“¿Cuál es la estrategia definitiva para que todos los niños tengan la oportunidad de integrarse sin importar su origen?”
Xiadani Guadalupe Arellano Sandoval
Hacer un texto
para concluir una materia que se llama “problemas del aprendizaje” (o algo así), me resulta
abrumador, hay muchas ideas, mucha tela de donde cortar,
¿Qué puedo decir si sólo soy una aprendiz? ¿Por dónde
empiezo? Este semestre tuvo algo particular, cada semestre se distingue por un
concepto común que diferentes materias comparten y enriquecen a lo largo del ciclo, nuestra palabra mágica este semestre fue “Inclusión”, pero ¿Qué es? ¿De dónde viene?
¿Cómo es aplicable? Según nuestras referencias, aunque muy comúnmente se le ve así, inclusión no es un concepto que se limite solo a la parte de discapacidad, hay que incluir frente a la diversidad cultural y de género también, aunque a menudo solo se le relacione con las dificultades de aprendizaje o discapacidades de cualquier tipo.
La realidad es que inclusión es un concepto muy extenso, mucho cuestionamos en clase sobre su origen, a pesar de que su historia nace no hace muchas décadas atrás, el concepto ha tomado relevancia en los últimos años. Sabemos que la inclusión es un derecho que tienen todas y todos los estudiantes, pero ¿Cómo funciona? ¿Para quiénes aplica? Con frecuencia pareciera que las preguntas se multiplican mientras que las respuestas a estas preguntas escasean cada vez más. Lo que queda claro es que hay muchas complicaciones para delimitar hasta dónde llega, porque se ha hecho mucho énfasis en que los problemas del aprendizaje se resuelven con inclusión, pero, ¿aplica en todos los casos? ¿Y si es así, cómo los diferenciamos? Hace poco y a propósito de un trabajo para la asignatura platicaba con una conocida, a quién llamaré “IV”, quien además de estudiar, es madre de una niña que ha tenido un historial académico muy peculiar, durante la conversación ella me externó sus preocupaciones desde el ámbito docente y me hizo una pregunta para la que no sé si tengo respuesta, “¿a dónde vamos como docentes?”
Durante la conversación “IV” y yo platicábamos sobre la complejidad y la saturación que tienen espacios como USAER para atender a niños con discapacidad, es un trabajo titánico considerando que están en un periodo limitado de tiempo, con maestros que, aunque preparados pareciera que están agotados, vemos que ni si quiera hay espacios definitivos destinados para el trabajo de USAER, “Ahí hazles cancha en un salón libre que tengas”, así como si cualquier espacio arrumbado fuera óptimo, así como quien no quiere la cosa. Muchas ocasiones he oído: “es que tienen que trabajar con lo que hay”, pero seamos honestos, en términos de haber, no hay nada, entonces, ¿Cómo solucionamos estas deficiencias? No podemos esperar que los niños “se pongan al corriente” si para empezar la corriente va fluyendo en su contra. Esa es una barrera, un obstáculo grande, “EL SISTEMA”, que pareciera estar cada vez más orientado al mundo de las ideas que al mundo real que ocurre en las escuelas y es que entre planeaciones, evaluaciones y demás lo que los niños aprenden o dejan de aprender pasa a segundo plano y entonces sólo nos concentramos en dar resultados, buenos o malos pero resultados a fin de cuentas, las exigencias cada vez son más complicadas de cumplir: “no repruebes al alumno”, “no le llames la atención, que llora”, “no corrijas”, “no les digas a los papás que no ha aprendido” y entre el sistema que pide no traumar al niño y los padres del niño que no hacen bien su chamba el que termina con un trauma termina siendo el maestro.
“IV” y yo nos
preguntábamos qué está pasando directamente en las aulas, ¿Por qué vemos niños de 3ro de primaria que no
saben leer? Claramente existe la necesidad de darles apoyo, pero, ¿Cómo? Otra
de las principales barreras de aprendizaje que veo, ocurre cuando nosotros como
docentes (Sí, ya sé que no tengo el título, pero por fines narrativos y de
conveniencia a la trama iré adaptando mi papel para intentar poner en orden mis
ideas) nos negamos a adaptarnos a los requerimientos del grupo, muchas veces el
ego y la soberbia nos hacen creer que lo sabemos todo, que ya no es importante prepararnos,
que ya con lo que sabemos es suficiente, “Con que el niño llegue a fin de ciclo me doy por bien servido”, pero
¿Qué tanto nos paramos a pensar en las necesidades especificas que dentro del grupo vamos a tener? Y sobre todo ¿Qué tanto pensamos en qué tipo de maestra somos? Al principio es fácil romantizar la enseñanza, por ahí escuché un dicho: “no hay mejor mamá que la que no tiene hijos”, lo mismo aplica para la enseñanza, no hay mejor maestro que el que no tiene grupo, porque no dimensiona a lo que el resto se enfrenta, ¿Cómo resolver un problema del aprendizaje si ni si quiera me tomé el tiempo de aprender a identificarlo? A lo largo del curso oímos de diferentes trastornos, TDAH, TEA, TCD, tantos síndromes para nombrar, pero, ¿para qué conocerlos? ¿Cuál es la diferencia que hace saberlos de no saberlos?
