Taller de Redacción Libre y Creativa
“No era uno, ni dos, ni 10, ni 50… ¡Eran 100 años de Soledad!”
CUANDO LA REFLEXIÓN CAMBIA EL RECUERDO
Solangel Méndez Ruiz
Uff….
Este escrito es la segunda vez que lo hago, espero lo hagamos mejor.
Bueno,
pensemos….
Siento
un frío en mi pecho, siento… Como si hubiera corrido detrás de algo
inalcanzable y sientes como el aire entra por tus pulmones tan rápido y
profundo, pero tan rápido, que sientes que no respiras, eso siento al recordar
(ahora) mi experiencia con la lectura.
Porque
no me gusta ni hago dos veces las mismas cosas, por eso se me dificulta a veces
avanzar y lo sé, las cosas requieren práctica, pero hay tantas cosas por
descubrir ¡jamás acabaría uno!
Pues si
debo recordarla, empezaría por el primer libro que recuerdo que leí entero: “El
cocodrilo de la tina” de mmmm, Christian Lehmann. Una lectura super ligera, con
dibujos grandes, estaba en segundo de primaria, recuerdo que la historia es
fantástica, osea eso de que la gente tira los cocodrilos por el W.C. … en
primer lugar ¿cuántas personas hacen eso? Y después desencadena en la aventura de
una niña de 8 añitos algo así, con su hermanito jajaaj, por el drenaje. ¡LOCO!
No manches.
Después
creo que tengo muy claro que crecí con los libros de Harry Potter, pero la
neta, no sé porque debo reconocer que desde bien chiquita aborrecía lo que todo
mundo quería y tenia, no sé porque, y pues creo que si (además introspecciono
en esta segunda redacción) desde ese momento o antes ya presentaba yo esas
actitudes en mi personalidad….
Y
bueno, mi hermana mayor le compraban todo lo que pedía, pero …. Pos naaambre
esa chica siempre pedía cosas aburridas, según yo , estaba plebita no me
juzgue, cosas como libros, juegos didácticos, de mesa, de retos, de leer,
juegos de computadora de aventura de física, química, jajajajaja. Recuerdo a mi
mamá esperando el lunes pa comprarle su enciclopedia o diccionario extendido
que saco “El Debate”, de esas cosas pues, yo tenía menos de 10, y al final ese
era mi mundo, el mundo donde mi hermana me compartía las fascinantes historias
porque yo no leía, yo tenía 5, 6, años…
hasta que me leí el cocodrilo de la tina,ajaaaa, por eso merito es que yo
recuerdo el libro.
Y pues,
yo quería seguir leyendo, mientras mi ma le compraba a mi hermana mayor el
quíbole con a mí me compraba, pos quien sabe. En fin, sobre lectura hubieron
siempre libros bien gordotes en la repisa de mis papás, es más, un día
empezamos a ser pudientes y no me daba cuenta, que mi padre mando a hacer un
librero de lado a lado de la pared de un cuarto, lleno, llenísimo de todo tipo
de literatura! Mi mamá tiene aún libros de pedagogía de su licenciatura, es
que… Cuando visites Chiapas y te lo imagines hace 38 ó 40 años atrás tener un
libro para mi madre criada con monjas pues es algo sagrado, quién sabe si mis
alergias se deban a los ácaros de esas lecturas tan viejas que algunas si se le
ven los agujeritos chiquitos asi bien formaditos jajaja, no sé que es pero le
sale a los libros viejos.
Volviendo
a mi época de la primaria, pues si reconozco que leía las lecturas de la
primaria: paco el chato, los changuitos y sus calcetines que los usan de
patines, la chica negrita con el conejo blanco, pero de esos me traumo UNA
PLANTA EN EL ESTOMAGO. Qué tristeza que ya no hay estas lecturas en los libros
de primaria, quién sabe qué leen ahora los niños, por ejemplo, el de la planta
creo que lo quitaron en el 2008, pero pues si pienso con lo del monstruo que
quería la niña que su amigo lo matara pues, ese tipo de reacciones (el trauma)
siempre van a suceder, entonces …. ¿qué nos asusta si pareciera que es cíclico?
En fin,
los de Harry Potter estaban medio cool, pero no me emocionaba eso de que … No
sé, la verdad decía: Esas son cosas románticas
JAJA!!!
