vez caes; el ciclo se repite
infinitamente, pero cada vez es un poco más fácil levantarte e incluso puedes
dar pasos sin rumbo, hacía nada y hacía nadie que te consuele.
Llevas
tanto sin sentir algo que la metamorfosis de volver a ser humano te mata, pero
no paras porque entre que te caes o te levantas, avanzas, la adrenalina de
saber que en algún momento puedes caer o dar un mal paso se ha vuelto adictiva,
disfrutas regresar a la vida, con todo penas y suertes.
Así fue mi muerte
y resurrección. En esta séptima y última oportunidad, quiero dejarme ser y
vivir pues soy consciente que después de esta no habrá más.

Comentarios