La diferencia radica en el enfoque que tengamos frente a un problema, si etiquetamos a un niño que no sabe leer como “tonto” o le damos la etiqueta de “niño problema” a otro por que es complicado ponerle límites, no estamos haciendo nada para mejorar la situación, pero aprender a identificar las señales puede hacer una diferencia significativa en el futuro del alumno, ya lo vimos en clase: “el niño problema es el que más te necesita”, no para etiquetarlo, sino para ayudarlo a que forme parte de la comunidad, ayudar a que tenga herramientas, que avance y se desarrolle y bueno, sí, en otras palabras que de “resultados satisfactorios”, pero el proceso no es fácil, no basta con esperar a que las respuestas lleguen por sí solas, hay que invertir tiempo esfuerzo, recursos en nuestra formación, pero, ¿Cómo? Si muchos maestros tienen hasta 2 trabajos para subsistir, ¿Cómo adapto la clase para la generalidad de los alumnos y para esos casos particulares? ¿De donde le saco más horas al día? Surge entonces la necesidad de contar con instancias que nos lleven de la mano durante el proceso, no se trata de pasarle al siguiente maestro el “problema” y ya está, se trata de involucrar a todas las partes, pero, ¿Hasta donde podemos llegar como docentes? Veíamos en clase que parte de la importancia del mensaje es el cómo lo damos, una vez que hemos logrado identificar una situación o barrera hay que pensar en comunicar a los padres, esos seres que pueden parecer arrolladores, pero que muy probablemente solo están tratando de velar por el bienestar de sus niños. Puede ser abrumador, pero en verdad es necesario entender a fondo las problemáticas, no para diagnosticar, pero para atender y apoyar en el proceso de aprendizaje del niño, porque no podemos hablar de vencer los problemas en el aprendizaje escolar si sólo pretendemos tener al alumno que no “ha aprendido” a leer ahí en un rincón del aula. Einstein decía: “Si calificamos a un pez por su capacidad de trepar un árbol, vivirá toda la vida creyendo que es un inútil”, no todos tenemos las mismas habilidades, eso está claro, pero hay que entender que con esfuerzo todos podemos llegar lejos.
Muchas veces los
problemas de aprendizaje dentro del aula pueden verse como casos aislados y
como pérdidas de tiempo, pero es necesario encontrar herramientas, ¿Cuáles?
Bueno pues a veces tendría que ser a ensayo y error, “IV” me decía: “muchas
veces damos por sentado que los niños van a entender el lenguaje de nosotros los
adultos y ellos ni si quiera tienen ese vocabulario para comprender, a veces
explicar las cosas 2 o 3 veces desde diferentes ángulos ayuda a dar más
claridad”, aquí es donde entra el buscar herramientas, no es sólo darle ánimos
al alumno para que aprenda a leer, es buscar las respuestas, ¿necesita
un enfoque más sensorial?
¿Se le facilita si le pongo imágenes? Y entonces en el camino terminamos descubriendo si el método funciona o si adaptamos otro. Antes de cualquier cosa es importantísimo, de verdad, de verdad es muy importante, hablar con los padres de familia, preguntar si han notado algo en casa, no nomás por enterarse uno del mitote, sino para comprender y atender.
Y acá está otro punto importante, desde la perspectiva de tutores, ¿qué podemos hacer para lograr que los niños aprendan? Pareciera que es más fácil cederle la responsabilidad al docente en lugar de aceptar que hay algo que atender: “uy, es que la maestra me lo regaña mucho”, “no yo prefiero que la maestra le enseñe, total, a ella le pagan por eso”, pero si buscamos a fondo podremos notar la frecuencia con la que los padres dejan de ponerle límites a los niños, “ay, no pasa nada si no sabes”, “no pasa nada si no aprendes”, “no pasa nada si no haces, forjando niños y espacios menos tolerantes, menos resistentes, con menos plasticidad y capacidad de adaptarse al medio, estos padres impiden el trabajo del maestro y limitan el desarrollo pleno del niño al tener una perspectiva tan pequeña.
