“Apenas él le amalaba el noema, a ella se le agolpaba el clémiso y caían en hidromurias, en salvajes ambonios, en sustalos exasperantes”





 

EL LECTOR IDEAL

Andrea Jasso

 

Hace algún tiempo, en alguna fanpage de Facebook (como yo las conocí y sí, del obsoleto del Facebook, porque millenial en aras de gen X) de ésas ñoñas que postean memes sobre literatura y lingüística y que nadie entiende más que la comunidad afín a tales materias, vi uno en el que se mencionaba que los fans de dos artistas que, aparentemente, no tienen nada que ver uno con la otra, tenían ciertas cosas en común: el fandom de Julio Cortázar y el fandom de la Rosalía tenían en común, principalmente, que pueden entender a sus respectivos artistas hasta en sus obras más rimbombantes, si así se les quisieran llamar.

 

Cabe decir que este texto va de un desglose de fondo, pero también de forma, simplemente, porque es posible (porque quiero y puedo, pues).

Pero antes de continuar, deberé advertir que, para que este texto tenga lectores ideales, lo primero que se debe hacer es buscar la letra de la canción de la Rosalía que acá menciono y del texto de Cortázar del que más adelante haré mención. Es justo y necesario. Amén.

Nunca me imaginé que en algún momento me vería desmenuzando (como les digo a mis alumnos de la primaria cuando vamos a analizar una canción, un poema o un cuento) una canción de la Rosalía; a simple vista, pareciera banal, mundano y vulgar, pero es innegable que esta mujer también tiene a sus lectores ideales (o escuchas, diríamos mejor), sobre todo, para la canción que aquí les presento: Hentai.

Para empezar, habríamos de entender qué quiere decir hentai. Esto lo aprendí cuando tenía, quizás, unos quince años porque, como buena fanática de la animé japonés, debía estar enterada de los géneros que ofrece; uno de ellos es el hentai... y no es más que la traducción de la palabra pervertido o perversión. En otras palabras, hentai está indudablemente asociada con la pornografía y el sexo. Entonces, ya se puede tener una idea del tema de esta rolita.

Y es que, en realidad, desde descubrir el significado del nombre, no habría mucho qué curiosear porque la lírica está muy explícita... ¿o no? Pero con aquello que me encanta desmenuzar y conectar, pues, avanti.

La primera oración explícita que hace referencia al título, dice: de cuero na, pero estoy encuera, donde claramente dice la mujer que está bichi y lo expresa con un par de apócopes, el cual es un recurso literario que implica cortar partes finales de una palabra (una o más sílabas); así podemos decir que hay otros apócopes muy conocidos como pa (para) y to (todo) o como los que menciona la Rosalía en los primeros tres versos de la misma canción: pa (que, en esa línea se refiere a papá... o papi, si se quisiera sonar cachonda) y na (que alude a nada), mismos que utilizamos en nuestro discurso cotidiano, por lo que podemos decir que dicho recurso literario trasciende los límites de lo escrito y pasa a ser un fenómeno lingüístico llamado elisión. He de advertir que la Rosalía utiliza mucho este recurso: se le puede oír en la mayoría, si no es que en todas sus canciones, así que no sea sorpresa que sigamos hallándolo.

Luego viene el estribillo (o el coro, como también le llaman) o preestribillo, tal vez, que es mi parte favorita del desmenuce: te quiero ride como mi bike, hazme un tape modo Spike...