ROMANTICAS! Ve tú a saber qué hacía que pensara eso yo jajaja.
A este
momento mi hermana ya no me leía, pues ya tenía yo suficiente edad para hacerlo
por mí misma y a la vez mi hermana tenía suficientes compromisos académicos.
Sólo
leí el uno y dos, después pasé a sexto de primaria y mis intereses ya eran muy
marcados, prefería colorear, prefería ver programas como LA INK, Mr. Dizzle
(este era muy bueno, la verdad quisiera algún día algo así).
Entonces
mi siguiente cosa marcada, además de no leer del 3er libro de Harry Potter en
adelante es cuando me mandaron bien a la chingada con un libro que quería leer
pero “no le vas a entender” me dijo mi papá… Era el código da Vinci, mi padre
para ese momento había comprado la recién salida obra traducida de esa saga. Mi
hermana, la devora libros sin saciedad, la que se iba de lado porque tenía un
cerebrote le sigo diciendo hasta la fecha yo, claro, ella ya lo había leído, y
pues pensé que era algo tan fácil como “voy yo”, recuerdo muy bien aquel
domingo… Lo escribí en aquel primer texto, pero no lo recordaré, no vale la
pena.
Sin
embargo, acepto que desde ahí, desde esa forma de contestarme tantas veces con
un “porque no” “porque yo lo digo” de nuevo “porque no”… ese “No le vas a
entender” me condenó a dejar de entender. No sé qué sucedió, no sé si lo hacía
desde antes, pero si recuerdo que he identificado que me costaba mucho separar
ideas principales de las secundarias, la verdad sólo lo hacía al revés, a lo
mejor tengo un problema con el orden de prioridades, no sé.
Pero,
regresemos, tengo muchos títulos que recuerdo: Corazón diario de un niño;
muuuchos de Paulo Cohelo (Ser como el río, Cinco minutos, El alquimista, Me
senté y lloré, El demonio y la señorita Prym) también habían muchos de gimnasia
artística y rítmica, mi mamá ponía tablas rítmicas, hacía unas cosas bárbaras
en la escuela, pero a mami nunca la mire leer, si hacía su planeación si leía,
pero no era algo del diario, no era como la costura, la cocina o la lavada o la
decorada de la casa….
De esos
libros gordotes recuerdo perfectamente uno: Brillaba, su portada, no era como
la de las demás era la portada como las que a mi hermana le gustaban y no
entendía, una portada dura, brillosa, pero esta era color verde bandera, con
unos olivos dorados, por todo el contorno de la portada, por detrás era blanco,
sus letras color oro, todo se miraba muy bonito e interesante, pero el titulo
se miraba… pensaba, yo como chiquita pues que era, que yo iba a tardar mucho en
leerlo, o sea no me iba a alcanzar la vida porque … seguro nadie lo había
terminado de leer, y sí, mi padre sigue teniéndolo en ese lugar, al lado de su
cama; ¿para qué comprarían un libro que no van a terminar de leer? Me
preguntaba yo.
No era
uno, ni dos, ni 10, ni 50… 100 años de soledad! Caramba que pobre tipo, y
además yo me imaginaba como que vivían en un bosque (por la portada verde) y
que encontraban oro (por el color amarillo, o dorado algo así que tenía)…
Después
de esos días, esos momentos de “elegir un título para leer” se volvieron
aburridos, se volvieron desmotivantes, ya prefería mejor abrir más mis colores,
usar más mis pinturas, y aprender de las técnicas de las que mi hermana me
enseñaba porque las leía… Y así me fui, tengo algunos textos importantes, la verdad
muchos ni los leí, como “Atrapados en la escuela”, creo que el libro ya no
existe en la casa, pero leía el texto y como sabía que mi padre lo había
llevado a casa yo simplemente decía “mmm nah, no le voy a entender” y mejor,
entre ese momento aburrido de tener que escoger algo y entre que creces, eres
adolescente y empiezas a tener múltiples intereses como estudiar otro idioma,
mejor consumes otras cosas. Me gustaba ir a japonés, escribir, ver y oír, me
gustaba que mi padre no entendía lo que yo entendía, ya trabajé eso en terapia
no se preocupe usted.