Cuando como tutores nos negamos a darle oportunidad a un niño de que se desarrolle negándole atención temprana no estamos facilitándole la vida, estamos dificultando su aprendizaje y su desarrollo como ser humano, a veces se nos olvida que parte de crecer y aprender es caerse, rasparse las rodillas, es como ir al gimnasio, no basta con ponerse tenis, las fibras del músculo se tienen que romper para que el músculo crezca, no se trata de esperar a que las cosas sucedan por milagro, sino de esforzarnos a lo largo del camino, de ser responsables y de ocuparnos en hacer bien nuestro trabajo como tutores, dejando que los niños se equivoquen, que batallen hasta encontrar una solución, obviamente con esto no quiero que se entienda como que hay que ponerles obstáculos en el camino, pero sí de ayudarles a que creen sus propias herramientas y de aprender a confiar en los profesionales de la educación. A veces ayudar al niño puede empezar desde hacernos presentes en las aulas, escuchando lo que sucede dentro del salón, otras poniendo atención a lo que pasa en casa y sobre todo dando seguimiento a lo que notamos, si notamos que el niño tiene dificultad en matemáticas no hay que dar por sentado que es flojo o malo, hay que poner atención y buscar siempre el interés superior del niño, dejemos de ver a la escuela como una guardería y comencemos a verla como lo que es, un centro de formación, el maestro no es el enemigo, está ahí para ayudar, pero no puede solo, nos necesita como tutores, somos un equipo.
Pero bueno ahora hay que entender,
¿Cuál es la estrategia definitiva para que todos los niños tengan la
oportunidad de integrarse sin importar su origen? Bueno, empezamos por ver en
dónde estamos parados desde una perspectiva de humildad, ¿Qué tan preparada
estoy para
atender la problemática que estoy observando?, ¿Qué tanta paciencia tengo?, ¿Qué tanto sé del tema? ¿Hasta dónde estoy dispuesta a enseñar y hasta dónde prefiero delegar las tareas más complicadas a alguien más? Entendamos que los problemas en el aprendizaje requieren acompañamiento y que debemos comprometer a las instituciones para que participen de la mano con nosotros para crear mejores resultados, porque no se trata de tener libros completos almacenados en la memoria de la cabeza, sino de llenarnos de un bagaje que nos sirva como norte cuando nos sentimos perdidos.
Hay que valorar también
las capacidades del niño, ¿Está preparado para ser incluido?
¿Cómo necesita ser incluido? Habrá quienes puedan adaptarse de inmediato, otros tantos necesitarán de ayuda extra, de un proceso de transición ¿Qué herramientas especificas necesito tener para garantizar el aprendizaje del alumnado en todas las etapas? Las planeaciones como la vida no tienen una sola estructura, pueden adaptarse para mejorar las condiciones en el aula, aprendamos a ser flexibles.
No todos tenemos los mismos tiempos y los mismos procesos, necesitamos entender desde la paciencia que los problemas no se resuelven de un día para otro, como tutores/padres necesitamos entender que la maestra no siempre puede sola, que está rodeada de otros niños con otras necesidades y que si bien está haciendo su trabajo cuenta con nosotros para lograr ayudar al niño. Muchas veces los niños van a necesitar un periodo de adaptación y de ayuda extra más allá de la escuela y es muy importante acercarles ese apoyo para hacerles más fácil su proceso de adaptación. El diagnostico es vital.
Otra parte importante es revisar cómo vamos en cuanto a infraestructura en la escuela, si hay rampas si hay espacios destinados para apoyo dentro de la escuela, que si hay un aula USAER esta cuente con el equipo necesario para llevar a cabo sus actividades, que exista un equipo como una triangulación entre maestros de apoyo, regulares y los padres de familia.
Todo lo anterior conlleva un gran
trabajo, es verdad, pero no es imposible, por eso siempre debemos cuestionarnos
nuestro rumbo y adónde queremos llegar, sé que aún me hace falta mucho camino
que recorrer, pero creo que hay que valorar la carrera y nuestros procesos como
estudiantes, desde la humildad siempre tendremos más espacio para aprender,
está bien no saberlo todo, pero busquemos siempre tener curiosidad, siempre
buscar información que sume a nuestra formación, que nos ayude a crecer.
Dejemos de pensar en los problemas del aprendizaje como algo ajeno a nosotros y
comencemos a hacernos a la idea de que puede ser nuestra cotidianidad laboral,
parte de solucionar es contar con herramientas previas para poder hacerlo, no
se trata de dar todo por sentado, sino de siempre buscar alternativas tengamos
1 mes o una década trabajando, porque los problemas del aprendizaje están por
todos lados y sí, como lo vimos los “niños problema” siempre son los que más
nos necesitan.
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