Y lo primero que se puede ver es la introducción y uso de palabras en inglés. Ride /raɪd/ = paseo (o raite, un anglicismo adaptado a nuestro idioma), bike /baɪk/ = bici(cleta) y tape /teɪp/ = cinta. Y acá se vuelve un poco más complejo porque el mensaje de estos versos necesita contextualización para entenderlo y para ello, habré de recurrir al título una vez más: Hentai. Al recordarlo, creo que a cualquiera le aterriza el giro sexual de esta lírica, entonces, ride, en este verso, más que paseo en sí, podría entenderse como montarse, dado a la siguiente oración que dice como mi bike, es decir, montarlo como monta una bicicleta, y ¿cómo se monta una bicicleta? Eso ya es avaricia del lector querer leerlo. Luego, lo de la tape, en este caso no es una masking tape o una Scotch, sino que se refiere a una cinta de película y eso se entiende porque luego dice modo Spike /spaɪk/ y aquí sí tengo que admitir que en alguna entrevista dijo que se refiere a Spike Jonze, un director de cine que ha dirigido películas como Her, Where the wild things are y Being John Malkovich, entre sus producciones más conocidas, sin contar las de Jackass. Ella dijo que durante la pandemia vio muchas películas de tal director y le parecieron muy cute, por lo que decidió hacer una referencia a él. Y si yo no hubiera visto esa entrevista, quizás le hubiera dado otro significado al análisis de esta parte de la canción. Así que podría decir que quiere que la grabe montándolo... ¿Será?

Segundo es chingarte, lo primero e Dios es el siguiente verso, pero creo que no tiene mucho qué explicar. “Primero Dios”: ¿una expresión más religiosa que cultural o más cultural que religiosa?  Y, bueno, después de estar agradecida con el de arriba, viene lo bueno, lo cual confirma cuando, después, repite so good bastantes veces.

Pero, luego, repite dos veces: enamorá' de tu pistola roja amapola. Crash, esa ola, casi me controla... Entiendo que ponga una metáfora aquí llamándole “pistola” (ah, por si no te acuerdas, la metáfora también es un recurso literario), sin embargo, lo que no termino de entender es por qué le llama “roja amapola”; podría escarbar un poco y decir que porque las semillas de amapola están asociadas con la fertilidad masculina y la testosterona, pero, en realidad, esa idea me parece demasiado rebuscada, creo que hasta forzada, por eso prefiero creer que es “relleno”, si así le puedo llamar.

Crash, esa ola, casi me controla; crash es un verbo en inglés que significa colisionar y también funge como onomatopeya y alude a un choque o un golpe, lo que es, al mismo tiempo, un ruido que refiere una colisión; así que habla de una ola que choca contra ella y que casi la controla... Hentai: choca contra ella, algo casi la controla, ¡choca contra ella! Como cajón que no cierra, no se puede explicar mejor.

Repite el preestribillo antes mencionado, pero acá cambia un poco, ya que la letra dice: caro como que tiene un diamante en la punta, siempre me pone por delante de esa puta. Con todo lo que ya he pensado sobre esta canción, no puedo dejar de asociar que ese diamante, en realidad, se trata de un piercing, sí, un piercing en la mera punta; ¿le habrá dolido? Quién sabe, pero está claro que lo hace ver caro, según la letra. Luego, al decir “puta”, no se refiere a la prostituta, sino que hace uso del apócope otra vez y está recortando la palabra “punta”, quizás así tiene más sentido: la pone ahí delante de ese diamante... hincadita, quizás. Pero acá viene una parte interesante y es que cuando vuelve a cantar so good repetidamente, al tiempo, se escucha en el fondo una descarga de una ametralladora (o algo así) y me pareció interesante encontrar que, por un lado, le llama “pistola” al miembro de su amante y, por otro, se oye una descarga, disparos, pues, a la vez que dice so good y eso a mí me da a pensar una sola cosa...

El cierre de la canción no tiene mucho qué indagar, lo dice explícitamente: bebé, te quiero comer... ya te quiero hacer hentai y tal. Sólo puedo cerrar esta primera parte de este texto (que no puedo creer que hablar de una rola tan simple como lo es Hentai me haya tomado casi dos cuartillas y media) diciendo que esta hermosa pieza suena bastante agradable al oído pop juvenil fan de la Rosalía.