Y… Tuve
13, entre a la secundaria, me creía grande y pues, entonces mis libros
empezaron a ser los mangas, esos dibujos sin color, me encantaba en mi cabeza
no sólo leer de atrás para adelante, porque normalmente uso las libretas
también de esa manera, me encantaba que en mi imaginación que no sólo tenía que
hacer las “onomatopeyas” sino que también ponía color en las imágenes, y así
fue como el japonés me salvo de que no leyera, miraba los dibujos animados de
origen japonés que son los “anime” en japones con subtítulos en inglés,
entonces regresaba a mi infancia: ver sakura card captors en japones, ver
sarilor moon en japones, y no sólo eso, leía en inglés…. Desde los 8 años me
metió mamá a estudiar inglés, dos menores de 12 años cruzando Culiacán, solas
en el camión allá del 2002.
Y pues,
esa era mi lectura, ver anime, leer mangas, cantar canciones japonesas de metal
core. Luego entre al Tecmi y todo fue, escribir, hacer, redactar, quizás no
citar pero si era “¿Qué entendiste? Una y otra vez, no recuerdo haber hecho
mucha lectura en mi preparatoria. Lo que si recuerdo es a Platón con sus
diálogos, y otro que era como la odisea, el quijote pero creo que no fue
completo solo tengo el contexto y ya.
Ya
después para la CCYP si nos pedía una maestra tener que llevar a su clase 4
periódicos, osea yo toda foránea tenía que escoger entre desayunar algo rico y
nutritivo o comprar esos 4, porque además tenían que ser dos tabloides, y los
leíamos, identificábamos las partes…. Bueno, de todo esto la verdad es que me
la pase más viendo documentales, creo que era difícil para mí leer, terminar de
leer. Leía corto y poquito.
Además
recuerdo que en mi temporada en la ciudad de México sólo coleccionaba los
libros para verme más culta jajaja, que llegaran a mi casa y me preguntaban y
yo, recuerdo que sabía pero ya no sé, perdí muchos de esos libros en
inundaciones que suele tener una ciudad que se hunde, me dolió perder Rayuela,
un morrito me lo regalo porque yo hablaba mucho de él, además me consiguió la
versión negra con blanco, yo lo quería en pasta dura pero, costaba como 300 más
porque estaba firmado por Cortázar, además obvio un pilar en comunicación sus
lecturas.
Pero de
los libros que más me acuerdo de la universidad aquella es de Maestría de
Robert Greene y las lecturas de la antología, pero ahora, que he estado en la
upes, he leído documentos, artículos y demasiadas antologías, he retomado
textos como “inteligencia emocional” de Goleman y algunos otros que compre
porque según yo haría mi tesis, si aja, pero por algo se debe volver a empezar,
bueno retomar…. O re hacer?
También
algo que me gusté como el de Cazzu, cuando leí sentí que estaba cotorreando con
ella, me divertí mucho además de que conocer su perspectiva personal sobre su
propia trayectoria, me lo devoré, entonces pasé a estos libros que “retomé”
además de que apenas tuve este pequeño arrebato de “Ya mañana veo”, de esas
compras compulsivas que hace una persona con dinero y depresión, y me asusté.
Jamás
había sentido esto!
Me dije
a mi misma mientras otra parte de mí se preguntaba “qué es “esto” que sientes?
Qué emoción es?” , y así ya llevo dos libros mas a esos libros que ya inicié y
no he terminado, pero no los he suspendido ni pausado, vamos poco a poco, vamos
rotándolos porque la rutina tampoco me gusta sin embargo, me ayudan a salir
justo de ello, cuando me dan ganas de agarrar el celular, cuando siento que ya
lo usé igual mucho y me aburro en el celular voy y agarro uno de los libros que
tengo en turno.
ACTUALIZACIÓN:
No sé
si debería verter esto aquí, pero apenas estuve escarbando un poco más, y recuerdo una vez que mi madre una vez me
dijo: “O libro o comida” pero a mi hermana mayor jamás escuche que le dijeran
eso, digo si habían veces que le decían que después, pero puntual a la quincena
ese libro llegaba a las manos de aquella devoradora de libros, que ahora
admiro, que quiero ser esa persona que le lea a las que no saben, que se
imaginen como debe de ser lo que sea que lea, que en cada articulación verbal
se sienta cada código llamado letra.

Comentarios
Saludos. Mtro. José Manuel Frías Sarmiento