"Estar enamorado es algo íntimo, que no soporta la luz de afuera”
PORQUE LOS ESCRITORES TAMBIÉN SE ENAMORAN
Marité Ibarra
¡Por
supuesto! ¡Claro que los escritores también se enamoran! ¡Eso es obvio! ¡Cómo
no enamorarse si ellos viven el amor intensamente!
La
mayoría de los escritores son apasionados, por no decir que todos, (siempre hay
que dejar un margen para la duda) … Los escritores tienen otra versión del
amor, una más compleja, más liberal, con más fuerza, escrita en prosa y verso,
al derecho y al revés, una versión rebuscada, entresacada de lo más recóndito
del corazón. Son soñadores natos y sus pensamientos al respecto, escritos en
puño y letra, se vuelven poesía pura.
Eso
precisamente pasó con unas viejas cartas, carta de amor entre dos personas no
libres para amarse como hubieran querido, se trata de las viejas cartas de
Elena Garro para su gran amor Adolfo Bioy Cásares, ambos enredados en aguas
turbulentas, aun así, se amaron y vivieron un amor intenso a lo largo de los
años. La nostalgia, la distancia, la melancolía, el no poder compartir momentos
triviales y estar atados a otras personas, son elementos básicos para la
inspiración constante. Idealizar un amor, tenerlo presente en mente y corazón
como un acto irrealizable, difícil, es algo complicado de sobrellevar, por eso,
he aquí una probadita de fragmentos de esas correspondencias que sostuvieron a
lo largo del tiempo estos dos amantes. Cartas llenas de sentimientos contenido,
abrazados al corazón, dos corazones que no se pudieron amar como hubieran
deseado:
Elena adorada:
“Ayer, porque habíamos
hablado, porque me había llegado tu voz tan querida, quedé enriquecido, como
habitado de una animación y de una luz de felicidad; no sé hasta dónde podré
prolongar ese eco en los desiertos que me esperan. Sé que vivir sin ti es la
soledad, que las otras personas son la soledad. No tengo otro propósito que
cumplir todo lo que he prometido; otra esperanza, que volveré muy pronto. En tu
descreimiento te sorprenderé: buena o mala sorpresa, mi llegada ha de ocurrir
bastante pronto. Hasta ese momento esperado, el problema mío será aguantarme;
sobrellevar esta angustia de no estar contigo, de estar con otras personas…”
“…nada ocurrió como lo
previmos; la vida del barco no me distrajo, cada día estuve más enamorado y
cuando llegué a Buenos Aires ya comprendí todo el horror.
Tan querida: esto es un
understatement: quiero más a tu voz que todas las personas del mundo, en que me
habría metido: y estoy del otro lado del viaje, en un mundo sin más Helena que
la que llevo adentro, que siento, que amo y que no veo”.
Mi amor:
“Estoy en un tren rumbo a
Marsella. El día apenas tiene brotes de luz, casi no veo mis trazos, pero he
esperado para poder escribirte en el silencio de esta hora…”
“El cielo está clareando y
ya se divisan los campos amarillos de colza. Escucho a la gente moverse en sus
asientos, desperezarse, hablar con murmullos pues todavía es temprano, algunos
viajeros pasan intermitentemente por el pasillo y se giran a verme; es una
tontería, pero me siento expuesta ante ellos, ante cualquier que pudiera posar
brevemente su mirada en estas hojas que son para ti. Con la claridad de la
mañana algo de pronto se fractura, ya lo dijiste tú: Estar enamorado es algo
íntimo, que no soporta la luz de afuera, entonces me doy cuenta de qué es lo
que realmente nos separa, no la distancia, no tu vida privada y la mía, no la
indecisión, sino lo cotidiano que no compartimos, las pequeñas cosas que no
miramos juntos, los gestos diarios que secretamente nos cambian para llegar a
ser aquello que seremos. No es un reproche, es tarde para eso. Es sólo que
quiero conservar a esta Helena que te ha amado por breves e intensos momentos y
siento que comienza a despedirse de mí. ¿Será que a ti también te sucede? Temo
saber que sólo hemos podido amarnos con torpeza…”
Elena
Garro estaba casada con Octavio Paz, contrajo nupcias con él en Mayo de 1937,
antes de cumplir los 21 años, desde ese momento el reconocido escritor ya no la
dejó regresar a la universidad, ella se sintió frustrada y dentro de un
matrimonio inconsistente e inestable. Pero conoció a Adolfo Bioy en París en
1949 dentro de una atmósfera cultural, donde inmediatamente surgió una
atracción irresistible, dando lugar así a un amor clandestino que se
prolongaría durante 20 años, hasta 1969. Durante ese periodo se escribieron 91
cartas, 13 telegramas y tres tarjetas postales, a lo largo de ese tiempo, el
matrimonio de ambos estaba muy desgastado, sobre todo el de Elena, ya que
estaba sumergida en un matrimonio conflictivo, marcado por los celos, violencia
incluso, infidelidades mutuas, incompatibilidades, hasta que llegó la
separación definitiva y el divorcio por fin.
Ambos
se liberaron de un círculo dañino y de relaciones tóxicas, aunque sus vidas
quedaron eclipsadas por esta asociación marital de sus días juveniles. Se
quedaron los resentimientos, la hostilidad presente, las sombras de su pasado
tormentoso. Ese tipo de relaciones las llevas cargando hasta el último día de
tu existencia, como una gran mancha o un insuperable peso imposible de quitar.
Ahora
bien, quizá alguien piense que Elena por fin estuvo al lado de su amado Adolfo
Bioy, pero ¡¡no, no ocurrió eso!! porque esa relación también se quebró, y esto
en parte a unos “gatos”.
La
polémica escritora le mandó unos gatos de angora a Bioy hasta Argentina para
que él los cuidara personalmente, pero Adolfo mejor los llevó a una finca para
que fueran libres, pero ella al enterarse de eso, se sintió abandonada como
aquellos gatos, traicionada hasta cierto punto, y su gran amor por él
simplemente “se le secó”.
Porque
los escritores también se enamoran, pero también se decepcionan, y así mueren
aquellos grandes amores, esos sentimientos intensos que una vez se
experimentaron en carne viva, aquellos que en su momento atravesaron
distancias, navegaron sobre fuertes tempestades, vencieron obstáculos, para que
después, finalmente mueran como la yerba en un hostil verano.
Así
fue el tórrido romance de Elena Garro y de Adolfo Bioy, tanto amor contenido en
decenas de cartas para que al final, ese gran idilio terminara así de fácil…

Comentarios
Esas evocaciones tan peculiares y esas referencias tan bien pensadas.
No me resta más que agradecerle su tiempo atención para su servidora.
Le mando un fuerte abrazo virtual hasta los Mochis.
Seguimos leyendonos compañero.