Pero ahora vamos a la otra parte, a la cultura (para sentirnos intelectuales porque la Rosalía no alcanza pa eso). Como lo dije antes, acá abordaré a Julio Cortázar, un escritor argentino (aunque nació en Bruselas y, luego, se naturalizó francés) que fue una figura importante del boom latinoamericano. Entre sus textos más importantes, obvio, se encuentra Rayuela (novela que revolucionó la literatura y en la que se halla el texto que aquí voy a compartirles), Bestiarios y Final del juego, ambos, antologías de cuentos y relatos fantásticos, las tres piezas escritas en las décadas de los cincuentas y sesentas.

Pues para quien no ha leído Rayuela aquí les comparto un pequeño dato (el más conocido, por cierto): es una novela con una estructura que pudiera parecer desordenada, pero, en realidad, tiene una estética literaria que radica, además de su escritura per se, en la propia estructura, en el desorden, en la interacción con el lector que este desorden crea; claro que es posible leerlo de forma “normal”: de inicio a fin e ir pasando las páginas hasta terminarlo, sin importar qué número de capítulo es el siguiente, porque el orden lo lleva el lector con paso firme. Sin embargo, la otra forma, la que activa al lector, la que lo pone a chambear, es la que se indica en el tablero de dirección, al inicio del libro: ahí está un índice sobre qué orden deben seguirse los capítulos para ir hilando la historia. De esta manera, se crean dos versiones de la novela, dependiendo de qué forma de lectura el lector escoja.

Pero, además, de las innovaciones ya mencionadas, Rayuela contiene algo más: un lenguaje creado por el propio autor, el cual voy a compartirte aquí, adjuntando el texto completo que quise rescatar para la elaboración de éste, mi texto.

 

Capitulo 68
Rayuela
Julio Cortázar

 

Apenas él le amalaba el noema, a ella se le agolpaba el clémiso y caían en hidromurias, en salvajes ambonios, en sustalos exasperantes. Cada vez que él procuraba relamar las incopelusas, se enredaba en un grimado quejumbroso y tenía que envulsionarse de cara al nóvalo, sintiendo cómo poco a poco las arnillas se espejunaban, se iban apeltronando, reduplimiendo, hasta quedar tendido como el trimalciato de ergomanina al que se le han dejado caer unas fílulas de cariaconcia. Y sin embargo era apenas el principio, porque en un momento dado ella se tordulaba los hurgalios, consintiendo en que él aproximara suavemente sus orfelunios. Apenas se entreplumaban, algo como un ulucordio los encrestoriaba, los extrayuxtaba y paramovía, de pronto era el clinón, la esterfurosa convulcante de las mátricas, la jadehollante embocapluvia del orgumio, los esproemios del merpasmo en una sobrehumítica agopausa. ¡Evohé! ¡Evohé! Volposados en la cresta del murelio, se sentían balpamar, perlinos y márulos. Temblaba el troc, se vencían las marioplumas, y todo se resolviraba en un profundo pínice, en niolamas de argutendidas gasas, en carinias casi crueles que los ordopenaban hasta el límite de las gunfias.


FIN


Además de querer crear una ilusión óptica en el texto y lograr que “la parte” de Cortázar quedara igual de larga que la de la Rosalía (porque qué vergüenza que me hallen los lectores sabiendo más de la Rosalía que de Cortázar), quise adjuntar el texto completo porque es una verdadera obra de arte literaria.

 Primero, me parece increíble que un autor haya creado un lenguaje tal como lo es éste con el que acá escribe; se llama lenguaje glíglico. Pero dime tú: ¿qué entiendes de este Capítulo 68? Me fascina que lleva al lector a un estado extraño porque, por un lado, no se entiende nada porque, en realidad, son palabras que no existen, pero, al mismo tiempo, se entiende todo y no se sabe exactamente por qué; y con “todo” no me refiero en sí a los términos, sino a algo más sensible, a esa parte subjetiva del mensaje que, en realidad, nadie entendemos, pero que podemos conectar con el texto y coincidir con otros lectores en cuanto a esa sensación.

