“La cocina sucia. La alarma aplazada siete veces. Las tareas incompletas. El “mañana sí empiezo”. Es como vivir perseguido por un saboteador profesional”
MI PEOR ENEMIGO
—Celso Gilberto Guzmán
Félix
Hay personas malas en este mundo. Personas egoístas, crueles,
desalmadas. Personas capaces de arruinarte la existencia con una sonrisa en la
cara. Personas que, aunque saben perfectamente el daño que causan, siguen
adelante como si nada.
Yo conozco a una de ellas.
Y desgraciadamente, vive conmigo.
No importa cuánto intente escapar de él. Siempre encuentra la forma de
arruinarme el día. A veces me deja problemas pequeños: un vaso olvidado en la
mesa, ropa tirada, mensajes sin responder. Cosas mínimas. Pero luego escala.
Siempre escala.
Por ejemplo, hace tres días descubrí que ese monstruo dejó un trabajo
entero para entregarse a las siete de la mañana. ¿Y saben quién tuvo que
hacerlo a las dos de la madrugada mientras veía tutoriales titulados “Cómo
hacer una cita APA en cinco minutos”?
Yo.
Él no.
YO.
Porque esa es otra cosa horrible de mi enemigo: jamás enfrenta las
consecuencias de sus actos. Nunca. Siempre desaparece justo antes de que todo
explote y deja a otro pobre infeliz recogiendo los pedazos.
A mí.
Y tiene una actitud insoportable. Siempre hace promesas absurdas.
“Mañana empezamos el ejercicio.”
“Al rato limpiamos el cuarto.”
“Cinco minutos más en el celular.”
Mentiras. Puras mentiras. Ese hombre es un vendedor de humo. Un
traficante de esperanzas falsas. Un criminal del tiempo.
Y encima tiene una habilidad impresionante para convencerme. Porque en
el momento todo parece lógico.
“Bah, todavía falta mucho.”
“Es rápido.”
“Lo haces mañana sin problema.”
Sin problema, dice.
SIN PROBLEMA.
Claro. Porque él no es quien termina bañándose a las seis de la mañana
con crisis existencial incluida mientras piensa si realmente era necesario
empezar una serie de cuarenta capítulos un martes.
Lo peor es que siempre llega antes que yo. Siempre. Cuando despierto, él
ya estuvo ahí dejando el desastre preparado.
La cocina sucia.
La alarma aplazada siete veces.
Las tareas incompletas.
El “mañana sí empiezo.
Es como vivir perseguido por un saboteador profesional”.
Y no puedo denunciarlo porque técnicamente comparte mi cara.
Aunque debo admitir algo: al principio pensé que era mi yo del futuro
quien me odiaba. Porque constantemente me imaginaba a alguien cansado,
decepcionado y al borde del colapso gritándome desde algún punto del tiempo:
“¡DEJA DE HACER ESTUPIDECES!”
Pero no.
Con los años entendí la verdad.
Mi peor enemigo no es mi yo del futuro.
Ese pobre sujeto es solo otra víctima.
Mi verdadero enemigo… es mi yo del pasado. Ese desgraciado irresponsable
que constantemente dice:
“Se lo dejamos al yo del futuro.”
Y luego desaparece.
Cobarde.

Comentarios