 Leer el glíglico de Cortázar es una experiencia y no solo por el placer de leer en sí, sino que, también, hay un gozo fonológico. Pero, ¿cómo se disfruta algo desde la fonología? Es que simplemente regresa y lee un poco otra vez, lo que sea y saborea cada palabra, pronúncialas en tu mente, pronúncialas en voz alta y posiciona la lengua donde las sílabas te dictan que va... Todo está deliciosamente escrito para que se escuche rico y, si se quisiera saborear, habría de leerse puramente en voz alta. La armonía que se escucha, más que se entienda, me hace desear que, el glíglico, sea un lenguaje del que más autores deberían hacer uso. Hasta el nombre, glíglico, suena hermoso, es suave y tiene, en su léxico innumerable, bastantes sílabas que son de ese tipo, por lo que, releer el Capítulo 68, se vuelve una referencia literaria fonológicamente armoniosa. Si la leemos de nuevo, sin embargo, nos daremos cuenta de que, de pronto y por partes, se escucha fuerte, como donde dice extrayuxtaba; los sonidos se proyectan más firmes y menos empalagosos; ahí es donde manifiesta la versatilidad de sabores y emociones que comparte con el español.

 Pienso que para tener las agallas de inventar semejante lenguaje, el autor debe tener conocimientos sobre fonología, ya que entiende perfectamente el efecto de los sonidos de cada sílaba empleada. Entiende el mensaje del sonido, es decir, a qué sabe. Porque este glíglico es un lenguaje, sí, basado en fonéticamente en el español (obviamente, porque la lengua materna del autor es el español), pero con carencia de significado, pero de uno convencional, ya que contiene un gran significado sensorial que, en otras palabras, aunque no comunica un mensaje como tal, comunica una experiencia o una emoción, o las dos y, en litertatura, vista como una expresión del arte, eso es lo más importante y significativo.

 ¿En qué habría estado pensando Cortázar al escribir algo así? Es que me imagino a alguien queriendo decir algo, pero el léxico existente no le alcanzaba para decirlo, así que necesitó otro recurso para proyectar eso que quería decir (ojo: proyectarlo, no decirlo); también me imagino la frustración que habría sentido por no hallarse con las palabras, misma que solamente se disipó con los sonidos y su lengua cuando los pronunció. O quizás simplemente fue ocurrencia, mientras se bañaba. Es bonito romantizar algunas cosas de vez en cuando, así que no importa el cómo de su creación.

 Y, bueno, después de tanta palabrería y análisis (o intento de), la cuestión del lector ideal aparece al decir que ambos autores (o artistas, escritores o, ya de perdis, creadores) tienen sus propios temas y estilos a partir de los que crean y ambos se fundan, principalmente, en el contexto social, cultural, temporal y político de cada.

 Así que el lector ideal de uno, quizás no puede ser el del otro (que, en realidad, conocer de uno no repele al otro) y eso lleva a no comprender de fondo lo que dice uno y lo que dice otro y eso no significa que uno sea mejor que el otro porque la explicación de sus contenidos está en el fondo y no tanto la forma (aunque la forma expone el registro lingüístico y creativo de cada autor, pero eso también tiene que ver con el acceso al capital cultural que tiene cada uno).

 Esta dualidad de la literatura que nos convierte en lectores ideales para uno y/o para otros, pero no para todos, no da cabida al ejercicio de la discriminación y el clasismo que, muchas veces, se hace presente por la errónea creencia de que la cultura tiene y da un estatus a unos y a otros, dependiendo cuál sea y de dónde viene esa cultura que se practica; nada la define... al menos que seas el/la lector/a ideal de Borges... aunque, para él, cualquiera podría ser un lector ideal de cualquier escritor.

 

 

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